Del miedo a la calma: supervivencia emocional ante la ola de seísmos y desastres naturales

La combinación de la preparación técnica, la información veraz y la atención a la salud emocional, de niños y adultos, constituye la mejor herramienta colectiva para convivir con la naturaleza activa de nuestro planeta.

El delegado del Gobierno en Andalucía, Pedro Fernández, y el subdelegado en Granada, José Antonio Montilla, y el alcalde de Gójar, Joaquín Prieto, visitan una calle del municpio, epicentro de uno de los terremotos de 4,8 Mw del actual episodio sísmico.DELEGACIÓN DEL GOBIERNO EN ANDALUCÍA

En los últimos días, la provincia de Granada se ha convertido en el epicentro de la atención informativa y de la preocupación social debido a una intensa serie sísmica. Con dos terremotos principales de magnitud 4,8 -registrados de forma casi simétrica los días 15 y 18 de agosto- y con constantes réplicas que han sacudido el terreno de forma intermitente, la población local experimenta una mezcla de incertidumbre, alerta y cansancio emocional. Este fenómeno, sumado a un verano marcado por incendios forestales e inundaciones torrenciales en la geografía nacional, ha reabierto el debate sobre cómo la ciencia explica estos procesos y cómo la psicología nos ayuda a gestionar el estrés derivado de los desastres naturales.

La ciencia tras el enjambre sísmico: un efecto dominó tectónico

Para comprender la situación actual es fundamental desvincular los fenómenos atmosféricos de los movimientos internos del planeta. El Instituto Geográfico Nacional (IGN) ha recordado que la Vega de Granada es una de las zonas con mayor actividad tectónica de España. Aquí, la fricción sigue entre la placa africana y la ibérica genera tensiones acumuladas que se liberan a través de una densa red de fallas de pequeña extensión.

A diferencia de un gran terremoto aislado que reduce su intensidad paulatinamente, el comportamiento actual responde a un enjambre sísmico.

Los sismólogos explican que este proceso funciona como un efecto dominó: la ruptura o el movimiento de una pequeña falla transfiere de inmediato la tensión acumulada a los segmentos adyacentes. Este mecanismo desencadena un patrón disperso de seísmos ("pequeño-grande-pequeño-grande") que dificulta la predicción exacta de su finalización, pero que entra dentro de los registros históricos normales de la provincia.

Las réplicas recientes, que han oscilado entre magnitudes imperceptibles y picos notables de hasta 4,0, representan el reajuste natural de la corteza terrestre para recuperar el equilibrio mecánico.

Afortunadamente, las edificaciones modernas y las estrictas normativas sismorresistentes aplicadas en la región han evitado daños mayores. Aunque se han registrado desprendimientos de cornisas, grietas menores en el centro de salud de Zaidín y el cierre preventivo de espacios icónicos como la Alcazaba de la Alhambra tras el temblor del 18 de agosto, las autoridades han confirmado que no existen víctimas mortales y que los heridos leves ya reciben asistencia.

El impacto en la salud mental: hipervigilancia y fatiga por crisis

La persistencia de las réplicas genera un impacto invisible pero profundo en la salud mental de los ciudadanos. La psicología de emergencias define el estado actual de muchos granadinos como "hipervigilancia" o "fatiga por crisis". Se trata de un mecanismo de defensa biológico: ante la posibilidad de un nuevo temblor, el cuerpo permanece en un estado de alerta constante, inundando el sistema nervioso con cortisol y adrenalina. Esto se traduce en insomnio, irritabilidad, taquicardias o un nudo permanente en el estómago.

A esta tensión física se suma la fatiga informativa. La inmediatez de los teléfonos móviles y la exposición continua a imágenes impactantes o bulos en redes sociales alteran la percepción real del peligro. Para mitigar esta de ansiedad, los expertos coinciden en la necesidad de aplicar una estricta "dieta informativa": limitar el acceso a las noticias a uno o dos momentos específicos al día, evitar las pantallas antes de dormir y recurrir exclusivamente a canales oficiales como Emergencias 112 Andalucía o el IGN.

Asimismo, se recomienda recuperar las rutinas diarias para enviar señales de estabilidad al cerebro. Técnicas de enraizamiento como el grounding -centrar la atención en los cinco sentidos durante un momento de pánico- y mantener los horarios habituales de comidas y sueño actúan como anclas emocionales que alivian la carga del estrés crónico.

Cómo proteger la calma de los más pequeños

Uno de los mayores desafíos para las familias durante un enjambre sísmico es la gestión del miedo infantil. Los niños absorben de forma directa los niveles de estrés de los adultos que los rodean. Por ello, la primera pauta psicológica para los padres y tutores es mantener una actitud serena y controlar las conversaciones cruzadas sobre daños o temores en su presencia.

Para niños menores de seis años, los psicólogos sugieren utilizar metáforas sencillas e inocuas, explicando que la Tierra a veces "se estira o tiene hipo" porque es muy grande y necesita acomodarse. Para niños de entre 6 y 11 años, se puede recurrir a la analogía de las piezas de un puzle (las placas tectónicas) que se rozan entre sí.

El pilar fundamental de la intervención infantil es la validación emocional y la seguridad. Frases como "sé que este ruido asusta, pero estamos juntos y protegidos" ofrecen un soporte afectivo superior al simple y evasivo "no pasa nada". Además, alejar por completo a los niños de los informativos televisivos evita que su imaginación magnifique los daños materiales. Transformar la prevención en un rol activo -como jugar a identificar los lugares más seguros de la habitación o preparar de forma lúdica los objetos indispensables de una mochila de emergencia- devuelve a los más jóvenes una valiosa sensación de control frente a la incertidumbre.

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La Tierra continuará su proceso de reajuste en los próximos días, y con ella, la comunidad de Granada mantendrá su resiliencia. La combinación de la preparación técnica, la información veraz y la atención a la salud emocional constituye la mejor herramienta colectiva para convivir con la naturaleza activa de nuestro planeta.