| 30 de Mayo de 2024 Director Benjamín López

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Los jugadores del Athletic celebran el título de la Copa del Rey en la famosa gabarra.
Los jugadores del Athletic celebran el título de la Copa del Rey en la famosa gabarra.

'Gora Athletic Geuria' (Viva nuestro Athletic)

Ser del Athletic trasciende del sentimiento deportivo a algo mucho más importante. Desde ese concepto de familia, de lucha, de orgullo, de honestidad, caballerosidad y deportividad

| Eugenio Narbaiza Opinión

Haber nacido en la Clínica del Carmen en Indatxu aunque mi padre me hiciera guipuzcoano y haber residido durante 25 años en la calle del sentimiento Athletic Zale (seguidor), Licenciado Poza, y aunque la vida y las circunstancias han hecho que la distancia de mi tierra sea importante, hacen que sea una obligación moral expresar qué significa ser y amar al Athletic, el vigente campeón de Copa del Rey. Curiosamente el trofeo del Señor de Vizcaya, título que ostenta S.M. FELIPE VI.

Ser del Athletic trasciende del sentimiento deportivo a algo mucho más importante. Porque este club -el segundo más antiguo de España- tiene una filosofía distinta a todos los demás, primando su arraigo a la sociedad, a su juventud, limitando el ser jugador sólo a aquellos nacidos en tierras vascas e incorporando valores como la unidad de una sociedad a su entorno. Desde ese concepto de familia, de lucha, de orgullo, de honestidad, caballerosidad y deportividad.

 

No importa el sufrimiento. La espera para conseguir títulos, ser del Athletic, es en sí mismo importante porque desde la ciudad más poblada del P. Vasco este club simboliza el espíritu de lucha, la capacidad de superación, la humildad de sus jugadores que con valentía suplen sus limitaciones ante los grandes. También porque son correa de trasmisión de una manera de ver la vida, de una filosofía deportiva única en el mundo y del orgullo de hacer de su ciudad y de sus colores algo tan excepcional que comparten con más de 500 peñas repartidas en más de 3 continentes en donde cada jugada supone un rugido del León y cada victoria una confirmación del amor a lo que esto supone.

En el Athletic todo es distinto porque sus goles se cantan como “bacalaos”; su gente tiene su templo en una calle con bares, Licenciado Poza,en donde se vive antes, después y durante los partidos. Una alegría basada en la hermandad de los aficionados, que expresan su pertenencia con banderas a las puertas de cada bar, con bufandas rojo y blancas en sus paredes y con fotografías de hazañas realizadas y conseguidas en más de un siglo de historia, desde los cuales, mirando al frente, se ve un escudo enorme del club en el viejo San Mamés. Un templo sagrado de la manera de concebir el fútbol, hecho por los de casa, compartido para los de casa y amado por todos.

 

 

Además, ser del Athletic tiene el arraigo de quienes sintiéndose LEONES se sienten unidos a un club, a una ciudad, a una manera de hacer sentir, vivir y disfrutar de la vida, que deja huella cuando se conoce y no se olvida jamás. Eso ha sucedido precisamente durante su presencia en Sevilla durante la celebración de la final de Copa, en dónde unos novios jamás olvidarán que toda una afición les adoptó durante la celebración de su enlace. Ni Triana, Nervión o los aledaños de la Cartuja, en donde no sin esfuerzo, sufrimiento y sacrificio, se convirtió por vigésimo quinta vez en campeón de la Copa del Rey.

Ahora ha tocado sacar LA GABARRA, una humilde embarcación sin motor que a modo de homenaje con los jugadores han entregado a la ciudad y a sus seguidores ese preciado trofeo. Escoltados por más de un millón de personas que han sido receptores de lo más bonito del mundo: ver al Athletic campeón. Muchos lloramos de emoción durante la final antes y después de la final, no sin sufrimiento pero con orgullo y con esa gabarra que no es una leyenda, sino una realidad que han esperado los Athletic Zales durante 40 años y que ya está aquí.