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Siria: el Parlamento y la ciudadanía no estamos en funciones

“No podemos hacer otra cosa. Estamos en funciones”, recita la vicepresidenta Soraya su mantra de la vergüenza sobre los refugiados sirios. Pero sí podemos hacer otra cosa.

Con cinco millones de refugiados sirios, los países vendedores de armas se reúnen en Ginebra para discutir si bombardean un poquito más acá o más allá.

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Cada vez que la vicepresidenta Soraya comparece en Moncloa con el garrote vil en la mano para meter un estacazo a Cataluña y nos recuerda que “la ley es la ley”, repaso las decenas de leyes, normas y derechos fundamentales que su Gobierno incumple por sistema.

Este Gobierno y todos los anteriores se ponen por montera desde el derecho al trabajo hasta el no menos básico derecho a una vivienda digna —laminando la función social de la propiedad proclamada en la Constitución—, pasando por un largo etcétera, con una falta de sensibilidad y escrúpulos dignas del filonazi Mr. Trump.

Se anestesia al personal con una televisión pornográfica (programas de servicio público como Corazón en TVE o basuras tipo Sálvame y Gran Hermano), mucho fútbol a todas horas y abundantes noticias de sucesos, cuanta más sangre, mejor. Sin olvidarnos del Tiempo, que desde la época de Mariano Medina ha prestado grandes servicios al régimen y nos permite subir y bajar en el ascensor bien documentados.

Este Gobierno se pone de perfil mientras se fusilan derechos fundamentales de los estúpidos votantes (en especial de los votantes equivocados, que son aún más estúpidos); pero si se trata de gentes lejanas, como los refugiados sirios, entonces el Gobierno se pone directamente enfrente: ¡Santiago y cierra España!

—Otra cosa no podemos hacer, estamos en funciones —afirma la vicepresidenta, mientras con la patita firma la prórroga de sesenta años para que Celulosas siga pudriendo la ría de Pontevedra.

—Otra cosa no podemos hacer —repiten a coro los gobiernos europeos, líderes mundiales en la Bolsa de la Hipocresía y la Infamia, mientras con la pezuña pagan fondos de reptiles a Turquía para convertir su territorio en un campo de internamiento.

“La ley es la ley”, pero nos la refanfinfla: la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Convención de Ginebra, los tratados internacionales, la dignidad y la conciencia de cada cual… todo importa un bledo: los sátrapas europeos, incluidos nuestros sátrapas en funciones, han decidido contener a los refugiados sirios en un nuevo Guantánamo a las puertas de Europa: “Amado demócrata Erdogan: ¡cierra la muralla!”.

Primero se arman los países hasta los dientes (1,8 billones de dólares en 2014, cantidad que resolvería el hambre y las epidemias en el mundo y nos ahorraría inmensos sufrimientos), luego se invaden los países que tengan gas y petróleo, o se sostienen títeres sangrientos como Gadafi, Bin Laden o Bashar-al-Ásad, y el desastre final de este modus operandi es una “crisis humanitaria”.

¿Qué está pasando en el Mediterráneo?, pregunta en su web Médicos sin Fronteras: 150.000 personas rescatadas en un año por la Operación Mare Nostrum. Como si cogiéramos a todos los vecinos y vecinas de Burgos o de Santander y los metiéramos en pateras… salvo que son sirios, eritreos, afganos, somalíes o nigerianos; y eso importa menos que nada: “En la Unión Europea las personas tienen menos derechos que los animales”.

Con cinco millones de refugiados sirios, los países vendedores de armas se reúnen en Ginebra para discutir si bombardean Siria un poquito más acá o más allá del meridiano Horror. Según Amnistía Internacional, Alemania ha prometido acoger 39.987 sirios y los 26 países restantes de la UE (incluida España) un total de 30.903 plazas de reasentamiento. Menos del 0,7% de los refugiados.

Esta es la vergüenza de gobernantes europeos que tenemos. En España, el Consejo de Ministros de la Infamia aprobó en noviembre pasado el (ojo al rimbombante título) “Programa Nacional de Reasentamiento de Refugiados en España para 2015”: 724 personas, de las que ya hemos acogido dieciocho, que corren el riesgo de ser expulsados si no se integran antes de seis meses.

¡Dieciocho de cinco millones de víctimas inocentes!, pero en la UE, con la bendición del Gobierno Rajoy, hay 3.000 millones de euros dispuestos para que Ankara haga el trabajo sucio: “Somos socios” (Mogherini, jefa de la diplomacia europea).

“No podemos hacer otra cosa. Estamos en funciones”, recita Soraya su mantra de la vergüenza. Pero sí podemos hacer otra cosa: el Parlamento y la ciudadanía no estamos en funciones.

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