| 13 de Abril de 2024 Director Benjamín López

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A Moragas nada le encajaba desde el principio.
A Moragas nada le encajaba desde el principio.

La agria pelea con Cospedal y Moragas que determinó el agónico final de Soria

La renuncia del ministro resultó inevitable el jueves, pero entró antes en un callejón sin salida. El jefe de Gabinete del Presidente le puso las cosas feas.

| Ricardo Rodríguez Opinión

Todo sucedió como en un remolino. Girando y girando, y tantas vueltas dio que lo que pareció del derecho, acabó del revés. Penosa comunicación, piruetas poco creíbles, muchísimos errores, sospechas generalizadas, cruce de papeles (por cierto, hay circulando muchos dossiers) e, incluso para algunos, manos negras que movieron hilos en la sombra. José Manuel Soria se abrió en canal, generó toda suerte de suspicacias, y acabó forzado a dejar la política.

La aparición del ex titular de Industria el pasado lunes como administrador de una empresa offshore en Panamá en 1990 apenas resultó un tentempié de los platos fuertes a lo largo de cuatro días. Soria ofreció un amplio despliegue en rueda de prensa, radios y televisiones para demostrar que a él, a explicaciones, no había quien le ganase. En realidad, su determinación le valió el aplauso del Gobierno y del PP. Todo había sido fruto de un error, todo parecía aclarado.

Claro que el martes nuevos documentos vinculaban al todavía ministro con otra sociedad, UK Lines, que operaba en Las Bahamas. Ahí empezaron a surgir las desconfianzas en Soria, pero éste dio toda suerte de explicaciones a Mariano Rajoy que le autorizó a pedir su comparecencia en el Congreso, en contra de la opinión generalizada en La Moncloa. Entre los escamados, según consta a Esdiario de fuentes solventes, Jorge Moragas, jefe de Gabinete del Presidente. Nada, o casi nada, le encajaba.

El encontronazo vivido entre Moragas y Soria, con la secretaria general del partido, María Dolores de Cospedal, de por medio, en uno de los pasillos centrales del Congreso, ya resultó definitivo para el fontanero monclovita. Según desvelan ahora esas fuentes, el aún responsable ministerial le aseveró: “¡Que yo sólo tengo dos sociedades! Te lo repito: ¡dos sociedades!”. Bajo la mirada de Jorge Moragas, José Manuel Soria compareció entonces y negó su relación con paraísos fiscales y se desvinculó de empresa alguna desde su entrada en política en 1995.

Moragas, insisten los consultados, abandonó la Cámara Baja profundamente malhumorado, presto a activar un Mayday, el código de emergencia, en la sede de la presidencia del Gobierno, aunque listo también a asumir el control de daños de la anunciada aparición parlamentaria de Soria, la misma que, ante su adiós del Gobierno, nunca llegará a celebrarse. La salida a la luz del vínculo de José Manuel Soria, como administrador, en otra empresa de otro paraíso fiscal, Jersey, con su firma fechada en 2002, ponía punto y final a su tiempo en el coche oficial.

Nada más había que decir ni nuevas justificaciones que ofrecer, aun cuando el propio Soria gestionó aparecer en el programa El Cascabel de 13TV. Lo hizo “por imperiosa necesidad personal”. Fuentes de su entorno trasladaron que “está jodido” o que “se lamenta que no le hayan dejado acudir ante la Comisión del Congreso”. Está claro que Mariano Rajoy dejó caer a José Manuel Soria, superado por los acontecimientos, por mucho que él mismo difundiese que “no me ha pedido que renunciara. Iba a respetar mi decisión fuera una u otra”.

Da igual. Soria puso todo de su parte para acabar de hacer inevitable su adiós del Ejecutivo. Si se sacrificó él mismo o no en beneficio del PP, en este caso, coincide milimétricamente y milagrosamente con el del propio Rajoy. Gobernar es decidir. Y decidir es optar. Entre lo malo y menos malo. El affaire Soria había estallado a los populares en el peor momento posible: Con Pedro Sánchez resistiéndose a firmar el acta de defunción de un pacto PSOE-Podemos-C´s y con una nueva llamada a las urnas en ciernes.

Desde luego, la continuidad del canario en sus funciones habría dado munición de gran calibre a la oposición en bloque. Y lo peor que podría suceder al Partido Popular es que los escándalos le marcasen los tiempos.