| 05 de Diciembre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Dalmau, a quien Iglesias impulsó como candidato a la Generalitat, aplaude ahora la decisión de su mentor de renunciar a la vicepresidencia segunda de España
Dalmau, a quien Iglesias impulsó como candidato a la Generalitat, aplaude ahora la decisión de su mentor de renunciar a la vicepresidencia segunda de España

Cuando Madrid vale más que España: reacciones en Podem a la apuesta de Iglesias

En un partido en declive en la Comunidad Valenciana, la decisión de su líder nacional ha despertado curiosidad, aunque en algunos casos con frases más efusivas que en otros

| H.G. Edición Valencia

El presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, decidió, hace menos de un par de meses, que el ministro Salvador Illa fuera candidato a la Generalitat. Se jugó la baza de un responsable ministerial que sorprendentemente todavía no estaba quemado pese a la pandemia para apostar por ganar unas elecciones en Cataluña.

La decisión demostraba que primaba la estrategia de partido sobre las necesidades de España y que no le importaba al PSOE desmontar un ministerio de todo el país si conseguía el control de una autonomía. En alguien como Illa, que había aparecido de la nada y al que se suponía de paso en la política nacional y en riesgo continuo de devaluación, la marcha parecía lógica. Eso sí, la determinación solo resultaba justificable si ganaba en Cataluña -algo que logró por los pelos- y se convertía en president de la Generalitat -algo que parece muy improbable-.

Pablo Iglesias, prohombre de Unidas Podemos y rostro plenipotenciario del partido -las papeletas de las primeras elecciones a las que se presentó, las europeas de 2014, llevaban su retrato- ha subido la apuesta con un salto mortal. En un larguísimo vídeo de casi diez minutos en tiempos en que la viralidad se mide en segundos, explica que deja la vicepresidencia segunda del Gobierno de España para optar a la presidencia de la Comunidad Autónoma de Madrid. Cambia el todo, su techo político, por la aspiración a dirigir una parte.

Illa, con un rango inferior a Iglesias en el gobierno, se marchó porque tenía opciones reales de ganar. Iglesias lo hace cuando su partido se halla en la tesitura contraria y corre el riesgo de desaparición. O revierte la situación con un supuesto tirón que tendrá que confirmar o puede convertirse en líder de una formación residual en un parlamento autonómico. O incluso extra parlamentaria en el peor de los casos. Para el dirigente de Unidas Podemos, Madrid vale más que una vicepresidencia de España.

Como explicaba Antonio Montiel, candidato de Podem en 2015 y síndic de la formación en Les Corts hasta que acabó hastiado de la política, en un comentario en Twitter, "de Pablo Iglesias se podrá decir muchas cosas, pero lo que es innegable es su audacia política y su capacidad para reconfigurar el tablero por adversa que pudiera ser una situación".

La mano derecha de Montiel en Les Corts en la pasada legislatura y también retirada ya de la política, Fabiola Meco, se expresaba con menos locuacidad. "Pasen y vean", se limitaba a tuitear enlazando el vídeo en el que Pablo Iglesias anunciaba su decisión.

Naiara Davó, síndica desde el comienzo de esta legislatura hasta que fue relegada por la actual coordinador de Unides Podem, Pilar Lima, apelaba a "valentía y principios contra la extrema derecha. Mucha fuerza, Pablo Iglesias".

Mientras, Rubén Martínez Dalmau, candidato a la Generalitat en 2019 auspiciado por el máximo responsable nacional del partido, también aludía a "una decisión valiente y generosa, Pablo Iglesias. La Comunidad de Madrid merece que la izquierda transformadora gobierne". Tanto Dalmau como Davó, en política activa, se mostraban bastante más efusivos que Montiel y Meco, retirados de la vida pública y ya sin dependencia institucional del partido de Iglesias.

En una formación alicaída como Podemos, con pérdida de poder institucional en ayuntamientos y parlamento autonómico en la Comunidad Valenciana, el paso adelante dado por Iglesias ha reactivado, como poco, la curiosidad.