| 24 de Septiembre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Del chuletón al punto al puré de patatas

Garzón sigue al frente del ministerio de Consumo sin resolver esos pequeños problemas que nos amargan el día

| Ely del Valle Opinión

Había muchas dudas al respecto, pero finalmente se ha confirmado que cuando Pedro Sánchez dijo lo del chupetón al punto, efectivamente, se refería a él mismo. En el golpe de timón que le ha dado al Gobierno, el grumete Garzón, por el que nadie daba un duro el viernes pasado, sigue formando parte de la tripulación, seguramente porque no es fácil encontrar otro Izquierda Unida que cubra el cupo. Es más: se desconoce si hay alguien más en el partido aparte de él.

Cierto es que al pobre, se le echó encima el personal por decir lo que no es ni mucho menos su mayor desbarre. Al fin y al cabo es la mismísima OMS la que confirma que somos el país de Europa que más carne consume, casi el doble que el resto, aunque la mayor parte sea pollo y no solomillo, entre otras cosas, porque la economía no está para tanto lujo. Pero si algo hay que recriminarle al reafirmado ministro de Consumo no son tanto sus incongruencias, patentes desde el mismo momento en que se casó de chaqué, como su falta de arranque; esa sensación de que va a su despacho ministerial a jugar al dominó en línea en vez de a buscar soluciones imaginativas para hacer la vida más sencilla a los consumidores.

Ayer mismo, por ejemplo, fui a comprar unas tijeras. Pues bien, aquí sigo sin poder utilizarlas porque no hay Dios que las saque del envoltorio. El plástico que las recubre es tan resistente que me asombra que el sector de las cajas fuertes no lo utilice para fabricarlas. Es más, estoy convencida de que semejante packaging cuesta bastante más que las tijeras que van dentro y contamina tres veces lo que una vaca, y sin embargo el ciudadano Garzón de esto no dice ni mu.

Nuestro día a día como consumidores está lleno de etiquetas, pegatinas y embalajes imposibles

Otras tontuna que nos incordia la vida son las etiquetas de la ropa. Tú te compras una camiseta 100% algodón ecológico y te encuentras con que lleva una etiqueta de a palmo en dieciséis idiomas, por supuesto de material sintético, y cosida con un hilo de pita con el que se podría pescar el campanu de Sella. E intenta quitarla… si la consigues descoser ( cosa bastante improbable en mi caso , por lo menos hasta que no logre hacerme con mis tijeras herméticas), se te va media costura detrás, y si la cortas, el resto de etiqueta que queda te rebana el cogote. A esto tampoco se le pone remedio.

Y por último está el tema de las pegatinas, un negocio con más futuro que el bitcoin a la vista de que no hay producto que te compres que no lleve unas cuantas adheridas y que no hay manera de arrancar. Da igual que se trate de una taza de desayuno que de una de váter. Diez años después, tiras lo que sea a la basura por desgaste, y ahí siguen los restos de la pegatina de marras.

Pueden parecer memeces, pero son esas pequeñas cosas con las que nos encontramos a diario y que nos irritan innecesariamente. Para esto también está el ministerio de Consumo, digo yo, y sin embargo ¿qué hace el señor ministro confirmado?: criticar el consumo de azúcar, poner a caldo el turismo, provocar a los ganaderos…. En definitiva, hacer que suba el pan cada vez que abre la boca, en vez de ocuparse de los problemas cotidianos que también son cosa suya. Claro que en vista del éxito, a lo mejor esa estrategia suya de sestear durante meses para reaparecer de vez en cuando creando polémica no esté tan equivocada y sea la que le ha permitido mantenerse mientras que otros, que también se creían chuletones insuperables han acabado convertidos en un redondo puré de patatas.