| 20 de Mayo de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Pedro Sánchez, junto a su número dos, Cesar Luena.
Pedro Sánchez, junto a su número dos, Cesar Luena.

Luena, metáfora del PSOE

Los actuales dirigentes del PSOE asisten perplejos e incrédulos al naufragio. Y aquellos que permanecen al timón no parecen capacitados para evitarlo.

| Antonio R. Naranjo Opinión

El PSOE ahora es César Luena, y esa imagen indescriptible lo explica todo del cataclismo electoral que se avecina, más fruto de los errores propios que de las profecías inducidas por tanta encuesta malvada.

Aquí no hay efecto Pigmalión, sino la consecuencia inevitable del alocado viaje de un tipo que lo sacrificó todo, incluyendo a su propio partido, con tal de sobrevivir y llegar a un trono que nunca tuvo su nombre.

Los socialistas “de Pedro Sánchez”, como el propio Luena repetía como en el estribillo de una canción perdedora de Eurovisión, podrán decir cualquier cosa menos que no se lo esperaban: desde que el secretario general convirtió el regalo de la jefatura orgánica y pasajera en un trampolín a La Moncloa, todo lo que ha hecho es ganar tiempo para aplazar un castigo que, al acumularse durante meses y temeridades, siempre acaba siendo más severo.

Primero fue con su empeño en transformar la gerencia del PSOE –“Pedro, ponte los manguitos y ten limpia la oficina mientras llego”, le dijo Susana- en una coartada para imitar a Kennedy y sentirse Kennedy siendo apenas el ujier del Capitolio.

Después fue la pavorosa entrega a Podemos en las Elecciones Autonómicas y Municipales, en las que “el PSOE de Pedro Sánchez” perdió 700.000 votos pese a la sangría del PP: para disimular el hundimiento, aún más notable al coincidir por vez primera en la historia con el de su teórico rival, Ferraz tiñó media España de un rojo artificial que sólo sirvió para alimentar el morado, hoy hegemónico en algunas de las principales capitales del país, otrora conocidas por sus bondades y hoy recordadas por la fabricación masiva de caspa.

Y, finalmente, en un tirabuzón sin precedentes, con su intención de llegar a la presidencia con sólo 90 diputados y una imposible alianza con partidos antagónicos cuyo matrimonio era tan impensable como el cruce de una grulla con un minotauro.

Todo lo que ha hecho “el PSOE de Pedro Sánchez” es alimentar populismos e independentistas; avalando a lo peor de cada casa para intentar que a cambio le ayudaran en su egoísta empeño de hacer historia, a cualquier precio, siempre y cuando el precio lo pagaran los demás: la cara de Luena, los discursos de Luena, la falsa energía de Luena y la indigencia de Luena son la metáfora del ‘sanchismo’, tan poco quijotesco, tan panzón, tan inane como para que gente como Errejón o Monedero, que les hubieran durado medio asalto a Felipe y compañía, hoy se rían en la cara de todo el PSOE mientras dicen “niño, tráeme las zapatillas”.

Aunque en algún momento Sánchez se ha creído Steve McQueen huyendo en su célebre moto de ‘La gran escapada’ para llegar a una meta gloriosa en Moncloa; siempre ha sido El Vaquilla chorando un 1430 para huir de su destino.

La última etapa es el 26J, un muro ya infranqueable en el que Sánchez se estrellará con poca épica, emulando al hombre que nunca estuvo allí de los hermanos Coen, el insíspido barbero aburrido de su rutina que se cree llamado a causas mayores y luego tiene un pulso como para robar panderetas.

En su lugar irrumpirá Luena, con una única pregunta ya en el aire. ¿Este hombre salía en las de Esteso o en las de Ozores?