09 de Abril de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Ribó mira con atención a su alter ego Campillo, en medio de él y de Sandra Gómez

El día que Campillo ejerció de alcalde de Valencia con Ribó de atento observador

Compromís ha tratado de que Ribó pasara desapercibido en un pleno que ha provocado él con una polémica que tiene una mezcla de absurdo y estratégico. El alcalde solo decía "gracias"

| H.G. Edición Valencia

Se nota cómodo, con dominio de la situación, incluso con cierta hechura en un cargo que no es el suyo. Sergi Campillo, vicealcalde de Valencia, se ha sentado en el pleno de este jueves en el sillón presidencial, el que corresponde al máximo edil. No es la primera vez que ejerce, en la práctica, el puesto de mayor representación. La diferencia consiste en que la mayoría de las otras veces lo ha hecho en ausencia del alcalde, Joan Ribó; mientras que en este caso sucedía bajo su atenta mirada.

El pleno debatía una moción de reprobación contra el primer edil presentada por el Partido Popular. El motivo se centraba en sus manifestaciones, amén del famoso tuit, justificando una protesta en favor de un rapero en la que se produjo violencia urbana (Campillo, en su carácter multifuncional de hoy, hasta ha aclarado que los daños en el amueblado público ascendieron a 4.000 euros).

En la bancada del equipo de gobierno se situaba Ribó en el sillón donde habitualmente se acomoda Campillo. Ambos habían intercambiado teóricamente sus papeles. Aunque en la práctica fue únicamente los asientos. El hecho llamaba poderosamente la atención porque de quien se hablaba, y hacia quien se dirigían las críticas de la oposición, era el alcalde Ribó.

 

Pero Campillo marcaba los tiempos desde el sillón presidencial en la primera ronda de intervenciones. Cuando tanto el secretario del sindicato de Policía Nacional Jupol (muy elocuente su participación. Solo le sobró la petición de dimisión. Esa ya corresponde a partidos políticos), como los portavoces de PP, Vox y Ciudadanos han dispuesto de cinco minutos para explicarse. A todos les recordaba el vicealcalde el final de su tiempo de alocución. 

Y cuando ha llegado el turno de las respuestas a las numerosas críticas a Ribó, Campillo ha bajado del sillón presidencial al atril de portavoces. Desde allí ha tratado de rebatir las críticas de la líder del PP, María José Català, de "anomalía democrática de un alcalde que carga contra la policía y que ya hecho suficientemente el ridículo". O del concejal de Vox, José Gozálbez, que se ha ha referido a las palabras del alcalde como "vómito nauseabundo". O del portavoz de Ciudadanos, Fernando Giner, que ha mostrado sus dudas sobre si las frases de Ribó arremetiendo contra la policía "son una estrategia política o que usted es así".

Sandra Gómez, portavoz del PSPV-PSOE y vicealcaldesa consorte de Campillo los viernes, en sus ruedas de prensa en tandem, no necesitaba réplica. La líder socialista ha estado más atinada en su primera intervención, situándose en un estratégico (¡Este sí!) centro y pidiendo prudencia y respeto. En su segunda ya ha mostrado la excesiva contemporización con Ribó que puede cavar su tumba política, por lo menos como aspirante a alcaldesa de Valencia.

El alcalde, la primera autoridad local, ha preferido pasar totalmente desapercibido en el pleno. Incluso para la cámara.

La cámara se deleitaba con Campillo en la retransmisión. Sacaba a quien hablaba, pero también a él, detrás. En cambio, con Ribó, cuando en el turno de réplica se ha colocado en el lugar que le corresponde habitualmente, apenas se veía sus manos. El alcalde, la primera autoridad local, ha preferido pasar totalmente desapercibido en el pleno. Incluso para la cámara.

Català le ha llegado a calificar de "cobarde", Giner le ha dicho que no sabe si le escucha porque "está a mi espalda", pero Ribó guardaba silencio. O casi, porque incluso ha regalado un "gracias" cuando ha concluido su intervención la portavoz del PP. Como si no le hubiera llamado de todo. Como si la cosa no fuera con él. Cosas del teatro de la política.

Con esta reprobación fallida (los 17 votos que configuran la mayoría absoluta de Compromís-PSPV habían dictado sentencia previa), el alcalde espera pasar página de un barrizal en el que se ha metido él solo. Por un tuit impulsivo, aunque su pensamiento sea ese. O por el tuit de un impulsivo que publica en la cuenta del alcalde. Y en el que acabó de restregarse con esas declaraciones posteriores en diversas televisiones nacionales.

Si la táctica consistía en que Compromís se subiera al carro de Podemos auspiciando las protestas callejeras, la coalición ya tiene al senador Mulet o al síndic Ferri como habituales agitadores. No hacía falta meter a Ribó a este berenjenal

Si la táctica consistía en que Compromís se subiera al carro de Podemos auspiciando las protestas callejeras, la coalición ya tiene al senador Mulet o al síndic Ferri como habituales agitadores. Incluso podría haber dado la alternativa al diputado Carles Esteve, que fue quien se vio implicado en la refriega protestantil. No hacía falta que se metiera Ribó en este berenjenal.

Lo que escribió en Twitter o habló en televisiones nacionales lo ha metamorfoseado en Campillo, el vicealcalde que hace de portavoz o de alcalde, según se tercie. Y que demuestra cada vez más soltura. Ha opacado a la vicealcaldesa socialista en el último año. Y ha empezado a coger el testigo que le tiende el propio Ribó.

Y esto reabre el debate de la sucesión. Si que es que tiene heredero. No olvidemos que Compromís ha tocado techo con Ribó ganando unas elecciones locales en Valencia. Ni más ni menos. Con la marca de la coalición a la baja. El primer edil es una suerte de vellocino de oro; quien, con su victoria, garantiza los puestos de concejales de gobierno y de asesores de decenas de militantes de su coalición y las contratas públicas con empresas de otros. Sin Ribó, todo eso se perdería.

La solución más pragmática para su partido, si la situación sigue como está ahora, consiste en convencer a Ribó para que se presente una vez más. Aunque tenga 75 años en 2023.

Por mucho que a sus detractores les cueste darse cuenta, el alcalde tiene sus votantes en la ciudad. La oposición todavía debe de hacer mucha política de barrio en los dos años largos hasta los próximos comicios para alcanzarle o superarle. Dudo de esos comentarios que sitúan a la vicepresidenta Oltra como su sucesora. Difícil que iguale los registros de Ribó no ya solo de 2019 (10 concejales), sino los de 2015 (9).  Y todo lo que no sea eso, con unos comicios previstos para 2023 cuyo resultado, a fecha de hoy, se vislumbra muy ajustado, no le vale a Compromís.

La solución más pragmática para su partido, si la situación sigue como está ahora, consiste en convencer a Ribó para que se presente una vez más. Aunque tenga 75 años en 2023. Biden ha ganado la presidencia de EEUU con 78. Luego, si gana y salva los sueldos astronómicos de todos esos asesores que saben que nunca estarán mejor retribuidos que en el Ayuntamiento de Valencia, ya se podrá retirar avanzada la legislatura. Para eso tiene a Sergi Campillo como pupilo aventajado, que ha demostrado que se siente cómodo en el sillón de alcalde.