| 03 de Diciembre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Pablo Iglesias e Irene Montero
Pablo Iglesias e Irene Montero

Vote lo que quiera, pero ayude a echar a Pablo Iglesias

El 4M puede poner fin a la destructiva carrera de Pablo Iglesias y lanzar un aviso definitivo a Pedro Sánchez, su incómodo pero sólido socio durante demasiados años.

| Antonio R. Naranjo Opinión

 

El 4 de mayo es San Florián, patrono de los bomberos. Y los 5.112.658 madrileños con derecho a voto podrán empezar a apagar el fuego o ver cómo se extienden las llamas. El fuego lo lleva extendiendo Pablo Iglesias desde que llegó a la política española hace años.

Y lo ha normalizado Pedro Sánchez, convirtiendo al pirómano en vicepresidente y a su partido en socio de Gobierno. Con otros pirómanos ilustres como Otegi o Junqueras a su vera, en una especie de perversa cofradía del fuego que apagan incendios imaginarios mientras queman la vida real con la constancia atribuida a Nerón en Roma.

Ya han logrado quemar la economía, que es un erial. La convivencia, que es una olla a presión. La salud pública, que nos tiene en récord mundial de pandemia. Y ahora también quieren que las llamas lleguen a Madrid, no sea que se demuestre que hay otra forma de hacer las cosas, menos invasiva con el ciudadano y más sintonizada con sus problemas cotidianos.

 

Lo que ha definido la  agresiva campaña electoral de Madrid, y la política española de los últimos años, es la detención de dos gorilas de Podemos por pegar a policías, ocurrida a la vez que Pablo Iglesias advertía de la llegada del fascismo y se convertía en La Plañidera de Galapagar por una carta anónima de amenazas que también recibió Ayuso y tiró a la papelera sin montar numeritos.

Solo esto es suficiente para saber a quién no votar, por higiene democrática, se sea de derechas, de izquierdas o de centro: Iglesias es un peligro público; un tipo sin escrúpulos que estaría encantado de volver a la España de las chekas y los paseíllos; un cinico que defiende la violencia como herramienta política; un desalmado que se excita con “Los bukaneros”, los CDR, la kale borroka, Rodrigo Lanza, Alfon, Bódalo y cualquier indeseable que trate al rival como a un enemigo y esté dispuesto a anularlo.

Iglesias quiere colocar a España en una segunda vuelta de la Guerra Civil. Busca un choque directo con sus rivales y le encantaría que eso se trasladara a la calle

Echar a este virus de la vida pública, con la vacuna de los votos, es la mejor manera de inmunizar a España de esa otra pandemia que es el comunismo, el chavismo, el filoterrorismo y la pobreza; de esa pinza nacionalcomunista que asola el país con la triste complicidad de tantos que se dicen "progresistas" y consienten o perpetran las peores fechorías con ese disfraz.

Un mensaje a VOX

No, no es una caricatura. Y no, no es una exageración: Iglesias quiere colocar a España en 1936 y jugar una especie de segunda vuelta de la Guerra Civil. Busca un choque directo con sus rivales, con violencia de por medio, y le encantaría que eso se trasladara a la calle, como si allí fuera inevitable y necesario una batalla campal entre cayetanos y partisanos. Eso hizo en sus albores instigando a rodear el Congreso. Y eso hizo en Vallecas también.

Por cierto, con un paréntesis para VOX: un incendio no se apaga con más gasolina, y a menudo los de Abascal se olvidan de que la respuesta a los que demuestran a diario que les sobra media España no es demostrar que a ellos les sobra la otra media,

En España siempre ha habido gente así, como Iglesias. Y partidos como este Podemos que abandonó aquel espíritu fundacional del 15M para convertirse en una Sociedad Limitada que enriquecía a sus propietarios, la perversa pareja de la Sierra, mientras empobrecía casi todo lo demás

Pero las costuras del Estado resistían y resistirán, salvo que prosiga la ceremonia de blanqueamiento que disfrutan Iglesias y su exigua banda de colaboradores, bunquerizados en unas siglas a las que le han hurtado el alma, criticable sin duda, pero respetable en tanto en cuanto nació de un sincero agotamiento de una parte de la ciudadanía que no buscaba nada personal a cambio.

 

Y eso también se dirime el 4M. Porque si malo es Iglesias con sus matones, peor es Sánchez con su silencio. Y su complicidad: mandó callar a Marlaska sobre la detención de los gorilas del Marqués de Galapagar y ha impulsado, punto por punto, el mismo tono guerracivilista de la campaña.

Ha denunciado la violencia inexistente de VOX y PP mientras tapaba la violencia real de Podemos: lo mismo que con Bildu, lo mismo que con los CDR: solo le ha faltado decir, permítase la ironía, que Igor el Ruso es un gran “camarada soviético”.

El hundimiento

Pues bien, todo eso (más la subida de impuestos, el ataque a la Corona, la tolerancia con el separatismo y la apuesta por las trincheras) puede empezar a declinar mañana. Porque si Podemos cae y este PSOE no gobierna en la Puerta del Sol, Sánchez solo va a tener dos opciones: o se instala definitivamente en la confrontación, sobre todo si el PP necesita a VOX en adelante;  o se da cuenta, de una vez, de que no puede seguir legitimando a Podemos.

“Mejor honra sin barcos que barcos sin honra”, dijo el capitán de la fragata Numancia, Méndez Núñez, en la batalla contra Chile y Perú en 1865, para salvar a sus soldados. Sánchez, si sigue así, se quedará sin las dos cosas. La cuestión es si, además, termina de hundirlo todo.