SANTOS CERDÁN EN EL SENADO

El Juez Jesús Villegas: “La toga no es roja ni azul, por eso molesta a los que viven de ensuciarla”

La comparecencia en el Senado de Santos Cerdán, ex secretario de Organización del PSOE hoy apartado de sus cargos, investigado por graves delitos de corrupción y con un paso previo por prisión provisional, ha dejado una estampa reveladora del clima político actual. Lejos de centrarse en su situación judicial, Cerdán optó por atacar al poder judicial

Quien ha salido a responder ha sido Jesús Villegas, juez y portavoz de la plataforma, que no se muerde la lengua: “A algunos les molesta que se diga en voz alta lo que es evidente: que la ley de amnistía es inconstitucional y contraria al Derecho europeo”.

Villegas recuerda que la plataforma no es un club de jueces conservadores, como se intenta vender desde determinados ámbitos. “No es una asociación corporativa ni ideológica. Hay jueces, fiscales, abogados, profesores universitarios y ciudadanos de muy distinto perfil profesional. Precisamente por eso incomodamos tanto”.

Una amnistía nacida del trueque político

Según Villegas, el problema de la ley de amnistía no es ideológico, sino jurídico. “No busca la reconciliación, sino mantener a un Gobierno en el poder pagando el precio exigido por quienes quieren romper el orden constitucional”. Algo que, subraya, no es una interpretación interesada: “Lo dicen los propios independentistas, que hablan abiertamente de la independencia de Cataluña por vías contrarias a la Constitución”.

Desde la plataforma insisten en que defender la legalidad no es hacer política, aunque a muchos les interese presentar así el debate. “Cada uno puede defender lo que quiera en el terreno político. Pero cuando se aprueba una norma ilícita, nuestra obligación es decirlo”, sostiene Villegas.

El viejo relato contra los jueces

Las críticas no se han hecho esperar. En redes sociales y en determinados foros se repite el mantra de siempre: que los jueces solo persiguen a la izquierda, que existe una supuesta “reacción judicial” contra el progresismo. Para Villegas, el argumento no se sostiene ni cinco minutos.

“Basta con tener un mínimo de memoria”, recuerda. “El caso Gürtel no afectó al PSOE, sino al Partido Popular. Y ahora mismo se investigan responsabilidades por la gestión de la dana en Valencia bajo un gobierno autonómico de derechas”.

La historia judicial reciente desmonta cualquier teoría conspirativa. “Los jueces instructores han condenado a ministros socialistas por el caso GAL, han sentado en el banquillo a miembros del entorno de la Casa Real y han actuado siempre bajo un principio: caiga quien caiga”.

Ni togas rojas ni togas azules

Uno de los puntos que más incomodidad genera, según Villegas, es la denuncia constante de la plataforma contra el reparto político de los cargos judiciales, especialmente en el Consejo General del Poder Judicial. “Ese intercambio de cromos entre partidos es una vergüenza democrática. Da igual que beneficie a jueces progresistas o conservadores: la toga tiene que estar limpia”.

Esa posición, asegura, ha molestado por igual a derechas e izquierdas. “Y eso ya dice mucho. Cuando te critican todos, es que algo estarás haciendo bien”.

Lo mismo ocurre con la oposición frontal a los llamados tribunales de instancia y al intento de trasladar la investigación penal a fiscales que dependen jerárquicamente del Gobierno. “Eso debilita la independencia judicial y lo denunciamos cuando lo propuso el PSOE y también cuando venía del PP. No hay excepciones”.

Nervios, ruido y ataques personales

Para Villegas, las descalificaciones personales y los insultos no son casuales. “Cuando algunos ven de cerca la posibilidad de una condena, entran en pánico. Y en ese estado se construyen relatos para desacreditar a quienes destapan los delitos”.

El mensaje final es claro y sin adornos: “Nos da igual quién caiga. Queremos que la justicia se aplique. Y si alguien es inocente, será absuelto y no tendrá nada que temer. Pero mientras tanto, que dejen trabajar a los jueces y se centren en su defensa, que buena falta les hace”.

Y concluye con un deseo tan simple como incómodo para algunos: “Menos insultos, más respeto al Estado de Derecho. Eso sí sería un buen propósito de Navidad”.