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Sánchez, Montero y Bolaños en el Pleno del Congreso, en un debate sobre la ley de amnistía
Sánchez, Montero y Bolaños en el Pleno del Congreso, en un debate sobre la ley de amnistía

El cambio de Sánchez con la amnistía: de no pronunciarla a verla "muy necesaria"

El Gobierno y el PSOE han dado un giro de 180º a su posición con la amnistía en solo 5 meses. Ahora son los máximos defensores de la ley. Hacemos un repaso sin desperdicio de ese viaje.

| Benjamín López Opinión

Como es sabido, el Gobierno ha sufrido una evolución radical respecto a la amnistía con dos fases muy marcadas: una, antes de las elecciones generales del 23 de julio y la otra justo después. Ha pasado de oponerse y calificarla de inconstitucional y, por tanto, inviable a registrarla en el Congreso y defenderla con uñas y dientes como “muy necesaria”. 

La primera fase es muy clara. Hasta el 23 de julio el propio Pedro Sánchez negaba la amnistía porque no cabía en la Constitución. Así lo afirmaba él y varios ministros además de destacados dirigentes del PSOE que prometieron con gran énfasis que nunca veríamos una amnistía. Hay infinidad de declaraciones al respecto y vídeos virales que lo demuestran. 

 

La segunda fase se abre el 24 de julio, al día siguiente de las elecciones. Junts, consciente del poder de sus 7 votos, comenzó a decir ya ese mismo día, con las urnas aún calientes, que un eventual apoyo a la investidura de Sánchez pasaba por “amnistía y autodeterminación”, como dijo con claridad el número dos de Junts, Jordi Turull en una entrevista en RAC1. 

A partir de ese momento el Gobierno cambió su discurso, de forma paulatina, y paso a paso fue aceptando la amnistía. El 17 de agosto, Junts y ERC alcanzaron un acuerdo con el PSOE para nombrar a Francina Armengol presidenta del Congreso. Uno de los puntos del acuerdo hablaba de la “desjudicialización del conflicto político” entre Cataluña y el Estado con la meta de “continuar con el hecho de que la política impere por todas las vías legales”, según decía el comunicado difundido por ERC.

Sánchez: "No me corresponde decir qué es constitucional"

Cuatro días después, el 21 de agosto, Sánchez acudió a la Zarzuela dentro de la ronda de contactos emprendida por el Rey para designar un candidato a la investidura. En la rueda de prensa posterior, de vuelta en Moncloa, Pedro Sánchez reconoció implícitamente que debatían con Junts sobre la amnistía y fue cuestionado por su encaje constitucional. Obviamente ya no la veía fuera de la Carta Magna. “No me corresponde a mí decir qué es constitucional, afortunadamente para eso tenemos al Tribunal Constitucional”, dijo entonces.

El día 22 de agosto el Rey encargó al líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, someterse a la investidura. La fecha se fijó para los días 26, 27 y 29 de septiembre. Durante ese mes la amnistía pasó a un segundo plano y el protagonismo fue para esa investidura que acabó resultando fallida. 

Sánchez tardó meses en decir "amnistía"

Ahí empezó de verdad a cambiar el discurso de Sánchez. El 6 de octubre, en una rueda de prensa celebrada en Bruselas tras un Consejo Europeo, el líder socialista pronunció por primera vez la palabra amnistía y la definió en términos muy positivos. “No deja de ser una forma de tratar de superar las consecuencias judiciales a la situación que vivió España con una de las peores crisis territoriales de la historia de la democracia en el año 2017”, dijo entonces rompiendo el tabú. 

Era evidente que las negociaciones con Junts estaban ya en pleno desarrollo cuando el 3 de octubre el Rey encargo a Pedro Sánchez la tarea de intentar ser investido en el Congreso. A finales de ese mes, la amnistía ya se daba por hecha sin ningún género de dudas. 

Así, el 28 de octubre, sin tapujos, Sánchez reconoció ante el Comité Federal del PSOE que, aunque no entraba en sus planes, la amnistía era un hecho porque no le quedaba más remedio. “Hay que hacer de la necesidad virtud. Es la única vía posible para que haya Gobierno en España y no haya repetición electoral”, manifestó. Y también admitió que “no la planeábamos para ahora y así lo dijimos, pero también es cierto que sabíamos que la superación definitiva del conflicto requeriría otras medidas de gracia en el futuro”.

En ese mismo discurso en Ferraz, Sánchez entró en plena contracción. A pesar de reconocer que la amnistía era una imposición que él no tenía en su hoja de ruta, afirmó también que lo hacía “por el interés de España y en defensa de la convivencia entre españoles”. 

Poco después, el 13 de noviembre, Bolaños ofreció una rueda de prensa en el Congreso instantes después de registrar la ley de amnistía, un requisito que le exigía Junts para apoyar la investidura de Sánchez unos días después. Lo que no era inconstitucional antes del 23 de julio ahora era ya “plenamente constitucional” e incluso iba a servir para hacer de España “un país mejor”. 

El 15 de noviembre, en su discurso de investidura Sánchez repitió los argumentos de Ferraz. No le quedaba otra, “las circunstancias son las que son y hay que hacer de la necesidad virtud”, y lo hacía además no por él sino por nosotros, “en nombre de España y en defensa de la concordia entre españoles”.

Durante este tiempo Junts y el PSOE han mantenido un tira y afloja sobre el alcance de la amnistía y que ha llevado a los socialistas a aceptar enmiendas en la Comisión de Justicia que ellos mismos calificaron como líneas rojas. La principal,  incluir delitos de terrorismo light con sentencia firme en el texto de la ley. 

El último paso: la amnistía es "muy necesaria"

Sin embargo, este martes, 30 de enero, se produjo una esperpéntica situación en el Congreso: los que se negaban antes de julio a la ley, el PSOE, votaban a favor de la misma y los que la pedían a gritos, Junts, votaban en contra. 

Eso ha llevado a la vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, a hacer una defensa no vista hasta ahora de la amnistía, hasta el punto de calificarla como “muy necesaria” 

“Es una oportunidad esta ley de amnistía, es un instrumento para ser capaces de abrir una nueva etapa en Cataluña que es muy necesaria (…) Tenemos que restablecer la normalidad entre Cataluña y España”, ha afirmado Montero este miércoles en una entrevista en TVE.

Lo que era inconstitucional pasó a estudiarse, luego admitirse por necesidades del guión y después a defenderse con uñas y dientes hasta el punto de ser “muy necesaria”. Esa ha sido la metamorfosis de Pedro Sánchez con la amnistía. Y falta un capítulo que no está escrito. En un mes saldremos de dudas y veremos qué más está dispuesto a aceptar Pedro Sánchez.