| 14 de Junio de 2024 Director Benjamín López

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Javier Milei, presidente de Argentina.
Javier Milei, presidente de Argentina.

No llores por mí Argentina

El “pibe” vino para hablarle al público de Vox, ¿qué querían sus detractores socialistas y demás adeptos?, ¿un discurso de Borges (por cierto, tan de derechas como Milei)

 

Javier Milei ha venido a España para armar el pollo (descabezado), y no pequeño. Obviamente el Gobierno y sus medios de comunicación adláteres, se han resortizado ofendidos en lo más íntimo, y como es habitual aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, rebotándose contra el PP, incluso más que contra Vox, anfitrión del actual presidente argentino; un tipo singular y bocazas capaz de los discursos más heavies que darse puedan desde la responsabilidad de un cargo como suyo, cuya primera obligación, y más en un país extranjero, debiera ser la prudencia y excelencia diplomáticas.

Claro que también el Gobierno español, a través de un ministro Óscar Puente, tan boca de hacha como el propio Milei, fue quien empezó esta pendencia callejera entre dos países supuestamente “hermanos”, llamando drogata al estrafalario gobernante de más de 46 millones de habitantes. Como definitoriamente escribía en estas páginas Antonio Martín Beaumont de semejante par de “maleducados”, la dialéctica faltona y carente de los mínimos recursos polemistas se ha instalado en nuestra cotidianidad: “Los políticos, todos, tienen la culpa de los límites que se están rebasando”.

¿Hasta dónde vamos a llegar? ¿A manejarnos con el diccionario de palabras soeces y malsonantes? ¿A las bofetadas del parlamento de Taiwán? No hace mucho, en septiembre pasado, el entonces concejal socialista Daniel Viondi le soltó 3 collejas en la cara al alcalde de Madrid, Martínez Almeida. Y poco después la mismísima presidenta de esta Comunidad tergiversó un clarísimo “hijo de puta” por un absurdo e irrazonable “me gusta la fruta”. Pero si rastreaos todos nuestros parlamentos municipales, provinciales y autonómicos observaremos con verdadero estupor que últimamente se han perdido las formas cayendo en lo impropio para ceñirse, bravucones y groseros, con la dialéctica política más barriobajera. Así no es de extrañar la desafección, cada vez mayor, del pueblo por la cosa pública y sus representantes electos cuya retórica no supera a la de un correccional de menores.

Todo esto me ha traído reminiscencias melódicas y melancólicas de aquella maravillosa canción “Don't Cry for Me Argentina”, “No llores por mí Argentina”, en homenaje a Evita Perón, diva de la Argentina peronista, cuando tuvo que soportar el exilio recordando a su tierra y paisanaje, una auténtica antípoda, si los comparamos, de su sucesor en la Casa Rosada, este Milei trasnochado como un yeyé en blanco y negro, gesticulante y verborreico.

El “pibe” vino para hablarle al público de Vox, ¿qué querían sus detractores socialistas y demás adeptos?, ¿un discurso de Borges (por cierto, tan de derechas como Milei), o de Sábato, Cortázar, Bioy Casares, etc. Este hombre es un populista y conoce muy bien los efectos de retorno en cada uno de sus discursos, ya que cuando habla para un público más restringido, por ejemplo, periodistas, maneja la terminología economicista como un auténtico experto doctorado en la materia.

Y además dio en el blanco que más podría soliviantar a Pedro Sánchez: Begoña Gómez, o sea, le mentó (“corrupta”) a la parienta, algo que para un español es casi tanto como tocarle a la madre que lo parió. Moncloa se puso en marcha para que todos sus medios afines le dieran leña al mono de Milei hasta saberlo cogiendo el avión de vuelta, como si no supieran lo que iba a soltar por esa boquita antes de aterrizar en España.

Y ahí es donde duele al contubernio “colorado” tan ansioso como incapacitado para ilegalizar a toda la extrema derecha del uno al otro confín del mundo

Por otra parte, me parece incomprensible, además de intolerable en política internacional, el que no lo recibiera ni el Jefe del Estado, ni el Presidente del Gobierno. Al menos podrían haber tenido una conversación en cualquier reservado VIP del aeropuerto, como hicieron, a pesar del cabreo de nuestros socios de la Unión Europea, con la venezolana Delcy Rodríguez. “Extremos” son ambos.

Éste impresentable de calculado mesianismo, conoce bien la gresca que tantos buenísimos resultados le está dando. Pero no creo poder atribuirle el ser un factor añadido al descenso de las izquierdas en las encuestas que se vienen publicando, empezando por inmediatas elecciones europeas. Y ahí es donde duele al contubernio “colorado” tan ansioso como incapacitado para ilegalizar a toda la extrema derecha del uno al otro confín del mundo.

Por 18.000.000.000 € que es nuestro negocio con Argentina, no encuentro necesario, aparte de la plenamente justificada protesta formal, retirar a nuestra embajadora; primero porque hemos sido recíprocamente receptores de exiliados forzosos o voluntarios; segundo porque estamos hablando de una potencia económica, aunque ahora pase por un crack deudor, pero su potencial en materias primas, empezando por las cárnicas y acabando en las exploraciones petrolíferas, nos ha beneficiado siempre a la hora del deber y el haber; y en tercer argumentario porque Milei y sus ministros faltones no son Las Malvinas, ni nosotros Inglaterra.