| 20 de Mayo de 2024 Director Benjamín López

× Portada España Investigación Opinión Medios Chismógrafo Andalucía Castilla y León Castilla-La Mancha C. Valenciana Economía Deportes Motor Sostenibilidad Estilo esTendencia Salud ESdiario TV Viajar Mundo Suscribirse

La España pagafantas

Es como parecer un poco nazi para no ser menos alemán, aunque la visita del líder batasuno para hablar de paz equivalga a invitar a un pedófilo a un congreso sobre los derechos del niño.

| Antonio R. Naranjo Opinión

Algunos se comportan como si, en el viaje de ser sólo catalán, prefirieran ser antes un poco terrorista que un tanto español. Digámoslo al revés: con tal de no parecer menos catalanes, no les importa parecer un poco terroristas.

Cuando a un tipo le pegan un tiro en la nuca, no hay términos medios

Para la visita de Otegi al Parlament catalán sólo hay otra explicación, y es peor: que les guste lo que representa, lo que hizo, lo que compartió y consintió con una inmundicia que no tiene contextos: cuando a un tipo le pegan un tiro en la nuca, no hay términos medios.

Es como parecer un poco nazi para no ser menos alemán, aunque la visita del líder batasuno para hablar de paz equivalga a invitar a un pedófilo a un congreso sobre los derechos del niño.

Ahora a Puigdemont le cargan, en privado, una estrategia sibilina para desmontar la deriva secesionista sin mosquear demasiado al personal estimulado antes por su propio partido, pero lo que prevalece es otra cosa que pone en entredicho esa idea de que intenta matar a besos el prucés: un proyecto de Constitución racista que persigue una lengua y sobrevive por un pacto de Gobierno con una chusma que quiere educar a los hijos en la tribu, eufemismo de un rebaño que siempre acaba teniendo un pastor pertrechado con una vara de cerezo.

La crisis ha traído por inquietante novedad el crecimiento de la misma tribu que organiza conferencias al terrorista Otegi en el mismo Parlament protegido por una Constitución a la que se quiere cargar

Aunque todos estos espectáculos, añadidos al crecimiento de Podemos y la caída de Pedro Sánchez, tienen un efecto positivo involuntario –el pacto entre el PP y Ciudadanos es simplemente inevitable-, al medio plazo confirman la tendencia de España a desplomarse: no era serio ya que un país hecho se levantara preguntándose cada día en qué habla, cuántos somos y cómo nos llamamos; pero la crisis ha traído por inquietante novedad el crecimiento, en las instituciones nacionales, de la misma tribu que organiza conferencias al terrorista Otegi en el mismo Parlament protegido por una Constitución a la que se quiere cargar.

Podemos es mala para España pero buena para un puñado de ciudades y regiones

Por todo ello el PSOE sólo tiene dos opciones, y acepten la metáfora: o se pone con la víctima o está con el verdugo. Pedro Sánchez, una nulidad inviable en cualquier país con una mínima conciencia de sí mismo, siempre intenta un poco las dos –ni el PSC recibe a Otegi ni se reúne con las víctimas; Podemos es mala para España pero buena para un puñado de ciudades y regiones- y ahí estriba su problema de encaje y la transformación de su líder en un pobre pagafantas: siente complejo a su izquierda, para ponerla en su sitio y quitarle su careta para que se vea el tedioso producto que se esconde debajo (ese leninismo amable que además es cateto e ignorante); y lo tiene a la derecha, para llegar a acuerdos con el PP con la inestimable ayuda de Ciudadanos, que ayuda en un viaje de acuerdos que desea más de media España pero paraliza a la inconsciente cúpula socialista.

El pacto a tres es inevitable y necesario por acción u omisión, cuando pase el 26J y el ruido preelectoral dé paso a la evidencia aritmética, el sentido común y la certeza, en el caso del PSOE, de que un acuerdo con toda esa tropa sería un triste epitafio a 137 años de historia.

La cuestión no es qué va a pasar, sino por qué hemos llegado a este punto de deterioro y a tanta gente le parece normal que el separatismo xenófobo, el comunismo trasnochado y el populismo caciquil campen a sus anchas, parezcan modernos y se permitan ya hasta el lujo de presentar a Otegi como a Teresa de Calcuta.

Más que en el descontento por la corrupción -¿hay un sitio donde haya sido peor acaso que en Cataluña?- o la frustración por la crisis -hasta el más tonto ya ve que si España es Málaga, Grecia es Malagón-, la causa hay que buscarla probablemente en la educación: ahora se paga, de golpe, la certeza documentada de que este país ha combinado uno de los mayores esfuerzos económicos de la OCDE en materia educativa con, paradójicamente, uno de los más estables fracasos escolares.

Los valores de la ética, el esfuerzo, la superación, el mérito y la capacidad no se construyen en dos días, pero se destruyen en cinco minutos

Los valores de la ética, el esfuerzo, la superación, el mérito y la capacidad no se construyen en dos días, pero se destruyen en cinco minutos. Y tal vez llevemos un par de décadas consagrados a ello entre discusiones verduleras, prejuicios ideológicos y una ignorancia general galopante.

Si en Boston detienen una y otra vez a su célebre estrangulador, aquí le ponemos siempre una clínica de masajes. No se extrañen luego si jamás se levantan de la camilla.