La treta más sucia de Sánchez con el Constitucional: aparenta una derrota que esconde su maniobra
El Tribunal Constitucional ha inadmitido este miércoles, por 10 votos a 2, el recurso de amparo del Defensor del Pueblo contra las cautelares del Supremo que suspenden el voto de los 163.000 nacionalizados por la ley de nietos residentes en el extranjero. Lo ha hecho por prematuro: la vía del Supremo sigue abierta. Un varapalo para el Gobierno, ¿verdad? Yo creo que no. Todo apunta a que Sánchez ha buscado esta derrota, fiel a su estilo sibilino y maquiavélico, malvado incluso, si lo prefieren
Fíjense en la cronología. El 12 de octubre, el mismo día en que el Supremo confirmaba la suspensión, me consta que el propio Gabilondo dijo a varios periodistas que no podía recurrir con la causa abierta, que había que esperar. Cuatro días después recurrió, y con cautelarísima incluida. ¿Qué cambió? Que el Gobierno movilizó a la desesperada al Defensor cuando la Abogacía del Estado se quedó sin legitimación para acudir al TC. Cabe sospechar que Sánchez le obligó a presentar un recurso que casi todos veían prematuro para propiciar una derrota que no es tal. Y le ha salido bien porque el Pleno del Constitucional lo ha rezachado: solo dos vocales progresistas o sanchistas se han opuesto, para disimular.
¿Y qué pierde Sánchez con esta derrota? Nada. El ministro Albares ya reconoció que es “muy difícil” separar a tiempo a los afectados del censo, que la comprobación es manual y que nadie está obligado a lo imposible. Los consulados dicen que es "casi imposible" cumplir la medida cautelar del Supremo. Traducción: lo más probable es que los 163.000 acaben votando el 29-N. El Supremo dicta cautelares y el Gobierno se ríe de ellas: el censo queda intacto.
Y hay un premio extra. El TC acaba de fallar “contra” Sánchez. Si mañana absuelve a Begoña Gómez, al hermano o al ex fiscal general, podrá decir que "no es el tribunal de Sánchez: miren el varapalo de la ley de nietos". Una derrota sin coste que compra blindaje para las victorias que de verdad importan. Muy sibilino, muy maquiavélico. Muy estilo Sánchez.