Esta es una historia real

El asesinato de Gregorio Ordóñez y el silencio sobre las víctimas de ETA protagonizan una reflexión que acusa a los actuales dirigentes políticos de alimentar el olvido y debilitar la memoria democrática

La viuda de Gregorio Ordoñez, Ana Iribar, durante un homenaje a Gregorio Ordoñez, en el cementerio de Polloe.Unanue / Europa Press

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Ha muerto Maricarmen. Y los lideres de la izquierda ya han sentenciado: “no ha sido una muerte, ha sido un asesinato”.

Siempre he creído que un ecologista, una persona que ama la Naturaleza y a todos los seres vivos que comparten esta pequeña perla azul que nos lleva en viaje milagroso a través del inmenso e inhóspito Cosmos, aman, sobre todo y por encima de todo, la Vida.

Ayer, un documental proyectado en Madrid sobre Goyo, -“Esta es una historia real”-, trajo a mi memoria, a mi alma y a mi corazón, esa convicción íntima.

Tuve el privilegio de trabajar codo con codo con Goyo. Fueron algo más de cinco años. Tras su asesinato, continúe cinco años más en el País Vasco. Después, pasé a formar parte de la legión de exiliados vascos de nuestra democracia. Algunos estudios, hablan de más de cien mil.

El coloquio posterior a la proyección cinematográfica debería formar parte de la educación elemental de nuestros adolescentes y jóvenes. Su viuda Ana Iribar, la María San Gil que valientemente tomó el testigo de Goyo y el director del documental, Iñaki Arteta, trasladaron a todo el auditorio un soplo de aire fresco. No había odio ni rencor en su apelación a no perder la memoria ni el recuerdo. Había un esperanzador anhelo de ser valientes para seguir defendiendo la libertad.

Un llamamiento, sobre todo, a los más jóvenes. Ellos no tienen memoria de cómo llegó nuestra democracia y quien quiso acabar con ella. Sólo asisten a este último acto en el que los verdugos se disfrazan de víctimas mientras acusan a sus víctimas de asesinos.

Pero muchos de los jóvenes de hoy no conocen de dónde venimos y, por tanto, es difícil que puedan saber a dónde vamos. No conocen que este baile macabro de disfraces ya se ensayó hace más de treinta años. No lo conocen porque Zapatero, Sánchez y Otegui así lo pactaron. Porque necesitan de la desmemoria para conseguir su victoria definitiva.

Goyo amaba la vida, la suya propia y la de los otros. Goyo era un político que saltaba sin miedo los muros, pactando sin complejos con los adversarios, nunca enemigos. Hizo alcaldes de San Sebastián a un candidato del PNV, en otra legislatura a un candidato de Eusko Alkartasuna y en otra a un candidato del PSE-PSOE. Creía en la cultura del pacto, el respeto y el entendimiento entre diferentes.

Era una persona auténtica, sin complejos. Y sólo con una línea roja; no pactar nunca ni tolerar nunca a los intolerantes y a los violentos, que quieren imponer su verdad unilateral por la fuerza. Entonces, HB. Entonces, Otegui y todos los terroristas como él. Ahora, Otegui, Sánchez y todos sus socios.

Por eso mismo lo asesinaron hace ya casi treinta y un años. Porque iba a ser el próximo alcalde de su querida ciudad donostiarra. Los asesinos de ETA le descerrajaron un tiro en la nuca mientras almorzaba en una tasca de la parte vieja de san Sebastían con María San Gil. Murió en el acto, mientras María salía corriendo a perseguir al asesino encapuchado. Algunos de los que hoy califican de asesinato la muerte de Maricarmen, celebraron la muerte de Goyo. Nunca la condenaron.

Al poco tiempo, ETA también intentó asesinar a quien iba a ser el próximo presidente del gobierno de España, José María Aznar. Fue un 19 de abril. Pero Aznar salió ileso del vehículo blindado destrozado por la bomba, que acabó con la vida de una ciudadana a la que el destino hizo pasar por ahí cuando el terror estaba actuando.

Goyo no pudo llegar a ser alcalde de Donostia porque ETA lo asesinó. Aznar si pudo llegar a ser presidente del gobierno de España en 1.996. Por la mínima, pudo gobernar en condiciones precarias. Y cuatro años después, en el año 2.000, ganó las elecciones por mayoría absoluta. Antes, ETA trató de evitarlo con el asesinato del joven concejal vizcaíno Miguel Ángel Blanco. Pero ganó Aznar y en pocos años el conglomerado de ETA estaba vencido política, social, económica y policialmente.

En el País Vasco, personas como María San Gil, Mayor Oreja, Carlos Iturgaiz y el propio Miguel Ángel Blanco, junto con muchos otros, -muchos asesinados en años posteriores-, lideraron el legado de Goyo para llegar a convertir el PP vasco, en la segunda fuerza política de Euskadi, pisando los talones al PNV y superando ampliamente al PSE-PSOE y a HB-Bildu.

Pero llegó el 11-M y llegó el pacto de Zapatero con la ETA ya vencida. Zapatero, Sánchez y Otegui han pactado que los jóvenes no lleguen a saber nunca lo que pasó. Y que los mayores tengan miedo de recordarlo. Necesitan negar la memoria para deformarla hasta hacerla irreconocible, convertir la mentira en verdad y la verdad en mentira. demonizar al adversario que no se pliega a sus ideas y deseos e intimidar a cualquiera que se interponga en su camino.

Este es el escenario que vienen construyendo desde el 11-M y el Pacto de Tinell. ETA dejó de matar porque, ya derrotada, le resultaba difícil rehacerse, pero sobre todo porque con Zapatero ya no lo necesitaba para conseguir sus objetivos de acabar con la libertad. Pasó a ser un objetivo compartido por ambos.

Un escenario que culmina ahora, veinte años después, con las próximas elecciones del 29-N. Con una inédita huelga general contra la oposición, alentada desde UGT y CC.OO., los sindicatos del gobierno, y desde el propio gobierno de Sánchez, Zapatero y Otegui. Una huelga general contra el Congreso. La calle, contra el Congreso. La violencia, contra la palabra. El activismo violento, contra la representación de la soberanía nacional. Los tiempos más negros de Euskadi, ahora extendido a las elecciones generales.

Ellos, los de su lado del muro, dicen ser los demócratas y las víctimas que luchan contra el fascismo. Una farsa sostenida desde el poder y sus terminales. Una farsa que sólo quiere acabar definitivamente con la libertad y la democracia.

Goyo amaba la vida, la convivencia y la concordia. Y por eso amaba la libertad. Porque no hay vida digna de ser vivida sin libertad. Y la gran farsa es que muchos que hoy se dicen ecologistas y defensores de los seres sintientes, ayer asesinaban al discrepante o celebraban los crímenes sin condenarlos. Muchos de los que hoy describen como asesinato la muerte de Maricarmen, ayer callaban ante el crimen de Goyo. Todavía hoy no lo condenan.

Los fascistas son ellos, los enemigos de la libertad son ellos, y los enemigos de la democracia son ellos. Esos lobos que se envuelven ahora en la bandera del drama de la vivienda para construir su disfraz de corderos que defienden a los débiles ante los poderosos, ante los capitalistas insensibles, son los mismos que antes se envolvieron en las banderas de los trabajadores explotados, la lucha contra el cambio climático, la pobreza energética, o los inmigrantes irregulares. Son los anticapitalistas. Los antifas. Pero sus actuales lideres tienen pasado. Ellos son los fascistas y totalitarios.

Es momento de recordarlo ahora, antes de que sea tarde, como ha sucedido en otros países que acabaron perdiendo sus democracias, descompuestas desde dentro por presidentes y líderes corruptos y tiránicos.

Comprendo que muchos jóvenes no tengan la memoria que les ha sido deliberadamente hurtada. Pero me cuesta comprender a muchos mayores, que teniendo la memoria porque les tocó vivirlo, prefieren sepultarla.

Comprendo que no todos estaríamos dispuestos a dar la vida por la libertad de todos, como hizo Goyo. Pero me cuesta comprender que muchos ni siquiera estén dispuestos a entregar un poco de su comodidad personal o profesional para no callar ante la mentira, para no permanecer impasible ante la injusticia.

Cuando alguien del público preguntó ayer en el coloquio que haría o diría hoy sobre lo que está pasando Goyo, Gregorio Ordoñez, mi imaginación voló hacia el cielo de la ilusión, la esperanza y el compromiso. Porque sus valores, sus ideas y su forma de defenderlas son hoy más necesarias y están más vigentes que nunca.

Nuestro insigne poeta Antonio Machado, en tiempos tenebrosos que algunos creíamos ya superados, clamaba entonces, antes de que se desencadenara la tragedia: «Tu verdad, no: la Verdad. Y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela»

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PD: Aquí queda el acceso a “Esta es una historia real” para quien quiera tener memoria…o recuperarla.