| 28 de Febrero de 2024 Director Antonio Martín Beaumont

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Dolores de Cospedal, recogiendo su acta de diputada en 2016.
Dolores de Cospedal, recogiendo su acta de diputada en 2016.

Cospedal paga la traición del asesor del PP que ha diseñado la moción de censura

El caso Gürtel se hace bola y rueda sin control. La secretaria general popular nunca se quedó en el limbo de las medias tintas, pero peligra convertirse en centro del pim-pam-pum.

| Ricardo Rodríguez Opinión

La ley de Murphy se ha apoderado del Partido Popular: “Si algo puede ir mal, saldrá mal” y la sentencia del caso Gürtel ha caído encima del Gobierno de Mariano Rajoy cuando iba a arrancar la campaña por la luz verde al maná de los Presupuestos Generales del Estado. La frustración pero también la ira en el seno mismo del núcleo duro del PP resultan imposibles de disimular. 

Un auténtico drama, con el crecimiento económico al alza. “Vienen a por nosotros” o “Quieren destruirnos” son frases recurrentes de la cúpula popular, pillada en pelota picada. El pasado les apuñala en el presente. Alea jacta est. Este martes, ante la Comisión de Investigación sobre la financiación irregular de sus siglas, la misma María Dolores de Cospedal tendrá que arremangarse. Y de qué manera. La secretaria general debe alzar el estandarte del PP y demostrar que queda partido para “mucho tiempo”, según inciden en Génova. 

La comisión parlamentaria promete convertirse en un escaparate para los partidos de la oposición en su afán de desalojar al Gobierno de Mariano Rajoy. Y tanto que lo va a ser ahora que la moción de censura de Pedro Sánchez ha descolocado todas las piezas del tablero político. Una iniciativa del secretario general del PSOE en cuyo armazón ha bregado, entre otros, Iván Redondo, profesional de la asesoría que años atrás puso su talento al servicio del Partido Popular con líderes regionales como Antonio Basagoiti; Xabi García Albiol o José Antonio Monago.

El líder socialista fue convencido de convertirse en pegamento que una a su alrededor un frente anti PP. Sin mediar, para ello, negociación o socio alguno, tal y como intentó en 2016 antes de su investidura fallida. Los hechos hablarán por sí solos: Que cada cual valore el paso de Sánchez - apodado “el ausente” por un malévolo Pablo Iglesias - por la tribuna de oradores del Hemicicloy decida el sentido de su voto. Y, claro está, se retrate. Si Redondo, Juan Manuel Serrano, jefe de gabinete del secretario general, y demás equipo, convierten con la jugada a Sánchez en Presidente, será para quitarse el sombrero. Tan simple como eso. La hipótesis pone de los nervios a los populares. 

Todo anda muy abierto. En las actuales circunstancias, la comparecencia de Cospedal promete ser una de las más mediáticas de hasta la fecha y, seguramente, una de las más tensas. De la cintura de la secretaria general depende mantener con arrojo el pulso a la estrategia de la Oposición y salir ilesa en uno de los momentos de mayor debilidad de su organización. Sería todo un subidón para unas filas que corren ahora mismo cual pollo sin cabeza.