EL BISTURÍ

Ojeras y bolsas en los párpados: la solución es una blefaroplastia inferior

A medida que envejecemos, los tejidos que rodean los ojos, especialmente la grasa orbitaria, tienden a desplazarse o protruir, generando un aspecto abultado y sombreado en la zona inferior de las órbitas, que dan sensación de mal descanso en los pacientes con esta condición. 

Operación cirujía plástica blefaroplastia.

Publicado por
César Casado

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La blefaroplastia  inferior es el procedimiento quirúrgico que tiene como objetivo corregir la forma de los párpados inferiores, principalmente tratando el exceso o herniación de las bolsas grasas ahí localizadas y la flacidez de la piel, es decir, las estructuras que con el paso del tiempo dan apariencia de cansancio o envejecimiento. Se busca restaurar no solo un contorno juvenil, suave y natural del párpado inferior, sino que mejora significativamente de forma global la expresión facial.

Este procedimiento está indicado para pacientes que presentan bolsas grasas prominentes en los párpados inferiores (generalmente se identifican tres compartimentos grasos: medial, central y lateral). Esa grasa puede ser extirpada parcialmente o reposicionada hacia el surco lagrimal. También se realiza en quienes se evidencia un exceso o laxitud de piel en la zona inferior del ojo, arrugas marcadas debajo del ojo, surco lagrimal profundo o aspecto de fatiga permanente, sin causa médica asociada. Puede efectuarse también por motivos funcionales, especialmente si el paciente padece una malposición del borde del párpado, principalmente con eversión del mismo (ectropion), lo cual provoca irritación ocular continua.

Antes de la intervención, es fundamental realizar una evaluación clínica detallada que incluya una historia médica completa que descarte enfermedades que podrían estar enmascaradas en una malposición palpebral (por ejemplo, problemas de hipertiroidismo), una evaluación de la calidad y laxitud cutánea así como del tono muscular, de cara a poder anticipar el riesgo de ectropion postoperatorio, y comentar con el paciente sus expectativas reales, los riesgos y los resultados esperados.

Para la intervención propiamente dicha, existen varias técnicas de blefaroplastia inferior, que se eligen según la anatomía del paciente, el tipo de bolsas y el estado de la piel. Se denominan de una u otra forma en función de cuál es la vía de acceso a las bolsas grasas del párpado inferior. Las dos principales son la conocida como blefaroplastia transconjuntival, preferida cuando no hay exceso de piel, y la transcutánea, cuando además hay un exceso de piel que debe eliminarse. Ambas pueden realizarse con anestesia local o con anestesia general.

La técnica transconjuntival consiste en una incisión en la cara interna del párpado (conjuntiva), lo que evita cicatrices externas visibles. A través de esta vía, accedemos a las bolsas grasas y las podemos resecar (eliminando el exceso de grasa que detectemos) o redistribuir a zonas orbitarias donde falte grasa (como el surco lagrimal). para crear una transición suave entre el párpado y la mejilla. Es un abordaje menos invasivo, con una recuperación más rápida y menor riesgo de alteraciones en la posición del párpado, con la ventaja añadida de no precisar puntos de suturas en la conjuntiva.

La técnica transcutánea implica una incisión en la piel, generalmente justo debajo de la línea de las pestañas inferiores, aunque en función del exceso cutáneo y calidad de la piel, pued ubicarse en el reborde orbitario inferior. Se utiliza cuando, además de las bolsas grasas, debemos resecar piel sobrante o tratar arrugas finas y flacidez. Pese a tener un riesgo ligeramente mayor de complicaciones, como la retracción del párpado, no se reserva solo para casos específicos, dado que es un abordaje clásico preferido aún por muchos especialistas.

En algunos casos, la blefaroplastia inferior se puede combinar con láser o peeling químico para mejorar la textura y pigmentación de la piel a ese nivel.

Respecto a la recuperación tras esta intervención, cabe destacar una recuperación muy rápida en casos transconjuntivales, pero algo mayor cuando debemos retirar piel, o cuando se realiza un anclaje de un canto en casos de cirugías funcionales por ectropion. Después de la cirugía, el paciente presenta inflamación y hematomas menores durante los primeros 5 a 7 días, sensación de ojo seco y ligera tensión o molestia, muy controlable con analgésicos comunes. Se recomienda aplicar frío local durante los 2 primeros días y evitar los esfuerzos físicos, la exposición al sol y el uso de lentes de contacto al menos 10 días. El uso de colirios lubricantes y antibióticos tópicos son de utilidad sobretodo en abordajes transconjuntivales. El resultado definitivo se aprecia tras 1 a 3 meses, aunque muchos cambios positivos son evidentes desde la segunda semana.

Como cualquier cirugía, la blefaroplastia inferior no está exenta de riesgos, aunque son poco frecuentes en manos expertas. Desde hematomas o infecciones, ectropión postoperatorio (descenso del borde del párpado inferior) o discretas asimetrías son algunos de ellos. La elección adecuada de técnica y una correcta evaluación preoperatoria minimizan estas complicaciones.

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La blefaroplastia inferior es una cirugía altamente eficaz para rejuvenecer la mirada, eliminar bolsas y armonizar el tercio medio facial. La elección entre la vía transconjuntival o transcutánea depende del grado de exceso cutáneo, la tonicidad del párpado y la anatomía individual. Con una correcta indicación y técnica quirúrgica, los resultados son naturales, duraderos y con una recuperación bien tolerada. Como toda cirugía estética, debe ser realizada por especialistas con adecuada formación y titulación.