| 23 de Septiembre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Libre al fin

Ha muerto Skyla, una orca que vivía confinada en la prisión de animales de Canarias, Loro Parque. Tenía 15 años

| Raquel Aguilar * Edición Valencia

 

Skyla era todavía joven, una adolescente si la comparamos con los seres humanos, ya que las orcas en libertad tienen una esperanza de vida similar a la nuestra.

Sin embargo, imagino que la vida a Skyla se le debió hacer larga, pues pasó toda su vida encerrada en una piscina.

Skyla nació ya cautiva, en Estados Unidos, y con dos años la separaron de su familia y la trasladaron a miles de kilómetros, a Tenerife, donde cumpliría cadena perpetua hasta hace unos días en que la muerte le otorgó lo que los humanos le robamos, la libertad.

Skyla nació ya prisionera, aunque su padre sí conoció la libertad. Su padre fue secuestrado del mar y pasó el resto de su vida en una pecera. Fue muy conocido por estar implicado en la muerte de tres personas, según los expertos, debido a los trastornos psicológicos producidos por una terrible vida de confinamiento impuesto, en que es imposible cubrir las necesidades físicas y afectivas básicas de estos animales.

Pero el caso de Tilikum, el padre de Skyla, no es un caso aislado. Precisamente en Tenerife, hace algo más de una década, también murió una persona que trabajaba con las orcas.

Sin embargo, los expertos indican que en libertad, las orcas no nos atacan, pese a ese mito de “ballenas asesinas”.

Ahora, más que nunca, sabemos qué implica no poder salir de un recinto. No poder apenas ver la luz del sol. No poder pasear, tocar a quienes queremos, ni tomar decisiones sobre nuestro destino.

Esta maldita pandemia nos ha obligado a vivir meses de confinamiento y justo estos días los medios se hacen eco de sus consecuencias, no sólo físicas sino mentales. Ansiedad, depresión, insomnio,…

Pues bien, este sufrimiento psíquico no es exclusivo de nuestra especie.

También lo padecen aquellos a quienes privamos de su libertad, obligándoles a vivir continuamente confinados, sólo por nuestro inmenso egoísmo. Para algunos, el fin es hacer caja. Para otros, la ilusión de ver de cerca a unos animales, que sin embargo no dejan de estar desdibujados, y ser una tenue sombra de lo majestuosos que son en libertad.

Como siempre, no puedo mas que invitarte a la reflexión. Si has ido a uno de estos sitios, es seguramente porque sientes, como mínimo, admiración hacia estos animales. ¿Te has planteado si es cierta esa imagen que de ellos se proyecta, si realmente son así y si verlos en esas circunstancias te ayuda de verdad a conocerlos y saber de ellos? ¿Te has parado a pensar que cuando tí te vas, ellos siguen ahí, encerrados en el mismo lugar, día tras día, mes tras mes, año tras año, hasta que mueren o hasta que los venden y los trasladan a otra piscina, ni mejor ni peor, simplemente igual de mísera, en que vivir confinados hasta que la muerte les libere? ¿Sabes que con tu visita, les estás condenando a cadena perpetua?

Hay mil formas distintas de conocer a aquellos animales que no conviven con los seres humanos sin robarles la vida, algunas tan accesibles como el visionado de documentales, que nos muestran tal como son cuando pueden ser ellos mismos.

Por cierto, uno que no debes perderte, si quieres conocer cuál es la realidad de quienes son obligados a tener una vida de sufrimiento, aislados y confinados en peceras toda su vida, es “Blackfish”.

Ya no tienes excusas. La información está al alcance de tu mano. Ponte en su piel y no seas cómplice de su sufrimiento. Tú decides si te pones del lado de la víctima o eres verdugo.

 

 

*Coordinadora provincial de PACMA en Valencia