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Los Reyes dan la puntilla a Sánchez en Ceuta: las imágenes que el presidente quería evitar

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Hagamos un triple ejercicio —muy simple— de imaginación. Situemos a Pedro Sánchez en el paseo triunfal de los Reyes por las calles de Ceuta y pensemos en cómo hubiera cambiado la película. No hace falta tener dotes de adivino. Tendríamos garantizada la segunda parte de Paiporta, no por la violencia, sino por el contraste entre lo que piensa la gente de su Rey y lo que opina sobre su presidente del Gobierno.

Miles y miles de ceutíes han llenado la Gran Vía y la plaza de África con banderas de España, gritos de “¡Yo soy español!”, “Ceuta no se vende, Ceuta se defiende”, “¡Viva España!” y “¡Felipe, Felipe!”. Felipe VI y Letizia han recorrido a pie un tramo corto en media hora, estrechando manos, firmando y deteniéndose. El saludo desde el balcón del Ayuntamiento ha desatado una ovación ensordecedora, pero al aparecer Ángel Víctor Torres, el ministro que el Gobierno envió en lugar del presidente, todo ha cambiado: los aplausos han tornado en abucheos. Esas son las imágenes que Sánchez quería evitar a toda costa. En su caso la ira se habría multiplicado de manera exponencial.

En Paiporta, en noviembre de 2024, la comitiva de los Reyes, Sánchez y Mazón fue recibida con barro, palos e insultos (“asesinos”, “Pedro Sánchez, hijo de puta”). El presidente fue evacuado en cuanto arreciaron los lanzamientos y se marchó; los Reyes se quedaron, escucharon y dieron la cara. De ahí nació el apodo del “galgo de Paiporta”. Hoy, casi dos años después y tras la crisis migratoria de julio en Ceuta —decenas de miles de entradas y más de un centenar de muertos—, Sánchez ni siquiera se ha presentado. Prefiere el “avestruz”: quedarse en Madrid mientras los Reyes recorren las calles y reciben el calor de una España que afirma su españolidad a ambos lados del Estrecho.

El contraste es brutal y deliberado. Donde el Rey es aclamado como símbolo de unidad y de España en Ceuta, el presidente del Gobierno es el ausente que teme el veredicto popular. Las banderas, los cánticos y el baño de masas no son solo un recibimiento histórico (el primero de Felipe VI y el primero desde 2007); son la fotografía que entierra la narrativa oficial. Sánchez no ha acompañado a los Reyes porque sabía lo que iba a pasar: el pueblo de Ceuta iba a mostrar, con el máximo entusiasmo, a quién reconoce como su Rey y a quién no quiere ni ver.