Menopausia: la gran conversación pendiente sobre la salud femenina

Profesor Dr. Juan José Vidal Peláez. Jefe de la Unidad de la Mujer del Hospital Ruber Internacional

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Durante décadas, la menopausia ha sido una de las grandes cuestiones silenciadas de la salud femenina. Millones de mujeres la atravesaban aceptando como inevitables síntomas que afectaban a su bienestar físico, emocional y sexual. Los sofocos, el insomnio o los cambios de humor se despachaban con resignación, como si cumplir años implicara renunciar a sentirse bien.

Cada 18 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Menopausia, una fecha que debería servirnos para reflexionar sobre cuánto hemos avanzado y, sobre todo, cuánto nos queda por hacer para que las mujeres afronten esta etapa con información, atención médica y sin prejuicios.

Afortunadamente, esa percepción está cambiando, aunque todavía queda mucho camino por recorrer.

Como ginecólogo, después de toda una vida dedicada a la salud de la mujer, considero que uno de los principales avances de nuestra especialidad ha sido comprender que escuchar a nuestras pacientes y atender sus necesidades individuales resulta tan importante como desarrollar nuevos tratamientos.

La menopausia es un buen ejemplo. No hablamos de una enfermedad, sino de un proceso biológico natural que suele producirse entre los 45 y los 55 años. Sin embargo, reducirla a la desaparición de la menstruación supone ignorar buena parte de sus consecuencias.

La disminución de los estrógenos provoca cambios que pueden afectar al descanso, al estado de ánimo, a la salud cardiovascular, a los huesos, al metabolismo y a la vida sexual. Algunas mujeres apenas experimentan molestias, mientras que otras sufren síntomas que condicionan seriamente su calidad de vida. Y ninguna debería sentirse obligada a soportarlos en silencio.

Vivir más años exige cuidar mejor la salud

Existe una realidad que debería hacernos reflexionar. Hace poco más de un siglo, la esperanza de vida femenina era considerablemente inferior a la actual. Hoy, muchas mujeres vivirán treinta o incluso cuarenta años después de la menopausia.

Hablamos de décadas en las que continúan desarrollando su carrera profesional, cuidando de sus familias, emprendiendo proyectos y participando activamente en la sociedad.

Sin embargo, durante demasiado tiempo hemos prestado una atención insuficiente a su salud durante esta etapa.

También persisten prejuicios culturales. La menopausia se ha asociado tradicionalmente con el envejecimiento, la pérdida de feminidad o el final de una determinada forma de entender la vida. Ideas equivocadas que no responden a la realidad de las mujeres actuales.

Cumplir cincuenta años no significa perder vitalidad ni capacidad para disfrutar de la vida. Significa iniciar una etapa diferente, con necesidades de salud que merecen atención específica.

Ni resignación ni tratamientos indiscriminados

La medicina dispone hoy de herramientas para mejorar significativamente la calidad de vida durante la menopausia.

Mantener una actividad física regular, cuidar la alimentación, preservar la masa muscular, dormir adecuadamente y controlar los factores de riesgo cardiovascular son medidas fundamentales. También contamos con tratamientos eficaces para aliviar los síntomas cuando afectan al bienestar.

La terapia hormonal merece una reflexión particular. Durante años estuvo rodeada de controversia tras la publicación de grandes estudios a comienzos de este siglo. Aquellas investigaciones generaron una preocupación comprensible, pero también interpretaciones excesivamente generalizadas.

La evidencia posterior nos ha permitido comprender mejor que sus beneficios y riesgos dependen de la edad, los antecedentes personales, el tiempo transcurrido desde la menopausia y el tratamiento utilizado.

En mujeres adecuadamente seleccionadas, puede ofrecer beneficios importantes para controlar los síntomas y prevenir la pérdida ósea. Pero no está indicada para todas y requiere una valoración individualizada.

Ese es el mensaje: ni miedo injustificado ni tratamientos indiscriminados. Información rigurosa, criterio médico y decisiones compartidas con cada paciente.

Una atención que debe ir más allá de la ginecología

Otro gran avance es comprender que la menopausia necesita un abordaje integral. Durante años se consideró una cuestión exclusivamente ginecológica. Hoy sabemos que puede requerir la colaboración de distintas especialidades.

Cardiología, endocrinología, nutrición, fisioterapia, psicología o medicina del ejercicio pueden desempeñar un papel relevante en la prevención y el tratamiento.

Desde la Unidad de la Mujer del Hospital Ruber Internacional defendemos esa visión global, basada en la prevención, el seguimiento y la atención personalizada.

Porque no existen dos mujeres iguales, como tampoco existen dos menopausias idénticas.

La menopausia no debe vivirse como una renuncia

Después de tantos años de ejercicio profesional, tengo algo especialmente claro: la medicina no debe limitarse a prolongar la vida. Debe contribuir a que esos años se vivan con salud, autonomía y bienestar.

La menopausia no debería interpretarse como el principio de una pérdida, sino como una transición que puede afrontarse con información y acompañamiento adecuados.

Necesitamos que las mujeres hablen de sus síntomas sin vergüenza, que los profesionales las escuchemos sin minimizarlos y que la sociedad deje de considerar esta etapa un asunto secundario.

Porque normalizar la menopausia no significa restarle importancia. Significa reconocerla, comprenderla y atenderla como merece.

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La menopausia no marca el final de la vida plena de una mujer. Lo que debería marcar es el final del silencio con el que tantas generaciones se han visto obligadas a vivirla.