La izquierda se le revuelve a Sánchez

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel RufiánEDUARDO PARRA / EUROPA PRESS

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La Puerta del Sol siempre es un escalofrío para Pedro Sánchez. Quienes se concentran allí ahora, también. Lleva años presentando cada elección como una obligación de cerrar filas alrededor de él. Siempre recurre al miedo a que llegue la derecha. Pero la vivienda trae consigo una pregunta que a los socialistas les incomoda: ¿y para qué ha servido que gobierne la izquierda?

Cuando Sánchez llegó al Gobierno, la vivienda ocupaba el puesto 16 entre las preocupaciones de los españoles, según el CIS. Hoy es el problema número uno. Hay motivos de sobra para protestar. Jóvenes que no pueden emanciparse, familias pendientes de la próxima subida del alquiler y mayores que temen perder su casa. Por mucho que Sánchez mire a Ayuso o a Feijóo, esos problemas no desaparecen.

Tampoco desaparecen llamando a movilizarse contra quienes han rechazado dos decretos. Sánchez lleva más de ocho años en La Moncloa. Tiene una responsabilidad considerable y una ristra de asuntos por explicar.

Quizá ahí esté su inquietud. Y seguramente su reflexión de este fin de semana. Ve que una parte de la izquierda le pide cuentas en lugar de aceptar pulpo como animal de compañía con tal de que no venga la derecha. Se le está terminando el pegamento con el que unía votos y apoyos. Hasta ahora había conseguido convencer a ese batiburrillo Frankenstein de que quien se apartaba de él debilitaba el bloque y ponía una alfombra roja hasta La Moncloa al PP y a Vox. El mecanismo ha sido inmejorable para Sánchez.

Pero en Sol hay un malestar que no tiene por qué obedecer a las consignas monclovitas. Sánchez intenta aprovecharlo y dirigirlo contra sus adversarios. Le gustaría ponerse al frente. El problema es que quienes protestan miran hacia el Consejo de Ministros y reconocen allí a quienes llevan años prometiendo soluciones. Durante sus años de Gobierno se han ejecutado en España más de 272.000 desahucios.

Yolanda Díaz va camino de la Organización Internacional del Trabajo, con suelda o y puesto por años. Sumar bracea para diferenciarse, aunque se sabe zombi. Las organizaciones que movilizan la calle tienen sus propias exigencias. Y el presidente necesita desesperadamente seguir siendo el punto de encuentro de la izquierda. De lo contrario, al PSOE podría ocurrirle en toda España lo que ya le ha pasado en Madrid, Galicia o el País Vasco, donde otra fuerza de izquierdas le ha superado.

Sería aventurado anunciar otro vuelco político nacido en Sol. Pero Sánchez conoce el riesgo de que alguien dispute al socialismo la representación del descontento. Ya lo ha vivido.

Puede que tema perder unas elecciones frente a la derecha. Sin duda. Pero acaso tema aún más que, cuando vuelva a pedir a toda la izquierda que se agrupe detrás de él, le contesten que esta vez se aparte.