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Carta a Pablo Iglesias

Que no hayas querido saludar al Rey con las mismas manos que días antes aplaudían al portavoz parlamentario de la vieja Batasuna pero no a las víctimas de ETA...

Pablo Iglesias, durante una entrevista en TVE

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Querido Pablo Iglesias,

Confieso que me tienes despistado, con esa mezcla de ardor republicano y contrición por la exhibición de una bandera precisamente republicana en la solemne apertura de la XII Legislatura.

Intuyo que el Rey se solaza viendo que, en éste nuestro país, el republicanismo está reivindicado por una variopinta selección de lo mejor de cada casa y que se siente tan amenazado por el fenómeno como el Colegio de Cirujanos de Whitechapel por la medicina alternativa de Jack el Destripador.

Ahí tienes, con esa etiqueta, al bueno de Rufián, a quien no puedo sacarme de la cabeza como oficiante de bodas en Las Vegas disfrazado de Elvis en su etapa madura y el bandullo le sobresalía in the ghetto. O a las no menos encomiables CUP, que probablemente no sean españolas, como dicen, pero tampoco de este planeta.

Y qué decir del socialismo republicano de Bildu y Otegi, más digno de las cátedras especializadas en civilizaciones primitivas que de las modernos máster en políticas que tú mismo, Errejón, Monedero y todos los X-Men y X-Menas de Podemos impartís para no quedaros nada dentro.

Tampoco puede olvidarse a Garzón, Albertito, con ese pin revolucionario que tan valientemente exhibió en el Parlamento mientras a Ana Pastor se le ponía cara de decir “Niños a la cama” y a Rajoy de “no sin antes airear la habitación”.

Pero el más grande de todos fue, una vez más, Diego Cañamero, capaz de lucir una camiseta con hasta seis palabras sin ninguna falta de ortografía: “Yo no voté a ningún Rey”. Como se enteren los americanos, que llevan desde 1787 con la misma Constitución, me veo a vuestro diputado recorriendo Minessota encabezando marchas a favor de una nueva Carta Magna y asaltando algún Walmart para que ningún minesoteño se quede sin su derecho a comer oreja de cerdo.

Nada de lucir ya banderas de la URSS, como la que no hace tanto ondeasteis tú y Errejón en un fiestorro emotivo en el que el aparatoso exceso de vodka que acompañaba vuestra enjuta anatomía no era más que un sutil homenaje a la bebida favorita de los camaradas, por mucho que la caverna dijera que estabais como Charlie Sheen tras quedarse encerrado una noche en las bodegas de Ballantines.

Ahora todo es mucho más refinado y aunque no sé yo si Marx o Bakunin aprobarían que combatierais el capitalismo con el curioso método de estimular como nadie el mercado de abalorios revolucionarios (debe salir por uno ojo y la yema del otro llenar el armario de camisetas del Che, de algún comandante latino, de Margarita Nelken o de los incomprendidos Vladimir y Josef), habéis conseguido hacer del comunismo una mercancía pop, un producto de masas y una inspiración potencial de un concurso en televisión. Por eso se equivoca el Rey –al que intuyo apoyaría Azaña viendo que la monarquía parlamentaria es equivalente a una República decente sin la acepción maniquea tan española- y se equivocará cualquiera que os quite importancia.

No me dirás que no lo petaría un ‘Gran Hermano Revolucionario’ con las distintas facciones de la insurgencia encerradas a convivir en un chalet más como el tuyo en Rivas que como la VPO de Espinar en Alcobendas, que una cosa es vivir en las barricadas y otra que quince culos caguen en el mismo agujero en un espacio sin ventilación.

Me temo que en ese escenario podríais dirimir definitivamente vuestras diferencias tú e Íñigo, con Alberto intentando no dejarse seducir por Carolina mientras Arnaldo encierra en la bodega a Monedero para no perder la costumbre y el propio Espinar intenta vender el inmueble a Anna Gabriel para tener hijos en colectivo, pero siempre al precio marcado por Cristina Cifuentes.

Sería glorioso. Que no hayas querido saludar al Rey con las mismas manos que días antes aplaudían al portavoz parlamentario de la vieja Batasuna pero no a las víctimas de ETA y que lleves diez días presentando a Felipe VI como parte de un siniestro régimen en el que todo es PP menos Podemos, podría demostrar qué mal uso dimos a las becas educativas que el propio Monarca –junto a Blesa- te daba a ti con tu correspondiente genuflexión; pero el éxito de tu gesto en realidad demuestra el fracaso de todos nosotros.

Y que, en el mismo viaje, reivindiquéis la República, el aniversario de Lenin o a los hombres de paz venidos de Euskadi sin que jóvenes y jóvenas os manden a tomar Stalingrado remata la sensación de que estamos perdidos y de que sólo vosotros habéis entendido bien de qué va el tema: consiste en hablar como una Miss sobre la paz en el mundo, vestirse como un haragán que orea la ropa interior y vuelve a calzársela, comportarse como un tronista de Tele 5 y, finalmente, meter en la misma frase para desfondar once o doce palabra clave: gente, calle, pueblo, abajo, arriba, mafia, chorizo, corrupto y, si nos pasa como a Dani Rovira en Ocho apellidos vascos y no nos salen más términos chachis, un Gandalf mismo, que es muy socorrido y muy mágico.

No se puede pelear contra lemas con ideas, es como dejarle a un niño elegir entre aprender logaritmos neperianos o echarse un FIFA en la play; y haber alcanzado tan crucial conclusión es la clave de tu éxito y la explicación a que tantos millones de españoles se traguen tu kamikaze afecto por los secesionistas; tu sectaria invocación a una República más guerracivilista que francesa; tu simpatía por los peores sátrapas de la historia (ya sabes lo que dijo Stalin, como recuerda Martin Amis, “un muerto es un drama; veinte millones una estadística) y tu facilidad para comprar lo peor de los peores para presentarlo como delicatessen política a gentes poco exigentes pero muy aficionadas a la televisión.

La voladura de IU y PSOE

Víctor Hugo, siempre tan vigente y moderno, solía decir que entre políticos y ciudadanos de cada momento existe siempre una complicidad vergonzosa, una sutil manera de decir que siempre tenemos lo que nos merecemos. Tú lo has visto mejor que nadie y, en ese sentido al menos, chapó: te has cargado a IU y el PSOE se ha quedado tan arrasado como el Asador Donostiarra tras una visita de Falete, Demis Roussos y Bud Spencer. En sólo tres años.

Lo siguiente es Ciudadanos y luego ya el PP, que te lo pondrán fácil si siguen pensando más en salvar su trasero que el de todos y compiten entre ellos a ver quién se tiende más trampas en lugar de más puentes, como pidiendo disculpas por existir y aceptando la agenda de otros en lugar de desarrollar al máximo la propia.

Es muy probable que el advenimiento de la República Popular Pablo Iglesias e Iñigo (la REPIPI, para entendernos) coincida con la destrucción del planeta o, algo peor, la lectura obligatoria en los colegios de los ensayos de Monedero. Y si es así, por los viejos tiempos de tertulias televisivas, te ruego tengas a bien deportarnos a algunos a Estados Unidos, a Alemania o cualquiera de esos regímenes pavorosos para que suframos todo lo que nos merecemos, mientras en la antigua España irrumpe un nuevo amanecer y adas, carmenas, baldovís, domeneches y domenechas construís un kibutza madre.

Qué pena perdérselo.

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