| 13 de Junio de 2024 Director Benjamín López

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Lula debería hacérselo mirar... y nuestro gobierno también

El presidente brasileño ha hecho bueno lo de "dime de lo que presumes y te diré de lo que careces" al tachar a España de país racista

| Ely del Valle Opinión

En pleno siglo XXI sigue habiendo personas racistas. Las hay en todos los países y de todas las razas, etnias y colores. Hay gitanos que rechazan a los payos, blancos que se creen superiores a los negros, negros que desprecian a los chinos… Se ve que la evolución no nos ha dado tanto de sí como para ver más allá del color. Sin embargo ahí aparece Lula arrogándose el derecho a la generalización y permitiéndose el lujo de tachar de racista a todo un país, en este caso el nuestro, mientras la pelusa se le amontona bajo las alfombras . ¿Y qué hacemos nosotros?: agachar la cabeza y no responderle desde el gobierno con la contundencia que, tanto él como los ciudadanos, nos merecemos.

Quizá convendría recordar que en Brasil vive la población negra más numerosa del mundo fuera de África. La mayoría de sus 200 millones de habitantes son de esa raza, que, sin embargo, sigue estando absolutamente discriminada. No hay más que echar un vistazo a lo que se hacina en las favelas, o al propio gobierno del señor Da Silva con tan solo cuatro ministros negros de los treinta y siete que conforman su gabinete, con lo que su representación no llega ni siquiera a ese 30% de cargos que deben reservarse en la administración pública para esta franja de población, que él mismo ha impuesto el pasado mes de marzo por decreto. 

Más del 60% de los parados en Brasil son negros o mestizos

Y es este individuo, presidente del último país de América en abolir la esclavitud, en el que los hombres negros con estudios superiores ganan de media un 29 % menos que los blancos y en el que más del 60% de los parados son negros o mestizos, el que se permite el lujo de insultarnos. 

Duele la pasividad de un gobierno, el nuestro, que ni siquiera se ha tomado la molestia de elevar una queja formal en defensa de un país, el suyo, que no se merece que le etiqueten de lo que no es. Hubiera bastado con ponerle a Lula frente a su propio espejo. Tan simple como eso. Sin embargo la opción elegida ha sido la del silencio diplomático, que no es más que una forma, bastante humillante por cierto, de otorgar, en nombre de todos, lo que no nos merecemos. De vergüenza, vamos.