| 21 de Febrero de 2024 Director Antonio Martín Beaumont

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Carlos Mazón, president de la Generalitat y Ximo Puig, secretario general del PSPV-PSOE.
Carlos Mazón, president de la Generalitat y Ximo Puig, secretario general del PSPV-PSOE.

La oferta de Mazón y el "infantilismo político"

El PSPV y su actual líder se niegan hacer un histórico servicio a la Comunitat, al igual que en su día se negó Albert Ribera a España y que Ximo Puig criticó.

| Josep María Felip Edición Valencia

La hemeroteca es tremenda. Hace cuatro años Ximo Puig tildaba la actitud del hoy desaparecido líder de Ciudadanos, Albert Ribera, de “infantilismo político” por negarse apoyar a Pedro Sánchez, actitud que le llevo a su declive y desaparición de la política nacional. Sostenía que era su estrechez de miras –la de Albert Ribera- la explicación más plausible de rechazar la oferta de un acuerdo de Legislatura para afrontar los problemas que afectaban a España, afirmando: "hay muchas cosas en las que podemos llegar a acuerdos", y "tenemos que buscar espacios de encuentro que van más allá de lo que son las fronteras ideológicas" poniendo como ejemplo su acuerdo tripartito del Botànic.

Esa persistencia de caracteres mentales propios de la infancia en la edad adulta, que sacaba a colación el, aún hoy, secretario general de los socialistas valencianos para explicar lo inaudito del entonces líder de Ciudadanos, cuatro años después le persigue. Y si no, que explique el porqué del portazo dado a la oferta de diálogo que el presidente de la Generalitat, Carlos Mazón, le ha ofrecido. Sentarse a trabajar para hablar de todo lo que afecta en negativo a la Comunitat, acordar el contenido de una Agenda Valenciana, y conformar un amplio consenso en Les Corts frente al persistente ninguneo de Madrid con la Comunitat.

La explicación que han dado los socialistas valencianos, en palabras de Ximo Puig, y de la portavoz socialista en Les Corts, la diputada Rebeca Torró, no se sostiene. Han buscado como excusa la presencia de Vox en el Consell después de haber suscrito con el PP un acuerdo para toda la Legislatura; ¿acaso pretende el PSPV “volar por los aires” al actual Consell y sustituir a Vox?... cuando pudo en junio de este año lo rechazó; ¿acaso su pacto tripartito con la extrema izquierda en El Botànic le impidió llegar a acuerdos con el Grupo Popular en Les Corts? Tampoco...; ¿acaso les embarga el miedo escénico de enfrentarse al PSOE en Madrid tal como bajan las aguas de la sucesión en el PSPV?... posiblemente.

Hay dos hechos que enmarañan la gestión del Botànic y que afectan políticamente a Ximo Puig; la Sindicatura de Cuentas y la Intervención General del Consell han desvelado en sendos informes que Carlos Mazón destapó en su ultima comparecencia en Les Corts, la existencia de un “agujero negro” del sector público valenciano: cada diez minutos, un contrato a dedo y un gasto de 20.000 euros sin presupuestar; hagan la multiplicación de esa media por los días de permanencia del Botànic en los años del informe y tendrán los euros gastados alegremente. La punta del tremendo iceberg que terminará en la Abogacía de la Generalitat para que inicie, ésta, las diligencias legales oportunas.

¿Explicaría esa presunción de despilfarro del Botànic, o cualquier otro asunto más familiar, la actitud negacionista del PSPV y de su actual líder, o lo que es lo mismo: radicalizar la situación política para afrontar el posible ataque legal?, ¿O el apoyo que le negó a Pedro Sánchez en aquel Comité Federal dejándole como amigo valenciano a su rival José Luis Ábalos? Vete a saber, pero seguro que en Ferraz y la Moncloa, que lo saben, no les gusta ninguno de los dos posibles interrogantes, sin descartar otros, que le han costado ya un ministerio y una portavocía en el Senado y le costara, más pronto o más tarde, la Secretaria General. Y vete aquí que en la contemplación de esa muerte política anunciada, el PSPV y su actual líder se niegan hacer un histórico servicio a la Comunitat, al igual que en su día se negó Albert Ribera a España y que Ximo Puig criticó.

Otra explicación a no quererse sentar, y echarle las culpas a un Vox domesticado en el Consell, es el clima de polarización que vive la política española y su mimético traslado a la valenciana; ya que en Madrid -siempre Madrid- la cosa va de confrontación entre una “mayoría progresista” y la “derecha conservadora”, pues reproduzcamos el modelo aquí. Pero se equivoca en el cálculo de posibilidades, pues ya veremos lo que dura esa mayoría en Madrid con la amenaza de Puigdemont si no se atiende el vencimiento mensual de la letra endosada por Santos Cerdán al PSOE. Con el resultado de las elecciones europeas al final de la primavera y el resultado posible de las elecciones catalanas y vascas en otoño, ¿no tendrá la tentación Pedro Sánchez de salir corriendo hacia Bruselas para presidir el Consejo Europeo por dos años y medio renovables cuando por esas fechas termina el mandato del belga Charles Michel? Habrá sido presidente de un Gobierno de la Unión Europea, el requisito necesario para serlo, y tendrá los apoyos, que ya se los está trabajando, en Europa.

Como siempre, y como ha ocurrido siempre, el PSPV subordina su política a los interese del PSOE. En esta ocasión, con excusas de mal pagador, deja escapar una buena oferta dada en Les Corts por el presidente, Carlos Mazón, de llegar a un amplio acuerdo en defensa de los interese justos de la Comunitat “que van más allá de lo que son las fronteras ideológicas”. Pues eso, Ximo Puig y el “ximismo”, su familia política en el PSPV, asoman cierto infantilismo en la senectud de su declive político, arrastrando, además, a Compromís, su socio, que como siempre no sabe donde situarse, o en Sumar o en Restar.