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Samuel Vazquez /ECV

La izquierda violenta

Las nuevas formaciones de izquierdas se creen por encima de la democracia y sus reacciones son más violentas cuanto más radicales se crean y más capacidad de movilizar tengan.

La izquierda violenta

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Obama ganó en USA y ¿qué pasó?, nada.

Dilma ganó en Brasil ¿y?, nada.

Aquí ganaron Carmena y Colau, y como si nada.

La derecha se resignó en la derrota, dio la enhorabuena al vencedor y aceptó los resultados… de eso va la democracia.

¿Pero qué pasó cuando ganó Trump?

Disturbios en todas las ciudades, coches quemados, comercios saqueados, gritos de odio y gran parte del establishment multimillonario de las teles, las celebrities y demás farándula alentando a “los de abajo” a salir a las calles.

Lo mismo sirve para Bolsonaro, o aquí en nuestro país para los resultados en Andalucía.

Que ya hay que tener dos neuronas en la cabeza y además tenerlas enfadadas para que un tío desde una mansión en Galapagar mientras el servicio le sirve el té con pastas decrete una alerta antifascista para tomar las calles y tú salgas a tomarlas, pero bueno, esa ya es otra historia más relacionada con la inmadurez intelectual, o con ser tonto del culo directamente.

¿Por qué la izquierda no sabe perder?, ¿Por qué alienta la violencia cada vez que no sale en las urnas?

¿Por qué cuando ganan es la voz del pueblo la que ha hablado, y cuando pierden “no pasarán”?

Pues porque les hemos dejado jugar a un juego en el que no creen, y nunca han aceptado las reglas.

En la II Guerra Mundial se derrotó al Fascismo, Hitler murió en un búnker y Mussolini acabó colgado boca abajo en una plaza de Milán junto a otros líderes de su sanguinaria cruzada. Empero no se derrotó al comunismo, con los bolcheviques se pactó el reparto de Europa y se les permitió seguir adelante con su también sanguinaria cruzada.

Al final, el comunismo murió de viejo, fracasado, dejando un rastro de muerte que nunca antes había conocido la historia, pero revive cada cierto tiempo en las cabezas descerebradas de nuevos mesías adoctrinados por Gramsci o Laclau, con verborrea juvenil de cafetería de facultad y un poso intelectual que da para tirar hora y media de tertulia televisiva.

"Malcriados"

Como quiera que nadie les dijo que lo que hacían estaba mal, sino que tuvieron que descubrirlo ellos mismos, sólo los que lo vivieron están vacunados contra su peligro. Al otro lado del muro sin embargo, sus teorías acampan libres en las mentes de niños malcriados por el capitalismo, que siempre tuvieron de todo, y por lo tanto nunca valoraron nada.

¿Por qué la izquierda no sabe perder?, ¿Por qué alienta la violencia cada vez que no sale en las urnas? ¿Por qué cuando ganan es la voz del pueblo la que ha hablado, y cuando pierden “no pasarán”?

Después de la caída del muro les permitimos jugar al juego de la democracia como si tal cosa, como si fueran de los nuestros, a pesar de que todo el que haya leído y viajado un poco sabe que comunismo y democracia son palabras antagónicas; y ellos encantados claro, pero siempre con un plan b… si no hay consenso, hay asalto.

Por eso esa reacción violenta lo es más cuanto más a la izquierda esté situado el o los partidos políticos con capacidad de movilizar.

Durante años, con un PSOE que supo abandonar el fracaso del socialismo para ingresar en la socialdemocracia mayoritaria en Europa, se respetó la derrota. Al aparecer Podemos, con un líder que daba golpes contra la mesa de un plató de televisión mientras afirmaba: “Sí, yo soy comunista”, lo de respetar a la mayoría se acabó, nunca jamás un régimen comunista pervivió sin violencia.

Las reglas

Así que lo de que las calles serán siempre suyas de los cachorros de la CUP es lo mismo que lo de asaltar los cielos de Pablo Iglesias, y viene a querer decir: sois tan tontos que nos dejáis jugar a este juego de la democracia, nosotros somos tan listos que aceptamos jugar, pero desde luego no somos tan democráticos como para respetar las reglas.

Y ahí es donde la policía juega un factor básico a liquidar, porque son los policías los que arrebatan las calles a las minorías violentas y se las devuelven al pueblo, son los policías los escudos de la democracia para todos sus desmanes y sus dejes totalitarios de macabra dictadura roja.

Lo hemos visto en Cataluña con claridad meridiana.

Lo primero que hicieron los ayuntamientos del cambio en Madrid, Zaragoza o Barcelona fue acabar con las unidades de orden público de las policías locales. No pueden permitir el coste electoral de enfrentar a sus policías contra sus votantes.

"En las calles"

Tendremos que resignarnos, no queda otra, al menos hasta que aparezca un líder al que no le asuste el coste electoral de defender la democracia en las mismas calles donde es atacada cada vez que el pueblo decide ir por libre y no seguir las consignas del mesías de turno, que vive a cuerpo de rey a costa de hacer de la revolución una profesión muy lucrativa.

Hasta ese momento, ¡Nos vemos en las calles camarada!

Madrid… Andalucía… Cataluña… bueno no sé dónde, pero en algún sitio estará la tumba del fascismo

Si buscan bien igual la encuentran en Galapagar, no tiene pérdida, verás un coche de la Guardia Civil en la puerta.

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