Fernando Gutiérrez Díaz de Otazu

Senador del PP por Melilla

¡Bienvenidos, majestades!

El Rey Felipe VI durante el acto de homenaje a la bandera este 12OEuropa Press

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Estos días 13 y 14 de octubre, martes y miércoles, Sus Majestades los Reyes de España visitarán las Ciudades Autónomas de Ceuta y Melilla. Será su primera visita a ambas ciudades desde la proclamación del Rey Felipe VI como Rey de España el 19 de junio de 2014.

Mucho han deseado y desean ceutíes y melillenses recibir esta visita de los reyes, de sus reyes. La distancia a la península y las recurrentes manifestaciones de algunos dirigentes políticos del país vecino, el Reino de Marruecos, poniendo en duda la soberanía de España sobre ambas ciudades, que, generan una amplia indignación entre la población de éstas, hacen necesario que, de cuando en cuando, el Estado se pronuncie de una manera efectiva en apoyo y respaldo a las mismas. No cabe duda de que la visita oficial del Jefe del Estado representa un respaldo importantísimo y un gesto que ceutíes y melillenses sabrán agradecer como ya en 2007 hicieran durante la visita de Sus Majestades los Reyes D. Juan Carlos I y Doña Sofía.

Las grandes concentraciones ciudadanas registradas en toda la geografía española el pasado 2 de septiembre, Día de Ceuta, supusieron una importante dosis de ánimo que reconfortó a los ceutíes y les hizo experimentar un sentimiento de solidaridad procedente del resto de España del que también los melillenses se sintieron destinatarios, aunque, obviamente, en esta ocasión y dadas las terribles circunstancias que se viven en Ceuta, se entiende, sin dificultad, que son los ceutíes los destinatarios principales de estas muestras de cariño, pero también con toda facilidad se comprende que el cariño expresado por los españoles en aquella ocasión es ampliable a la hermana ciudad de Melilla.

Ceutíes y melillenses dan vida a un modelo de convivencia entre personas procedentes de diferentes culturas, con diferentes tradiciones y diversas expresiones religiosas que conforman un ejemplo del que sentirse orgullosos y una realidad que celosamente han de guardar y proteger. Para ello necesitan sentir la comprensión, el respaldo, el calor y la protección (también la protección, sí, por qué no) del resto de España y de las autoridades del Estado.

Ceutíes y melillenses son, igualmente, plenamente conscientes del impacto que sobre la vida en sus ciudades tiene su condición de ciudades africanas, fronterizas con el Reino de Marruecos, objeto de declaraciones periódicas por parte de determinados actores políticos marroquíes sobre su condición de ciudades españolas y las actuaciones en ocasiones poco amistosas de esos actores políticos marroquíes sobre los intereses de la ciudad y sobre su capacidad de sostenibilidad comercial, económica, política y social.

Como ciudadanos de una ciudad fronteriza perciben con absoluta claridad la necesidad de la existencia de unas relaciones transfronterizas estrechas y cordiales pero basadas en el respeto y la lealtad mutuos. No se concibe que las actuaciones de Marruecos produzcan un perjuicio intencionado y visible sobre la sostenibilidad de ambas ciudades y que la reacción del Gobierno de España en favor de éstas no sea igualmente visible, clara y firme.

En los últimos ocho años Marruecos ha llevado a cabo actuaciones ostensiblemente inamistosas sobre ambas ciudades, normalmente en su lado de la frontera y en el ejercicio de su soberanía, pero que han constituido inconvenientes graves en el normal desarrollo de la vida en ellas. La culminación de esta sucesión de actuaciones se produjo los pasados días 30 y 31 de julio, cuando se produjo la entrada masiva de decenas de miles de inmigrantes irregulares, la mayor parte de ellos marroquíes, a través de la frontera entre España y Marruecos en la ciudad de Ceuta, alterando gravemente la paz social de esa ciudad y la vida de sus ciudadanos en un dilatado período de tiempo, que ya alcanza los 75 días, sin que se perciban avances notables en la vuelta a la normalidad en la ciudad.

Estos hechos que, como digo, culminaron la sucesión de actuaciones inamistosas por parte de Marruecos en los últimos ocho años, fueron precedidos por cierres unilaterales de la aduana comercial entre ambos países, cierres unilaterales de los pasos fronterizos, anulación del régimen de viajeros por parte de Marruecos a los ciudadanos que cruzaban la frontera entre ambos países procedentes de España en dirección a Marruecos, asalto masivo a la ciudad de Ceuta facilitado por las autoridades marroquíes en mayo del veintiuno y un largo etcétera de actuaciones y declaraciones poco amigables protagonizadas por autoridades marroquíes.

Los ciudadanos españoles de Ceuta y Melilla son muy conscientes de la reivindicación recurrente de la soberanía de Marruecos sobre ambas ciudades y la perciben con indignación, aunque también con indiferencia ante la falta de justificación histórica y política de dicha reivindicación ya que ambas ciudades forman parte del Reino de España de manera ininterrumpida desde hace más de cuatro siglos la primera y desde hace más de cinco siglos la segunda, sin que en momento alguno de la historia hayan formado parte del Reino de Marruecos que aún no ha cumplido un siglo de historia como entidad política soberana reconocida en el ámbito internacional.

Lo que les cuesta un poco más de trabajo digerir y asumir a los ciudadanos españoles de Ceuta y Melilla es la falta de contundencia y de reacción del Gobierno de España a muchas de estas actuaciones inamistosas por parte de Marruecos, no sólo frente a sus autoridades sino incluso mediante la adopción de medidas significativamente favorables a la vida en ambas ciudades para contrarrestar el impacto negativo de las actuaciones del país vecino en ellas.

Es por ello por lo que la acumulación de manifestaciones en toda España el pasado 2 de septiembre en apoyo explícito a Ceuta e implícito a Melilla junto a la promesa al Presidente Vivas por parte de Felipe VI de visitar ambas ciudades en el plazo más breve posible fueron recibidas con gran alegría por ceutíes y melillenses.

La materialización de esa visita con la inminente presencia de Sus Majestades los Reyes de España en ambas ciudades es percibida con inmensa alegría por todos sus ciudadanos. ¡Bienvenidos majestades!