Sánchez nos mete en su alcoba de La Moncloa

Pedro Sánchez y Begoña Gómez, en FuenlabradaJESUS HELLIN / STUDIOMEDIA19

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Pedro Sánchez ha decidido colocar a Begoña Gómez en campaña. Este sábado, en Fuenlabrada, su esposa fue protagonista: “Que lo escuchen alto y claro: te quiero”. Según el líder socialista, quienes habían intentado quebrarlos habían conseguido unirlos más. El matrimonio convertido en argumento electoral. El beso de ambos delante de los socialistas congregados.

No sabe Sánchez cuánto me alegro por el cariño que muestra a su mujer. Si bien me llama la atención la facilidad del presidente para convertir sus cuitas personales en causas para que las abracen todos los españoles. Ahora, votar PSOE es la manera de demostrarle que estamos con él y con su esposa. Dejamos de ser ciudadanos si el presidente nos convierte en meros espectadores. Pasen y vean nuestra vida privada convertida en activo electoral.

La maniobra, a mi juicio, está bien clara. Busca que el votante vea a una pareja acosada y sienta la obligación de protegerla. La emoción tiene esa ventaja: permite ocupar con un beso el espacio de las explicaciones. El relato sustituye a la razón.

Begoña Gómez tiene pendiente un juicio por presuntos delitos de tráfico de influencias y malversación. Los aplausos a los enamorados en el mitin no resuelven esa causa.

Hay, además, una contradicción con la que Sánchez debe contar. Ha puesto a su esposa en el centro de un acto político, así que debe aceptar que se la analice como otro elemento de la política. No puede pedir el voto besándose con ella y quejarse luego de las preguntas incómodas sobre su esposa.

A mí me parece una utilización calculada de las emociones. Por supuesto. Puede querer muchísimo a su mujer. En ningún momento lo he dudado. Pero los españoles tienen pendiente decidir quién gobierna el país, cómo van a pagar la vivienda o qué futuro espera a sus hijos. Bastantes preocupaciones llevan de casa como para cargar también con los disgustos de alcoba de La Moncloa.

Sánchez puede declarar su amor donde quiera. Y como quiera. Convertirlo en argumento para seguir en La Moncloa es otra degradación de la política.

A. M. BEAUMONT