08 de Mayo de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Pablo Iglesias

El desierto comunista: España alimenta lo que repudia toda Europa

Mientras el Parlamento Europeo repudia y condena el nazismo y el comunismo por igual; en España se instala en el Gobierno para vergüenza del PSOE histórico.

| Fernando de Rosa Opinión

 

Quien supo distinguir a un comunista desde el principio fue Winston Churchill, que los describió perfectamente en su famosa frase: “si pones comunistas a cargo del desierto del Sahara, en cinco años habrá escasez de arena”.

Exactamente ese es el resultado de los comunistas en el gobierno de España: mucha revolución y poco trabajo. Solo saben odiar al contrario, pero trabajar muy poquito. Pero la realidad es terca y si algo tienen presente, es que una buena revolución no les puede pillar trabajando.

En los últimos días hemos podido leer las declaraciones de la flamante vicepresidenta comunista del gobierno sanchista, Yolanda Díaz, en las que afirmaba que “el comunismo es la democracia y la igualdad”.

 

Realmente es sorprendente que hoy en día en España se pueda hacer apología de una ideología que ha producido decenas de millones de asesinatos por motivos ideológicos. Hasta tal punto es una ideología genocida que el Parlamento Europeo, en una declaración histórica el 18 de septiembre de 2019, igualó oficialmente el nazismo y el comunismo, poniendo de manifiesto que “ ambos regímenes cometieron asesinatos en masa, genocidios y deportaciones, y fueron los causantes de una pérdida de vidas humanas y de libertad a una escala hasta entonces nunca vista en la historia de la humanidad”.

535 eurodiputados condenaron el comunismo de Yolanda Díaz, Pablo Iglesias, Irene Montero y Alberto Garzón. 66 votaron en contra y 52 se abstuvieron. En cambio, en España, el 23 de marzo pasado toda la izquierda, desde el PSOE, Podemos, ERC, BNG, Bildu, Compromís o la CUP, se negaron a apoyar la declaración europea de 2019, y para mayor escarnio democrático, el presidente del gobierno Pedro Sánchez nombró al diputado comunista Enrique Santiago, secretario general del PCE, Secretario de Estado en el ministerio de la podemita Ione Belarra.

Defender una idea totalitaria desde el gobierno de España nos debe avergonzar a todos los demócratas, pero a los socialistas, que han sido las principales víctimas del comunismo, mucho más

Así pues, Yolanda Díaz dice que el comunismo es libertad. Alberto Garzón ha afirmado que Cuba es el único país modelo de consumo sostenible. Enrique Santiago ha sostenido que si hubiera un proceso revolucionario iría a Zarzuela a por el Rey, pero, sobre todo, los líderes de Podemos siempre se han negado a condenar la violencia callejera y los ataques contra las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad.

Todo son palabras para provocar, pero la realidad es que Díaz es la ministra del paro, Garzón solo se le conoce por lucir la camiseta de la antigua Alemania comunista de donde la gente se jugaba la vida para saltar el muro y al líder morado, por su chalet de Galapagar. Ninguna ley aprobada, ni propuesta de mejora de vida de los ciudadanos llevada a término.

El incendio

Como hemos podido comprobar, la mecha incendiaria la tienen preparada, pero el trabajo y el esfuerzo para “que nadie quede atrás” no va con ellos. Los ministros de Podemos son los que menos trabajan según la agenda oficial del gobierno.

 

Así, el que venía a asaltar los cielos, Pablo Iglesias, tenía como costumbre no trabajar los lunes, pero pronto se cansó de tanto esfuerzo y llegó a la conclusión que era mejor hacer la revolución sin trabajar. En cambio, sí que va a cobrar la indemnización de 5.300 € mensuales. Si no fuera porque representan una de las ideologías mas perversas de la historia, sería patético ver a este grupo de vividores hablando de la lucha de las clases desfavorecidas.

Defender una idea totalitaria desde el gobierno de España nos debe avergonzar a todos los demócratas, pero a los socialistas, que han sido las principales víctimas del comunismo, mucho más. Nunca se ha hecho más necesario el triunfo de la idea de libertad frente al autoritarismo comunista, aunque se intente disfrazar en entrevistas edulcoradas.