Los buques de guerra marroquís que Sánchez ocultó

Agentes de la Guardia Civil en la playa del Tarajaleuropa press

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El periódico El País ha publicado este pasado lunes, día de la Fiesta Nacional, una noticia de enorme gravedad: buques de guerra marroquíes entraron en aguas españolas de Ceuta coincidiendo con la llegada masiva de inmigrantes de finales de julio. De hecho, la Armada española tuvo que intervenir para frenar las incursiones. La información obliga a pedir explicaciones sobre lo sucedido. Y sobre lo que se calló. Porque el presidente, hasta ahora, lo ha ocultado.

Tarde, demasiado tarde, Pedro Sánchez no ha tenido más remedio que reconocer el episodio. Lo ha hecho en una conversación informal con periodistas, durante la recepción de la Fiesta Nacional. Llama la atención que no lo contase en su comparecencia ante el Congreso de los Diputados sobre Ceuta. Ahora habla de “hechos puntuales entre vecinos” y asegura que se resolvieron mediante contactos al máximo nivel. Bien. Resolver una crisis forma parte de las obligaciones de un Gobierno. Explicarla también. Y no lo hizo

Pese a que Sánchez prometió publicar los informes sobre lo ocurrido. Y, luego, el Gobierno anunció la desclasificación de cuarenta documentos reivindicando que no tenía “nada que esconder”. Esa afirmación hoy ha quedado sepultada. ¿Cómo se puede presumir de transparencia mientras los españoles desconocen un episodio militar de esta importancia?

Hay información sensible que debe protegerse. Claro. Nadie pide revelar posiciones operativas ni poner en riesgo a nuestros militares. Para eso existen procedimientos y cauces parlamentarios reservados. Pero la prudencia no puede convertirse en una coartada para ofrecer a los ciudadanos una versión incompleta de lo que sufrió Ceuta.

El presidente está obligado a explicar cuándo conoció las incursiones, qué instrucciones dio y por qué no las quiso mencionar ante los diputados ni después. También qué documentación existe sobre ellas y cómo piensa rendir cuentas. Son preguntas elementales en democracia. Interesan a todos, voten lo que voten.

Y hay algo más. La buena relación con Marruecos, que Sánchez reivindica con tanta insistencia, exige respeto a nuestra soberanía. Los acuerdos entre vecinos no dispensan de responder cuando uno cruza una línea que no debe cruzar.

Con elecciones convocadas, los españoles tienen derecho a conocer todo lo ocurrido antes de acudir a las urnas. No a enterarse por entregas, según vayan apareciendo noticias periodísticas que obliguen al presidente a reconocer otro pedazo de la historia.

Ceuta necesita protección. Lo merece. Los españoles, la verdad. Toda. También la que Sánchez se calla por razones cada vez más sospechosas.

A.M. BEAUMONT