28 de Julio de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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El nuevo Gobierno de Pedro Sánchez
El nuevo Gobierno de Pedro Sánchez

Gatopardo

La frialdad del presidente con sus colaboradores, arrojados al fuego, contrasta con su subordinación a los mismos radicales que le auparon a La Moncloa.

| Fernando de Rosa Opinión

 

La novela de Giuseppe Tomasi “El Gatopardo”, llevada al cine magistralmente por Visconti, refleja la teoría política de nuestro presidente del gobierno Pedro Sánchez, es decir, “cambiar todo para que nada cambie”. Realmente esa es la conclusión del recién reformado gobierno de España.

Han cambiado ministros, pero se ha mantenido la estructura del gobierno con sus cientos de asesores. Se ha cesado a Iván Redondo, pero la propaganda sigue desde la factoría de la Moncloa. Así, si el primer gobierno de Sánchez, hace justamente 3 años, se le denominó “el gobierno bonito” porque había escritores, astronautas, jueces, etc...

Ahora es “el gobierno de la recuperación” porque Nadia Calviño es la vicepresidenta primera y así se intenta engañar a Bruselas, fingiendo que nos vamos a portar bien con el dinero que nos prestan.

Lo más grave de todo es que estamos ante un gobierno que tiene los mismos aliados, es decir, que sigue dependiendo de separatistas y filoetarras, por lo que continuamos donde estábamos, es decir, como se dice en la novela referida: “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”.

 

Nunca un presidente del gobierno ha sido tan cruel y frío  con sus subordinados, porque ninguno de los ministros cesados han actuado por su cuenta sino obedeciendo sus órdenes, los errores han sido de Sánchez, pero nuestro presidente “chuletón” quiere convencer a la sociedad que habiendo tirado a varios ministros, se conjura el desastre de gestión.

Así pues, el ministro de Justicia, Juan Carlos Campo, se ha tragado el sapo de los indultos sabiendo de su arbitrariedad, pero ahora parece que fue idea suya y Sánchez no tiene nada que ver, su error ha sido hacer prevalecer su sumisión a su dignidad de jurista. 

Igualmente, la ministra de Educación, Isabel Celaá, destrozó la educación especial con su ley, por simple obediencia y ahora se ve en la calle. La ministra de Exteriores Laya dejó entrar al responsable del Frente Polisario provocando una grave crisis con Marruecos, no por su propia iniciativa sino porque así se lo impuso Sánchez para llevarse bien con Podemos y seguir manteniendo el gobierno de coalición.

Los pactos con el radicalismo siguen intactos. Podemos mantiene a sus ministros “chuletones” que compiten entre ellos en decir la tontería más grande

El caso del ministro Ábalos es diferente, pues transciende a lo puramente de gestión ya que se lo ha quitado de en medio para entregar toda la inversión de las infraestructuras a una política de segunda, pero del socialismo catalán, para que priorice la inversión en Cataluña y seguir alimentando al monstruo separatista, aunque nuestro ministro “torrente” no se va a quedar callado y si no, al tiempo.

Pero lo más gracioso es que como no sabía que hacer con el ministro Iceta, le ha dado la cartera de Cultura y Deporte, filtrándose desde Moncloa que su conocimiento de lo deportivo le viene porque tuvo un tío que fue futbolista. Aún se escuchan las risas en el mundo del deporte.

 

El colofón de esta comedia es la caída de Iván Redondo, digno de un capítulo aparte, puesto que mientras Moncloa filtra al diario “El País” que el motivo de su salida fue su ansia de ser ministro, el propio Redondo filtra al diario “El Mundo” que Sánchez le rogó ser ministro y el se negó, este capítulo aún está por escribir, no hay que olvidar que nuestro Rasputín nacional tiene como lema “la venganza es un plato que se sirve frío”.

Con los radicales

En definitiva, los pactos con el radicalismo y separatismo siguen intactos. Podemos mantiene a sus ministros “chuletones” que compiten entre ellos en decir la tontería más grande, sin que Sánchez pueda tocarles, y porque ha cambiado unos ministros, nos intenta convencer que el verdadero gobierno del cambio ha llegado, que lo anterior no vale y que no hay que tenerlo en cuenta, que “pelillos a la mar”.

Esto es, como se dice en la novela y se escenifica magistralmente en la película “El Gatopardo”, hay que intentar engañar con una apariencia de cambio para que no cambie nada. Por cierto, ¡viva Cuba libre!