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Sánchez atrapado por otra mentira sobre Ceuta: Marruecos invadió nuestras aguas

El presidente del Gobierno, Pedro SánchezDiego Radames

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El 12 de octubre, en los corrillos del Palacio Real y en vísperas de la visita de los Reyes a Ceuta y Melilla, Pedro Sánchez se vio obligado a confirmar lo que su Gobierno había ocultado durante 74 días: buques de guerra de la Marina Real marroquí —al menos una fragata y varias patrulleras— penetraron sin autorización en aguas de soberanía española frente a Ceuta los días 30 y 31 de julio, coincidiendo con la entrada masiva de decenas de miles de personas por el espigón del Tarajal.

No fue un tránsito accidental. Fuentes militares citadas por El País y otros medios lo calificaron de vulneración intencionada y repetida del mar territorial, que se prolongó en los primeros días de agosto y elevó la tensión hasta el punto de rozar la colisión entre patrulleros de ambos países. La Armada respondió desplegando el BAM Rayo y las fragatas Santa María y Navarra. Solo la presencia disuasoria española y las gestiones de alto nivel del Ministerio de Defensa detuvieron las incursiones.

Sánchez había proclamado el 3 de septiembre en el Congreso que el Gobierno “no tiene nada que ocultar” y que había ordenado publicar un dosier con “todos los informes, todos”. Ese dossier de 40 documentos omitió por completo el episodio naval, pese a que mandos de CIFAS, EMAD y otros servicios sostienen que un incidente así deja constancia obligatoria. El presidente defendió además que no había pruebas de implicación marroquí en la crisis migratoria. La revelación de octubre desmiente esa narrativa de transparencia absoluta y de vecino cooperante.

Ocultar durante más de dos meses la entrada de buques de guerra en aguas españolas mientras se producía el asalto terrestre no es un “hecho puntual” entre vecinos, como lo minimizó Sánchez el 12O. Es una dejación de la defensa de la soberanía y una mentira por omisión al Parlamento y a los españoles. Ceuta y Melilla no son peones negociables. La verdad, por tardía y forzada que sea, debe servir para exigir responsabilidades y para que España deje de disimular las agresiones de quien no reconoce su territorio. La visita de los Reyes llega en el peor momento para quien ha preferido el silencio al deber de informar