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"Espejito, espejito: ¿Estamos criando niños o estereotipos?”

Los trastornos alimenticios, la dismorfia corporal y la baja autoestima son batallas dolorosas que enfrentan muchos jóvenes y, a menudo, tienen raíces en comentarios aparentemente inocentes.

La autora del artículo Pilu Hernández Dopico

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Queridos padres y madres: hoy quiero abordar un tema que, aunque pueda parecer menor frente a los grandes desafíos educativos, tiene un impacto significativo en la autoestima y el bienestar emocional de nuestros hijos, nietos y sobrinos; y no es ni más ni menos que los comentarios sobre su aspecto físico.

“Ese pantalón te hace demasiado culo”, “¿te vas a cortar así el pelo? Sabes que no te queda bien aunque se lleve”, o "Esa camiseta te hace mucho pecho marca demasiado el cuerpo", son frases que, aunque dichas sin malicia, resuenan en la mente de nuestros hijos mucho después de haber sido pronunciadas. Son dardos que, aunque lanzados de forma casual, pueden herir la confianza y la autoimagen de quien los recibe.

Es natural preocuparse por la salud y el bienestar de nuestros hijos, y parte de esa preocupación incluye su presentación personal. Sin embargo, hay una línea delgada entre orientar y juzgar. ¿Cuántas veces hemos olvidado que lo que realmente importa es que se sientan cómodos y seguros en su propia piel?

Como figuras de autoridad y amor, nuestras palabras tienen el poder de construir o destruir. Los niños y adolescentes están en una etapa de su vida en la que buscan aceptación, primero en casa y luego en el mundo exterior. Si constantemente critican su apariencia, corremos el riesgo de enviar un mensaje implícito: que su valor está condicionado a cómo se ven, y que nuestro amor y aceptación son contingentes a cumplir con ciertos estándares estéticos.

Esta es una carga pesada para un niño. Los estándares de belleza ya son suficientemente implacables en redes sociales y en la publicidad; no necesitan ser reforzados en el hogar. La autoaceptación es un valor que debemos fomentar desde la cuna, enseñándoles que cada cuerpo es único y que la diversidad es hermosa y valiosa.

Los trastornos alimenticios, la dismorfia corporal y la baja autoestima son batallas reales y dolorosas que enfrentan muchos jóvenes y, a menudo, tienen raíces en comentarios

aparentemente inocentes que minaron su autoconcepto desde temprano en la vida. Como

educadores, padres y cuidadores, es nuestro deber proteger y cultivar la salud mental de

nuestros hijos tanto como su física. Por ello no olvidéis:

1. Celebrar la Individualidad: Cada niño es único y trae al mundo su propio conjunto de talentos, gustos y peculiaridades. Fomenta y celebra estas diferencias. Anima a tus hijos a sentirse orgullosos de quienes son y a valorar la diversidad en los demás.

2. Reforzar lo Positivo: En lugar de centrarte en lo que consideras defectos o aspectos a mejorar, reconoce sus logros y cualidades positivas. La motivación y el refuerzo positivo son herramientas poderosas para fortalecer la autoestima.

3. Predicar con el Ejemplo: Los niños aprenden mucho de lo que observan. Si te muestras crítico con tu propio cuerpo o aspecto, ellos podrían imitar esa actitud. En cambio, si te muestras aceptando y queriendo tu propia imagen, les enseñas a hacer lo mismo.

Recuerda, lo que decimos y cómo actuamos puede ser el agua que hace crecer la planta de la autoestima o la sequía que la marchita. Seamos siempre el jardín donde nuestros hijos puedan florecer en todo su esplendor.

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