| 24 de Abril de 2024 Director Benjamín López

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Viaje por la gran pesadilla de Picasso

¿Qué otra masacre pudo inspirar el 'Guernica'? ¿Quiénes son las mujeres del cuadro? ¿Cuánto costó? He aquí algunas respuestas para algunas de las preguntas y enigmas de la mítica obra.

| Pedro Pérez Hinojos Opinión

El grito más estremecedor de la historia del arte contra el horror de la guerra y la mejor representación de las transformaciones brutales que ha traído el siglo XX. En esas dos conclusiones se resumen el caudal interminable de juicios e interpretaciones que el Guernica, la obra cumbre de Pablo Ruiz Picasso, ha generado y sigue despertando ochenta años después de su creación.

Un jerarca nazi le preguntó a Picasso si había hecho ese cuadro. El artista respondió: No, lo hicisteis vosotros

Un cumpleaños redondo que ha motivado una exposición antológica en el Museo Reina Sofía, Piedad y terror en Picasso: el camino a Guernica, que reúne cerca de 200 obras del artista, procedentes de los fondos de la colección del museo y de más de 30 instituciones de todo el mundo, entre ellas el Musée Picasso y el Centre Georges Pompidou de París, la Tate Modern de Londres, el MoMA y el Metropolitan Museum, de Nueva York, o la Fundación Beyeler, de Basilea. 

El propósito de la exposición es explorar la ruta creativa que condujo a Picasso a pintar este cuadro en blanco y negro, con una paleta variadísima de grises y pinceladas azuladas y sin una gota de rojo, de sangre. Y en esta indagación, de nuevo volverá a ponerse el foco en los fascinantes símbolos que contiene el mural, así como en los efectos e influencias que ha tenido para la posteridad.

Porque, sin duda, el Guernica, la magistral creación de Picasso, continúa y continuará rodeada de misterios y anécdotas, como corresponde a un icono de la cultura universal. He aquí un breve viaje por esa obra, una pesadilla genial e incomparable.

Un encargo despachado en siete semanas... y con retraso

A comienzos de 1937, una delegación del gobierno de la República en la que se encontraban, entre otros, el escrito Max Aub y el arquitecto Luis Lacasa, visitó en París a Picasso para hacerle un encargo. Se le pidió que pintara un gran mural de 11x4 metros para decorar el atrio del Pabellón de la República Española de la Exposición Internacional de París.

El maestro malagueño se lo pensó, porque nunca antes había afrontado una obra de esas dimensiones. Pero finalmente aceptó y logró ejecutar el encargo en poco más de mes y medio a finales de la primavera de 1937, tras una actividad febril. Claro que esta velocidad de ejecución no impidió que la obra llegara con retraso al pabellón, luciendo aquella un mes más tarde de la inauguración de la exposición.  El mural fue valorado por el propio Picasso en 200.000 francos, atendiendo solo al coste de los materiales. Lo cobró en dos partes: un primer pago de 50.000 francos y otro final de 150.000.

 

La masacre de Guernica... o de Málaga

Está fuera de duda que el pintor se dejó llevar por el impacto que le causó la destrucción de la villa vasca de Guernica a causa del bombardeo de la Legión Cóndor al servicio del ejército franquista el 26 de abril de 1937, justo en los días que comenzaba a preparar su mural. Otros estudiosos, no obstante, sostienen que Picasso también pudo inspirarse en otra masacre de la Guerra Civil, sucedida además en su tierra natal malagueña.

En concreto, se trata del episodio conocido como La Desbandá, cuando una columna de civiles y milicianos huían por carretera desde Málaga hasta Almería y fueron atacados por la aviación y por la artillería de barcos franquistas desde la costa. Cerca de 3.000 personas murieron en este ataque, sucedido el 8 de febrero de 1937. Se dice que Picasso incluso tenía un boceto del mural a principios del mes de marzo, cerca de mes y medio antes del bombardeo de Guernica, donde fallecieron en torno a 200 civiles.

De Goya a Hemingway

Picasso sentía devoción por los grandes maestros de la pintura y por sus grandes obras, de las que hizo sus propios estudios y revisiones. Esta inspiración también se deja ver en el Guernica, donde los expertos encuentran huellas de algunas de las creaciones más admiradas por el apóstol del cubismo. El aura e incluso la composición de cuadros como Los horrores de la guerra de Rubens o Batalla entre romanos y sabinas de Mirola, los dos pintores del siglo XVI, se hacen nota en el mural picassiano.

También es innegable la influencia de Goya y sus Desastres de la guerra en el espíritu y el cromatismo de la obra. Algunos expertos señalan incluso algunas referencias en el mundo del cine, como la película Adiós a las armas (1932), inspirada en el libro de Ernest Hemingway, buen amigo de Picasso, dirigida por Frank Borzage. El prestigioso director de fotografía, José Luis Alcaine, sostiene que existe una secuencia en la cinta muy parecida al cuadro.

Olga, Dora, Marie Therese...

Se da por sentado que el cuadro están representadas las tres mujeres que en aquel momento formaban parte de la vida del artista. En primer lugar, su esposa, la bailarina rusa Olga Khoklova, a la que muestra entre llamas en el hombre que implora mirando al cielo, como modo de olvidarla. También aparece Marie Therese Walter, amante del pintor y madre de su hija Maya, a la que representa guiando el camino como la mujer de la lámpara.

Por último, está Dora Maar, también amante, que podría tener una doble presencia, tanto en la mujer arrodillada y deshecha en lágrimas, como en el toro androcéfalo, ya que sus rasgos se parecen a los de esta artista francesa. Maar recibió además el encargo de fotografiar el proceso de creación del cuadro e incluso algunas aseguran que intervino en el mismo de manera muy humilde. Y es que se le atribuye la autoría de algunas de las rayitas verticales que aparecen en el caballo.

Picasso pintando el Guernica, una extraña foto de la colección de Javier Tusell

Una obra nazi

El régimen nazi arremetió enseguida contra la obra. La acción más sonada contra ella fue incluirla dentro del catálogo de creaciones prohibidas y denostadas por el partido dentro de la guía alemana de la Exposición Universal, describiéndola despectivamente como una “mezcla de partes del cuerpo que cualquier niño de cuatro años podría hacer”. Se cuenta también que Picasso tuvo sus más y sus menos con un jerarca de la Gestapo, que le salió al paso con una foto del cuadro en la mano y preguntándole si él había hecho esa pintura.  A lo que el artista respondió: “no, lo hicisteis vosotros”.

De la casa neoyorquina hasta el retorno de la República

Fue deseo del propio Picasso que el cuadro no pisara suelo español hasta que desapareciera el Franquismo. Para ello eligió el MoMA de Nueva York. Desde allí viajó por Estados Unidos y todo el mundo, en un itinerario que incluyó Oslo, Estocolmo, Gotemburgo, Manchester, Londres, París, Copenhague, San Francisco, Chicago o Los Ángeles.

Esta gira alimentó la fama mundial de Picasso pero también causó algunos daños al cuadro. En 1968 el gobierno español reclamó la devolución del cuadro, pues fue sufragado en su origen por fondos públicos españoles. Pero el abogado del pintor respondió que sería devuelto cuando se restaurase la República. En 1970 el artista sustituyó esta última condición por el restablecimiento de “las libertades públicas” en España. Once años después, en 1981, se produjo el ansiado desembarco.

Contra la guerra de Vietnam

El único sobresalto que padeció el cuadro en Nueva York fue el ataque de un desequilibrado que afortunadamente no tuvo consecuencias irreperables. El autor, Tony Shafrazi, pertenecía a una organización AWC (Artist Workers Coalition), que entendía el arte como un arma contra la guerra de Vietnam. Así, el  28 de febrero de 1974, Shafrazi decidió que la mejor forma de quejarse por la amnistía que Nixon había concedido a William Caley, uno de los responsables de la masacre de My Lai, fue  pintar sobre el Guernica la frase “Kill lies all” (“Matar a todas las mentiras”) en pintura roja. Por suerte, una capa de resina que se le había dado previamente al cuadro evitó males mayores.

Un museo para un cuadro

Una de las razones principales que motivaron la creación del Museo Reina Sofía, como el gran centro para el arte contemporáneo español, fue la necesidad de habilitar un espacio para el Guernica una vez que volvió a España en 1981. Su primer hogar en España fue el Casón del Buen Retiro, pero en 1992 se mudó definitivamente a su actual emplazamiento, en las estancias del viejo hospital de Sabattini. Allí se cuenta además con espacio suficiente para exponer los 45 bocetos que se conservan, así como las citadas fotografías de Dora Maar que documentan su proceso de creación y la maqueta del Pabellón de la República Española donde se expuso por primera vez.