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Opinión Vicente Iranzo.
Opinión Vicente Iranzo.

Sí, lengua valenciana

En España, parece que todas las variedades lingüísticas merecen respeto, excepto la valenciana.

| Vicente Iranzo Edición Valencia

Como valenciano y lingüista, a menudo tengo la impresión de que ciertos movimientos políticos y culturales permiten la crítica y la burla constante hacia la lengua valenciana. En España, parece que todas las variedades lingüísticas merecen respeto, excepto la valenciana. Recientemente, he observado cómo algunos representantes políticos y figuras públicas en mi país exigen respeto hacia el aragonés y el asturiano, pero niegan al valenciano ese mismo respeto. El 29 de octubre, el doctor en periodismo Álex Grijelmo dedicó un artículo de opinión en El País a la polémica sobre el valenciano, el catalán y el balear. Como profesor que tiene la fortuna de pasar sus días inmerso en libros y artículos de lingüística, me gustaría compartir algunas observaciones.

En primer lugar, Grijelmo afirma que «frente al saber filológico, para ellos (refiriéndose a los dirigentes del PP), ese idioma (refiriéndose al catalán) se vuelve "mallorquín" si se habla en Mallorca o "valenciano" si se habla en Alicante». Me pregunto si piensa lo mismo cuando una persona atraviesa la frontera entre Portugal y Galicia; si la lengua portuguesa se vuelve «gallego» en Vigo o si la lengua gallega se vuelve «portugués» en Valença. Pero no nos desviemos del tema, volviendo al valenciano, veamos qué señala el saber filológico de la Acadèmia Valenciana de la Llengua en un informe publicado en el 2005 sobre el nombre de la lengua romance hablada en Valencia: «la AVL considera que el término más adecuado para designar la lengua propia en la Comunidad Valenciana es el de valenciano» y también añade «es plenamente válida la denominación lengua valenciana».  El saber filológico respeta la denominación «valenciano» y «lengua valenciana»; el saber periodístico de Grijelmo, parece que no tanto. 

En el mismo artículo, Grijelmo intenta establecer un paralelismo entre la utilización del término «valenciano» y los términos «nicaragüense», «mexicano», «peruano» y «argentino». En este punto, culpo solo parcialmente al autor, ya que he escuchado esta insensatez en numerosas ocasiones y entiendo que no todos pueden estar bien informados al respecto. El término «valenciano» ―para referirse a la lengua romance― se ha utilizado en la región que hoy conocemos como la Comunidad Valenciana al menos desde el siglo XIV. Recordemos que, en el siglo XV, aparece la mención a la «lengua valenciana» en el Tirant lo Blanch de Joanot Martorell. Considerar que decir «lengua valenciana» o «valenciano» es equivalente a decir «lengua nicaragüense» o «nicaragüense» es desconocer tanto el «valenciano» como el «nicaragüense» y sus respectivas historias lingüísticas

Posteriormente, Grijelmo hace referencia a la autoridad de la filología al tratar el tema del valenciano, el catalán y el balear, afirmando que no hay duda; son la misma lengua. Esta afirmación demuestra un desconocimiento profundo de la lingüística moderna. ¿Existe la ciencia sin la duda? El número de variedades dentro de las lenguas romances no ha permanecido estático a lo largo de los siglos. Por ejemplo, expertos como Kabatek y Pusch consideran que el número de lenguas romances sigue siendo incierto debido a las fronteras imprecisas que existen en el par lengua/dialecto. Además, la investigación de Koutna en 1990 aborda esta cuestión dentro del grupo románico y cita trabajos anteriores, como el de Rüdiger de 1782, que consideraba que el castellano era una lengua, mientras que el aragonés, valenciano, catalán y gallego eran dialectos, o el trabajo de Hervás y Panduro de 1787, que diferencia entre el valenciano, el catalán y el castellano. Como afirman Bosque y Gutiérrez Reixach: «Los lingüistas han insistido desde hace tiempo en que la diferencia entre lengua y dialecto está determinada por factores sociales (más concretamente, políticos)».

Es decir, independientemente de las diferencias existentes a nivel léxico o morfosintáctico, la cuestión identitaria y política suele ser decisiva. Si en la península se utilizaran los mismos criterios lingüísticos que se utilizan en los países arabófonos o en China para diferenciar entre lengua y dialecto, es probable que el valenciano, el catalán, el occitano, el aragonés, el asturiano, el gallego y el portugués se considerasen la misma lengua. 

Finalmente, el texto de Grijelmo concluye con la afirmación de que «la utilización política de las lenguas constituye una de las desgracias de la humanidad». En la actualidad, hay investigadores, incluyéndome a mí mismo, que se dedican al estudio de las ideologías lingüísticas. Las decisiones políticas desempeñan un papel fundamental en la promoción, enseñanza, oficialidad y protección de las lenguas. Por ejemplo, la creación de la Acadèmia Valenciana de la Llengua (Academia que Grijelmo cita en su artículo) es consecuencia de un pacto político (recomiendo leer las memorias de Jordi Pujol, donde se explica en detalle por qué se creó esta academia). En este punto, conviene mencionar el uso político de la lengua catalana que hace el catalanismo ya que, si solo mostramos el uso político del valencianismo, existe el riesgo de que los ciudadanos desarrollen una visión sesgada sobre esta cuestión. En 1934, se publicó el manifiesto Desviacions en el conceptes de llengua i de patria, un texto con gran carga política, donde se advierte de un peligro contra la identidad de la lengua catalana: la lengua occitana. El texto afirma que considerar al catalán como una de las variedades de la lengua occitana supondría un peligro, ya que el catalán quedaría diluido en esta unidad lingüística superior. En mi opinión, esta es la verdadera tragedia, exigir respeto a la identidad lingüística propia y, al mismo tiempo, negárselo a otra.

En definitiva, el artículo de opinión de Álex Grijelmo en El País sobre la controversia en torno al valenciano, el catalán y el balear plantea varios puntos discutibles que merecen una respuesta fundamentada desde la lingüística moderna. Es importante señalar que la denominación «valenciano» para la lengua hablada en la Comunidad Valenciana tiene un respaldo sólido por la Real Academia de Cultura Valenciana, la Academia Valenciana de la Lengua y por el pueblo que la habla (que no es poco). Afirmar que no cabe duda de que dos variedades lingüísticas románicas con una identidad lingüística pronunciada son la misma lengua, muestra una simplificación injustificada de la complejidad en la distinción de las lenguas romances y su evolución a lo largo del tiempo. Además, es de sobra conocido entre lingüistas que la distinción entre una lengua y un dialecto está influida, en gran medida, por factores sociales y políticos. Por último, la relación entre política y lengua es una interacción compleja que no puede reducirse a una «desgracia» para la humanidad. Las decisiones políticas pueden jugar un papel crucial en la promoción y protección de las lenguas, y el estudio de las ideologías lingüísticas es un campo de investigación que busca comprender mejor esta dinámica.

La discusión sobre el valenciano merece un análisis más completo para enriquecer el debate público y promover el respeto a todas las variedades lingüísticas en España. Sí, a todas.