| 26 de Octubre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Fernando Simón
Fernando Simón

Una (humilde) carta a Fernando Simón

El portavoz de la pandemia ha sido y es el principal propagandista y maquillador de la lamentable gestión sanitaria del Gobierno, digna de que un juez acepte algún día investigar.

| Antonio R. Naranjo Opinión

 

Querido don Fernando, estimado señor Simón

Ha tenido usted la inmensa suerte de que los méritos de sus superiores, combinados con el gracejo del español medio para el mal, le libren de apodos que su trayectoria durante un año reclamaba a voces y le hubieran caído de no ser porque los inmejorables “vicepandemias” para el vicepresidente  Iglesias o "El enterrador" para el presidente Sánchez le han quitado un poco del foco.

Sáquenos del error, pero ninguna de las intentonas para motejarle a usted ha cuajado, y mire que la combinación de almendras, melenas y surf daban para ponerle a usted remoquetes a la altura de Cagancho o de Calígula, bien por sus faenas, bien por esa pinta de andar en sandalias romanas y de dormir en un coche, como dice el Herrera, hasta coger frío en la garganta.

Pero el apodo, aunque tenga mala leche, siempre tiene un fondo de homenaje entrañable, de guiño cómplice que con usted no nos sale. Verá, le recuerdo perfectamente hace años, con temblor de piernas, enfrentándose a una implacable entrevista de Ana Pastor en la que le interrogaba por el famoso episodio de Ébola que acabó con la vida de un perro.

 

También de algún misionero, pero como eran religiosos no le importó a ninguno de ésos que salieron en tromba a la calle a protestar por el “asesinato” del animal, llevaron una denuncia al Parlamento Europeo, disfrutaron de melodramáticos especiales de Ferreras e hicieron pronunciar al gran Sánchez solemnes palabras contra Rajoy en el Congreso y en un sinfín de actos públicos: la amenaza sanitaria para toda la sociedad española era inmensa y la respuesta del Gobierno, infame. Lo decía a los siete días de conocerse el contagio una auxiliar. Y lo dijo por el sacrificio de un perro.

Usted, que era el Maestro Ciruela de la cosa vírica en España, tembló como una oveja con Pastor y se puso a balbucear explicaciones sobre el Ébola que no convencieron a Évole, quizá porque usted tenía mucho miedo a que la metieran en Cintora tras vuelta y vuelta al rojo vivo.

 

 

El caso es que el mismo pavo que lleva medio año escondiendo a 30.000 muertos; que tuvo los cojonazos de decir que el exceso de mortalidad quizá se debiera a un accidente; que alentó a participar en el 8M hace un año y vuelve a hacerlo ahora; que desechó el uso de las mascarillas y que lo mismo descarta la pandemia más allá de “unos casos aislados” que desmiente la visita de la cepa británica antes de que nos arrase, todo ello sin pestañear… se hizo pipí y popó por un caso de Ébola de un perro contagiado por la mendruga de su dueña.

Su desigual comportamiento ante una crisis falsa pero hinchada por la ¿izquierda? y otra cierta pero escondida por la misma izquierda dice muchas cosas de esta España en la que todos sus jefes lo pasan fatal por Largo Caballero pero denigran a Consuelo Ordóñez o logran que la Guerra Civil parezca un drama del presente pero los crímenes de ETA un mal sueño de la época de Chindasvinto.

No es que no se pudiera ver venir, es que lo taparon a sabiendas, apurando los plazos para no verse obligados a parecer menos feministas que Montero

A usted no le preocupa el virus, sino qué diga del virus esa élite política y mediática que desata Autos de Fe con hogueras públicas para una anécdota, si daña a los malos, y despliega un ejército de bomberos para sofocar los más devastadores fuegos, si así auxilia a los buenos.

Cualquier cajera de España sabe que si no le cuadran las cuentas al finalizar el día se va a la calle. Pero cualquier español sabe también que, si el desfase es de miles de millones o de miles de muertos, te nombran ministro de Hacienda o te ponen de portavoz de la pandemia.

Y que a usted le preocupara más calmar a Ana Pastor por un perro que a los familiares de 100.000 víctimas del dichoso COVID lo dice todo de todos ustedes. El viejo aforismo reza que “si debes un millón tienes un problema con el banco. Pero si debes cien millones, el problema lo tiene el banco”.

Las víctimas

Y con los muertos debe pasar algo así, si son lo suficientemente cercanos. De menor a mayor preocupación, en España se afectan mucho todos ustedes por este orden: primero los del 36, luego el perro, luego los de Irak, más tarde los de Videla, a continuación los de los GAL y ya, si queda hueco, un poquito los de ETA y otro poquito los del coronavirus.

No hay víctima suficientemente recordada nunca, pues al morirse todas dejan de tener bando, si alguna vez lo tuvieron, y todas merecen el mismo afecto y el mismo recuerdo: los que las clasifican, como ustedes en una trinchera y otros como ustedes en la otra, en realidad las utilizan con fines perversos.

Pero puestos a ponerle intensidad a la memoria, estará cualquiera de acuerdo en que la prioridad ha de estar en aquellas cuyos seres queridos les vieron morir, de un tiro o de una neumonía, y en aquellas que presagian un martirio similar para otros tantos: las de ETA siguen viendo al Otegi de turno campando a sus anchas; y las del COVID anuncian una nueva ola que se nos puede llevar por delante a cualquiera.

 

Cuando hace más de un año la Organización Médica Colegial le advirtió de que el COVID-19 sería un virus de la tipología más grave que sus baremos científicos permiten; cuando la OMS les remitió a todos ustedes precisas alertas de la emergencia sanitaria en ciernes; cuando el propio Ministerio de Sanidad fue consciente de que esto iba en serio y cuando la Unión Europea les sugirió imponer ya la distancia social… usted, Fernandito, se dedicó a quitarle importancia y a jalear el 8M, por cuya celebración se permitieron además otras decenas de eventos multitudinarios claves también en la extensión del drama.

No es que no se pudiera ver venir, es que lo taparon premeditadamente y a sabiendas, cruzando los dedos a ver si sonaba la flauta y apurando los plazos para no verse obligados a parecer menos feministas que Irene Montero, esa inconsciente que, por reivindicar el derecho a llegar "sola y borracha a casa", hizo que tantas volvieran "enfermas y a la UCI" al final.

 

 

Y para taparse las vergüenzas todos ustedes, se dedicaron luego a ser los más duros, cuando era tarde, y los más mentirosos, que iba todo en el mismo paquete. Supongo que todas estas líneas le darán a usted lo mismo y que, si acaso a algún juez le da algún día por tramitar la evidente negligencia que ustedes han perpetrado, no le faltarán mamporreros que le beatifiquen como mártir.

Los mismos que le auxiliaron para difundir la horrorosa trola de que la mortalidad en España era similar a la de Europa "o mejor", al aceptar la repugnante cuenta que usted echaba ante la opinión pública, sin pestañear, manipulando la estadística de letalidad para tapar la de mortandad: dividía los muertos entre los contagios para que le saliera una cifra similar a la del resto; en lugar de entre los habitantes totales, para esconder que moríamos más que en ningún sitio.

Cualquier cajera sabe que si no le cuadran las cuentas se va a la calle. Pero si el desfase es de miles de muertos, te ponen de portavoz de la pandemia

Pero ahora que no nos oye nadie, entre usted y yo, reconózcame al menos que cuando se quita la chupa de cuero, se baja de la moto, se olvida de la portada de turno, usted duerme fatal y su conciencia le visita cada noche con el saco de bolas que se ha comido, ha esparcido o ha fabricado.

Por si no duerme bien

Si se desvela, no dude en recurrir a la lectura. Permítame que le recomiende los informes elaborados por las Universidades de Zaragoza y Rovira i Virgili que demuestran cómo, mientras usted descartaba la necesidad de tomar medidas pese a los avisos internacionales que ya tenía sobre su mesa, perdimos una semana preciosa y 23.000 personas de más perdieron la vida.

Quizá todas ellas anden esperando que usted, Illa, Sánchez y compañía tengan a bien pedir perdón. Quizá dimitir. Y tal vez buscarse un buen abogado. Solo falta un juez con la decencia que a todos ustedes les ha faltado y con la dignidad que merecen todas esas víctimas de más que ustedes, por mucho que lo disimulen, saben de sobra que llevan en la mochila. Junto a las almendras, las llaves de la Generalitat o las del Falcon.