| 22 de Mayo de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Contra la revolución de los estúpidos

Es obligatoria la rebelión contra el régimen idiocrático impuesto por Sánchez, como hace Isabel Díaz Ayuso, porque en ello nos va la libertad.

| Almudena Negro (^) Opinión

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A pocos días de una cumbre de la OTAN en España, el gobierno de Sánchez -el de los pactos con quienes quieren destruir la Nación- cuestiona los servicios secretos españoles. Sánchez acuerda con el rey de Marruecos, sin tener en cuenta la derivada de nuestra dependencia energética de Argelia, una nueva política para el Sáhara que nada tiene que ver con la planteada por la ONU y por España. La socialista Ley de Educación introduce las “matemáticas con perspectiva de género” al tiempo que veta el estudio de la historia de España anterior a 1812. Irene Montero riega de subvenciones sus chiringuitos. Alberto Garzón arremete contra el vino, la ganadería, el rosa y azul. Si aún viviera el gran director de cine Manuel Summers, a buen seguro disfrutaríamos de una magnífica película (sin subvenciones). Pero… ¿qué hay detrás de todo esto?

Es obligatorio en estos tiempos tan angustiosos, tener en cuenta que la característica principal de las actuales oligarquías se subsume perfectamente en el principio de Hanlon: no atribuyas a la maldad lo que puedas atribuir a la estupidez. Y es que después de décadas de socialdemocracia y destrucción de la educación, la sociedad -y la clase política- se ha infantilizado.

Vivimos en una democracia sentimental, en donde la razón, la tradición y la ciencia han sido sustituidas por las emociones y el cientificismo.  Si la socialdemocracia no era más que un totalitarismo enmascarado por la propaganda, la democracia sentimental supone la destrucción de todos los principios de la sociedad abierta y su sustitución por los caprichos del gobernante con beneplácito de las masas, alienadas por la hegemonía cultural del progresismo.

Algo, por demás, facilitado por la revolución digital, la destrucción del Derecho y la entrega sin condiciones de los medios de comunicación. En realidad, Sánchez, como Echenique o Iglesias -un chisgarabís intelectual-, no son más que el producto final del proyecto socialista puesto en marcha en los años 80.

Lo que hoy queda del socialismo y del comunismo, entregados ambos a teorías biologicistas más cercanas al nacionalsocialismo alemán que al mecanicismo marxista, son religiones sustitutivas histéricas. Vivimos en el caos modal que tan acertadamente ha señalado el filósofo Peter Sloterdijk. Quien también ha advertido de que la velocidad a la que se suceden las noticias impide pensar y, por tanto, acaba idiotizando el pensamiento. Hoy en día no son pocos quienes, como los charlatanes de feria, creen saber de todo.

 

Estamos inmersos en la revolución de los estúpidos dispuestos a destruir las sociedades abiertas, sin darse cuenta, porque son estúpidos, que se están destruyendo a sí mismos

En definitiva, estamos inmersos en la revolución de los estúpidos dispuestos a destruir las sociedades abiertas, sin darse cuenta, porque son estúpidos, que se están destruyendo a sí mismos. No es algo nuevo. Robert Musil ya advertía contra la estupidez como fenómeno colectivo en “El hombre sin atributos” (2004). Alexis de Tocqueville también lo intuyó en “La democracia en América”.

Rodríguez Zapatero lo verbalizó cuando afirmó que, si él podía ser presidente, cualquiera podría serlo. El mérito, la capacidad y la excelencia sustituidas por la ambición de poder. El poder como fin y no como medio. Porque el estúpido, que suele ser el perfecto arribista y carece de principios éticos o morales, tiene como único objetivo el poder para sí. El bien común es secundario o incluso ni se contempla.

Además, el arribista -incapaz de anticipar las consecuencias de sus decisiones- justifica su existencia arremetiendo contra todo lo anteriormente existente, como ha hecho el hoy extinto PSOE desde 2004, tratando de entroncar la legitimidad democrática española con la II República.

De ahí que podamos afirmar que el régimen que Pedro Sánchez quiere imponer a los españoles es un régimen idiocrático. Es obligatoria la rebelión contra dicho régimen, como hace Isabel Díaz Ayuso, porque en ello nos va la libertad.