26 de Febrero de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Las opciones de Ximo Puig para planificar un adelanto electoral valenciano

Los comicios catalanes han dejado varias lecciones a Presidencia para afrontar los próximos meses en que quedarán desveladas importantes incógnitas

| H. G. Edición Valencia

Un buen amigo, avezado anticipador de acontecimientos y avispado seguidor del devenir político valenciano, me lo dice con claridad: "mi apuesta es que Ximo Puig adelantará las elecciones autonómicas a 2022". Va más allá y asegura que las hará coincidir con las andaluzas, previstas para diciembre del próximo año, o incluso con las madrileñas, si Isabel Díaz Ayuso decidiera avanzar las suyas.

Son posibilidades que la factoría de análisis de Presidencia no deja escapar. Una vez adelantados, aunque fuera un simbólico mes, los comicios autonómicos de 2019, resulta bastante posible que, con el mismo argumento de diferenciar a la Comunidad Valenciana y de posicionarla en la actualidad nacional por sus elecciones, el president de la Generalitat adopte una medida similar.

En cualquier caso, la clave de que lo haga o no consiste en cómo esté posicionado su partido en cada momento; es decir, qué posibilidades tiene de mejorar resultados y de que con sus socios -los actuales o algún otro hipotético- quede garantizada la presidencia.

Así lo hizo en 2019, cuando aumentó en cuatro escaños, y así lo haría en 2022. Si no es para mejorar, no adelantará. Las recientes elecciones catalanas han dejado dos lecciones claras para los intereses socialistas: por un lado, que la marca PSOE -o PSC, o PSPV- sigue cotizando al alza entre el electorado, a pesar de las lagunas en la gestión de la crisis pandémica y en cierta medida por el languidecer de su eterno rival político, el PP. Por otro lado, que Ciudadanos no parece que vaya a ser un socio de futuro, pese a que una parte del PSPV-PSOE lo desearía, pero dinámica del partido que preside Inés Arrimadas no invita precisamente al optimismo para sus intereses o los de los socialistas.

 

Por tanto, la opción de Puig consiste en escoger el momento que le garantice una subida ostensible de diputados -superar los 30 más o menos con creces frente a los 27 que tiene en la actualidad- y que pueda gobernar con unos socios del Botànic preferiblemente debilitados electoralmente pero con suficientes escaños para aportar los votos que le den la presidencia. Y que, de paso, puedan reclamar menos en el reparto posterior de cargos. Todo eso mirando mucho de reojo por si se produjera un cambio de tendencia en Ciudadanos, que rebrotara.

Manolo Mata, síndic del PSPV-PSOE, ya lo señaló con nitidez hace unas semanas cuando, en una entrevista en Las Provincias, manifestó que su partido no descarta terminar la legislatura gobernando en minoría. El hartazgo de la convivencia política con Compromís, demostrada en el día a día del mestizaje en algunas consellerias, como la crítica de Sanidad, va a más. Lo que les unió en el pasado, que era derribar al PP e iniciar una nueva etapa, quedó como legado de la primera legislatura.

En esta segunda, las ambiciones personales, las desavenencias y la estrategia de cada partido, con un Compromís que no duda en poner públicamente en tela de juicio decisiones del Consell, como las restricciones, o en exigir la dimisión de la delegada del Gobierno socialista, están tensando la cuerda al máximo. Eso sin contar con que existe un tercer socio -Unides Podem-, aunque minoritario, con el que repartir cargos y tener que alcanzar acuerdos constantemente.

 

Puig y su equipo disponen de margen para planificar su estrategia. El primer paso consistirá en ratificar que opta de nuevo a la secretaría general antes del congreso que se celebrará a finales de este año, con un máximo de tiempo de dos meses desde que se desarrolle el federal (nacional), anunciado para la segunda quincena de octubre .

Después, si convoca elecciones anticipadas, debería de competir en unas primarias, un paso que, en la práctica casi podría ahorrarse porque "si gana como secretario general será muy difícil que se presentara alguien contra él en las primarias. Incluso podría ser candidato a president sin ser secretario general", confirma una fuente bien informada de Presidencia, que destaca la valía de Puig como candidato, sea o no máximo responsable orgánico socialista. 

La actual legislatura está a punto de llegar a su ecuador, apenas quedan dos meses para cumplir un bienio desde aquel 28 de abril de 2019 en que se celebraron los últimos comicios autonómicos. Una vez superada esa meta volante que indica el mitad del camino, los partidos políticos empiezan a pensar en el sprint final. En Presidencia ya hace tiempo que analizan cómo afrontar ese segundo tramo para llegar con las máximas fuerzas a la campaña electoral. Saben, además, que cuentan con el comodín de poder escoger en qué kilómetro colocar la meta. Toda una ventaja respecto al resto de partidos.