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La polémica por la muerte de Pilar Bardem en la elitista clínica Ruber

El fallecimiento de la madre de Javier y Carlos Bardem provoca un intenso debate viral por el sitio elegido para despedirse de la vida y las contradicciones de algunos con lo público.

Pilar Bardem con su hijo Javier

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La familia Bardem está de luto tras la muerte de la matriarca, Pilar Bardem, actriz, activista y presidenta de la Fundación AISGE, la SGAE de los actores y bailarines de España. Unánimemente despedida como icono de la izquierda más rotunda, no ha faltado un punto de polémica en su fallecimiento por una razón ciertamente controvertida.

Y es que madre de Javier y Carlos Bardem, y suegra de la afamada Penélope Cruz, se despidió de la vida en la clínica Ruber de Madrid, una prestigiosa y elitista institución privada que no ha pasado inadvertida para quienes ven en ello la enésima contradicción entre las prédicas de una parte de la izquierda española y el trigo que luego se quedan para sí mismos.

¿Se puede defender la sanidad pública, e incluso denunciar su supuesto deterioro y privatización (más falsa que un duro de madera) y luego elegir la privada? La respuesta es afirmativa, sin duda, pero en todos los casos.



Porque si algo provoca controversia es el agravio comparativo que generan quienes ahora defienden el derecho a morir de Pilar Bardem donde estime oportuno pero ayer, por ejemplo, criticaban que donase a la sanidad pública decenas de millones de euros para luchar contra el cáncer. ¿No deteriora la sanidad pública Bardem siendo usuaria hasta el último aliento pero sí el patriarca de Inditex ayudando en los tratamientos oncológicos?



Cabe recordar que esta polémica, que no debe afectar al respeto que merecen Pilar Bardem y su familia en un momento tan doloroso, ya se vivió con la decisión de Javier y Penélope de traer a su hijo en otro centro privado, el Cedars Sinaí de Beverly Hills, un espacio similar a un hotel de lujo con las mejores atenciones sanitarias del mundo.

Y todo ello genera la sensación, sea o no justa, de que los mismos que imparten doctrina y regañan incluso a la afición, practican luego lo contrario para sí mismos: ¿O acaso no se puede nacer y morir en los mismos sitios que la gente normal? El dilema, al menos, es razonable y enlaza con otros casos ciertamente llamativos:

El mensaje hace mención a Carmen Calvo, que siendo aún vicepresidenta se curó de COVID en la misma clínica donde ha fallecido Pilar Bardem. Y de paso recuerda un contrasentido aparatoso: la nueva ministra de Educación, que aplicará la Ley Celáa tan agresiva con la escuela concertada, lleva a su hijo a un elitista colegio privado.

La moraleja es sencilla: si los servicios públicos se deterioran por la existencia de servicios privados, según su desquiciado razonamiento, se deterioran siempre. También cuando los utilizan ellos. Y si el refuerzo de los primeros no tiene nada que ver con la existencia de los segundos, como parece razonable, no tiene que ver nunca.

Pero esa doble vara de medir en función de los intereses personales, resulta indignante: Ortega no puede ser un ogro por ayudar a la sanidad pública y Bardem una heroína por utilizar la privada. Los dos merecen respeto, por distintas razones. Es así de sencillo.

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