| 01 de Diciembre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Casado, Bonig y García Egea
Casado, Bonig y García Egea

El sacrificio de Bonig que abre paso al liderazgo de Mazón, el legado de Casado

La presidenta del PP renuncia el mismo día que cae el entrenador del Valencia CF: dos finales que coinciden después de trayectorias muy diferentes

| H. G. Edición Valencia

En un lunes que no tendría que haber pasado informativamente de ser la víspera de las elecciones madrileñas/nacionales, dos noticias de gran alcance han sacudido la actualidad valenciana. Una afecta a la política y otra al fútbol, dos temas recurrentes de conversación. Y en ambos casos suponen la caída de sendos protagonistas. En el primero, el de la política, por un adiós resignado, el de Isabel Bonig, y en el segundo, el del fútbol, por un despido ralentizado, el de Javi Gracia.

El Partido Popular no ha esperado (como ya adelantó este diario) al resultado de las elecciones madrileñas para asentar o dar un sobresalto al poder estructural omnímodo de su presidente, Pablo Casado, y de su alter ego, el secretario general Teodoro García Egea. Ni tan siquiera ha aguantado al mismo día de la jornada electoral, para que pasara más desapercibida la noticia.

 

Con un escueto comunicado, señala que Isabel Bonig no se presentará a la reelección y que la reunión de la Junta Directiva del PP en la Comunidad Valenciana para convocar el congreso en que será reemplazada por el presidente de la Diputación de Alicante, Carlos Mazón, se celebrará este jueves.

No hacía falta más, con dos párrafos ha dado respuesta a las preguntas que sobrevolaban la actualidad del PP en la Comunidad Valenciana y a las que la propia Bonig tenía que contestar en  cada acto al que acudía. Al final sus respuestas se han topado con la cruda realidad del funcionamiento de un partido hiperbólicamente piramidal. Del "me voy a presentar" y "no hay prisa para el congreso" que profería hasta hace un par de semanas a la fría nota oficial de renuncia y anticipo del cónclave. 

 

Bonig no pudo mantener su palabra, a pesar de que lo intentó. En una persona de su tesón y su firmeza, no hacerlo le habrá supuesto bastante más que un ardor de estómago que pueda tratarse con fármacos ordinarios. Al final se ha impuesto la manida disciplina de partido. Los afiliados del PP no podrán pronunciarse sobre si quieren que Isabel Bonig continúe porque, simplemente, no tendrán oportunidad de hacerlo al no concurrir ella.

Abre y cierra su propio debate

La actual presidenta abrió el debate reiterando que se presentaría y lo cierra en silencio, con un comunicado tan lacónico como contundente que no parte de sus labios ni posiblemente de su corazón. Que nace del gélido engranaje de un partido estatal. De cálculos electorales. De previsiones de quién puede ser mejor candidato en una formación en la que, a la igual que en el resto de las que son de ámbito nacional, la presidencia o la secretaría general llevan siempre aparejadas la unción como candidato.

Bonig dice adiós a su cargo, y no está claro si a la primera línea política,  tras casi seis años de presidencia del PPCV, de travesía por el desolador páramo de la oposición para un partido que venía del paraíso del gobierno. Lo hace a su pesar, asumiendo lo que tenía. Y se va con una tendencia al alza de su formación en las encuestas.

El desastre de Javi Gracia

Javi Gracia, en cambio, se marcha, destituido, sin cerrar su primera temporada, después de quejarse durante meses de la falta de medios y dejando al Valencia CF con los sudores fríos de la cercanía del descenso. Casi tiritando de miedo. Menos recursos tienen Cádiz, Celta u Osasuna y superan con creces al histórico equipo de la ciudad del Miguelete, tanto en puntos como en brega y acierto.

Isabel Bonig, por su personalidad, no creo que se queje. Como agradecimiento, está recibiendo un aluvión de felicitaciones y buenos deseos de futuro, incluidos los del síndic del PSPV-PSOE, Manolo Mata, y del propio president de la Generalitat, Ximo Puig.

Gracia llegó casi como un desconocido, aunque con cierto prestigio por su trayectoria en equipos de menos relumbrón que el Valencia CF, y se marcha con una sensación de fracaso que recuerda a la de Albert Celades y que, en su último periodo, se aproxima a la calamitosa de Gary Neville. No se le echará de menos.

La inmolación entre felicitaciones

Bonig dice adiós, teóricamente, para reforzar la ilusión de la afiliación con un proyecto ganador. Se inmola por el PP entre parabienes de apoyo a su trayectoria y también, indirectamente, de ánimo a su autodefenestración política. Javi Gracia ha sido liquidado a su pesar, porque estaba atrincherado en su banquillo, con el sempitereno Voro como sustituto salvavidas de emergencia, con una afición desmoralizada, casi vacunada, por las decepciones acumuladas ante el caos del club, contra el llanto y el rechinar de dientes. El valencianismo va perdiendo la identificación con el Valencia CF.

Bonig se marcha emulando a la mítica Antígona, manteniendo su lealtad hasta el final (en este caso con su partido) y acabando con su propia existencia antes de sufrir la condena de ser enterrada viva. Así pasa a la posteridad popular como mártir que simboliza la fidelidad y el respeto hacia ciertas tradiciones.

El camino para el legado Mazón

Isabel Plácida se va entre loas dejando el camino expedito para su sucesor, sin brindar batalla interna y después de haber tratado durante seis años, cual ariete, de agrietar las murallas del castillo del Botánic. Ha sido la avanzadilla del PP ante el reto de 2023.

Para finalizar con un símil de las legiones romanas, Bonig ha ejercido de aquilifer del legado Mazón, quien bien podría responder al sacrificio político de Isabel con el también tan romano lema de "Fuerza y honor".