Sánchez juega a examinar a Feijóo

El presidente del Gobierno, Pedro SánchezEDUARDO PARRA / EUROPA PRESS

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Veo sin ninguna sorpresa la campaña de Pedro Sánchez. Estaba claro que iba a salir a machacar a Feijóo. Lleva haciéndolo todos estos años. Se mueve con mayor facilidad como oposición a la oposición que como presidente del Gobierno.

Lo significativo es cuánto necesita convertir al líder del PP en un peligro para los españoles. De hecho, es su burladero para no tener que defender las lagunas en su gestión de estos años. Busca tener en la campaña una tarea bastante más cómoda: explicar lo mal que viviríamos si gobernase otro.

Ahí está su maniobra. Otra artimaña. En unas elecciones, quien lleva años en La Moncloa debería responder por lo que ha hecho. El aspirante, por lo que propone. Sánchez busca invertir ese orden. Que Feijóo rinda cuentas de un Gobierno que todavía no ha formado mientras él se dedica a interrogarlo.

Vivienda. Pensiones. Cualquier preocupación sirve para colocar al candidato popular ante una acusación que deba desmentir. Y cada día que Feijóo pasa explicando lo que no hará es un día que pierde para contar lo que va a hacer. Sánchez, entretanto, se ahorra unas cuantas respuestas sobre los temas que arrastra en su pesada mochila gubernamental.

Hay también un cálculo electoral. Necesita imperiosamente recoger el voto que queda a la izquierda del PSOE. Para conseguirlo, ofrece a esos electores una razón que no les exige reconciliarse con él: impedir que lleguen Feijóo y Abascal. Voto útil. Pueden estar decepcionados, enfadados, incluso hartos. Les pide que cojan su papeleta de todos modos. Con la nariz tapada, si hace falta.

Por eso su campaña transmite, a mi juicio, más temor a la victoria ajena que confianza en la propia. Ya no necesita entusiasmar a quienes han dejado de creerle. Confía en asustarlos lo suficiente.

Feijóo debería tener presente esa trampa. Tendrá que responder a los ataques, claro. Pero no puede aceptar que toda la campaña gire alrededor de sus desmentidos. Porque Sánchez conseguiría entonces algo importante: que los españoles lleguen a las urnas discutiendo sobre el Gobierno que podría venir y no sobre el que han tenido.

El que se examina ahora es Sánchez. Aunque se empeñe en convencer a todos de que debe estar sentado entre los examinadores.

A. M. BEAUMONT