23 de Junio de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Despotismo bancario

Nuestros mayores se merecen ser atendidos y facilitarles todo lo que necesiten. Sus ahorros de toda una vida están depositados en sus bancos.

Durante la mitad del siglo XVIII, una corriente política llamada “despotismo ilustrado” recorrió Europa y los monarcas de entonces la hicieron suya. Al calor de la ilustración estos gobernantes quisieron entender que el uso de la razón debía prevalecer al de las emociones, pues también entendieron que el uso de la inteligencia se encontraba en el progreso de la humanidad. Con el tiempo esta frase: “Todo para el pueblo, pero sin el pueblo”, definió esta época de la historia.

Hoy, trescientos años después, los poderosos monarcas de la banca vuelven a hacernos rehenes de este “despotismo”. Basta con pararse a pensar un poco para descubrir semejanzas que deslumbrar al ciudadano. Las nuevas tecnologías nos conducen a relacionarnos con la banca de forma telemática y cuando necesitamos gestionar algo en persona nos encontramos con un sinfín de barreras.

Pero lo mas llamativo de esta nueva relación y que desata en mi este recuerdo del despotismo ilustrado, está en el trato deshumanizado e incluso humillante que recibimos de los empleados de banca. Quizás las presiones que soportan por sus mandos directos les lleven a ser así, cosa que retomaré en estas líneas.

Cuando intentas sentarte para realizar cualquier gestión, lo primero que ves es como la persona a la que te diriges, que antes te decía: “siéntese, cuénteme”, de forma amable y cariñosa, ahora te indica de forma imperativa; “vamos, no se siente, eso se puede hacer desde el cajero” y como un cordero sumiso la sigues al cajero. Cuando intentas hacer otro tramite, “pero señor, ¿no tiene usted bajada la APP?, desde hay se hace todo”.

En estas indicaciones no encuentras una pregunta que diga “¿usted tiene conocimientos de informática?, o lo más importante, ¿usted se siente seguro haciendo lo por el cajero?” y lo que de verdad esperas es; “¿prefiere que se lo haga yo?”. Esta última frase está prohibida, seguramente será tabú en las entidades bancarias.

 La informática facilita nuestro día a día, pero no puede solventar la necesidad de poder dirigirte a un gestor, pedir opinión, valorar y decidir que hacer con tu dinero. El fondo de esto es que es nuestro dinero. Cobramos la nómina por el banco, nuestros recibos están domiciliados, no puedes mover más de tres mil euros en efectivo, ha de ser por transferencia o cheque bancario indicado la cuenta de procedencia.

Todo hoy pasa por una banca privilegiada y alentada por un sistema político que abandera la lucha antifraude y demás delitos monetarios con estas medidas de seguridad, que sirven en bandeja de plata a las entidades su forma de actuar, garantizando que si o si el dinero pasara por su Apps . Pero, las personas, ¿Qué?, seguimos teniendo dudas, sentimientos, queremos que una cara nos hable, nos informe y sobre todo nos explique.

Cuando una sociedad avanza, lo primero que debe mirar es si aquellas y aquellos que la forman están preparados para responder a estos avances. Hoy no se está pensando en esto, priman los beneficios que el progreso neoliberal puede conseguir, antes que las personas para las que pretende modernizar y avanzar, así como mejorar su calidad de vida.

Es muy triste ver cómo un empleado de banca le dice a una persona de 80 o más años que se dirija al cajero para hacer una gestión, con las preguntas y observaciones que antes mencionaba. Esta conducta ya no solo resulta vergonzosa, sino que nos deshumaniza. Nuestros mayores se merecen ser atendidos y facilitarles todo lo que necesiten. Sus ahorros de toda una vida están depositados en sus bancos. Ellos, por la vida que les ha tocado vivir, han ahorrado lo que nosotros no vamos a ser capaces de ahorrar, aunque viviéramos dos vidas. Con el único fin de que sus hijas e hijos tuviesen un futuro mejor. Ellos con sus pensiones y ahorros han sostenido a miles de hijas e hijos, que la crisis, la pandemia y este progreso deshumanizante los han llevado al paro.

Los empleados de banca sufren sin duda las presiones de sus directivos, con el miedo a formar parte de un ERTE. Se ven sometidos a la tensión de cumplir con objetivos, con ser además vendedores de seguros, de electrodomésticos o de todo aquellos que su entidad considera producto que genera dividendos. Puedo entender esta presión, puedo entender el temor a verte en la cola del paro tras tener un empleo en banca, con su prestigio social y sus beneficios salariales. Pero no puedo entender cómo no hacemos un frente común ante este problema que día a día nos esta derrotando a todos.

El despotismo ilustrado fue derrotado por la ilustración. Aquellos filósofos como Jean-Jacques Rousseau con un carácter más naturalista, que buscó en el contrato social la participación del pueblo en la sociedad, creyendo en la bondad de la persona por naturaleza y entendiendo que quien la corrompe es la “civilización”, pudieron con aquel despotismo, empoderando a las personas y liberándolas del yugo al que estaban sometida.

Quizás tendremos que parar este proceso con un nuevo “contrato social”, por el cual las entidades bancarias vean que su escalada frenética de beneficios a costa de estos que desatiende y desprecia, son los que lo puedan facilitar, pero no lo harán si no son tenidos en cuenta. A lo peor, no generaran beneficios, no compraran, porque no tendrán para comprar y terminara la historia con una nueva “Revolución Francesa”, demandando LIBERTAD, IGUALDAD, FRATERNIDAD y HUMANIDAD.

*Educador social.