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Ábalos desvela la fecha de las elecciones generales: "Va a adelantarlas para hacerlas coincidir con unas autonómicas"

Desde prisión, el exministro socialista asegura que Pedro Sánchez ya tiene preparada una sucesora: se trata de una mujer y nos desvela su nombre

José Luis Ábalos está convencido de que Pedro Sánchez no agotará la legislatura. Según su análisis, el presidente acabará adelantando las elecciones generales para hacerlas coincidir con las autonómicas andaluzas, en una maniobra de supervivencia política destinada a amortiguar el castigo en las urnas. Celebrar los comicios por separado —sostiene— sería letal para el PSOE, mientras que una convocatoria conjunta permitiría al sanchismo movilizar a su electorado y esconder el desgaste del Gobierno tras la batalla territorial.

La operación, siempre según Ábalos, no responde a una estrategia de país, sino a la necesidad desesperada de maquillar un resultado que se prevé desastroso. Andalucía funcionaría así como el último salvavidas electoral de un Ejecutivo cercado por los escándalos, el desgaste institucional y una creciente desafección social.

Pero el exministro va más allá. Desde la cárcel, sostiene que Sánchez ya estaría preparando un plan de sucesión controlada por si el escenario se vuelve insostenible. El nombre que pone sobre la mesa es el de Pilar Bernabé, a la que señala como la apuesta personal del presidente: mujer, perfil mediático y diseñada para recuperar el voto femenino perdido. Un relevo pensado no para regenerar el partido, sino para perpetuar el sanchismo con otro rostro y el mismo proyecto político.

Chivo expiatorio del sanchismo

Más allá del calendario electoral, Ábalos habla desde la cárcel con un mensaje demoledor para el Gobierno. Lejos del arrepentimiento, se presenta como un sacrificado político, utilizado como chivo expiatorio para proteger al verdadero núcleo de poder del PSOE. Su tesis es clara: no todos los responsables están en el punto de mira judicial, ni mucho menos entre rejas.

“Solo se imputa al corrupto, no al corruptor”, insiste al referirse al caso Europa. Una anomalía que, a su juicio, demuestra que la instrucción no busca esclarecer la verdad, sino construir un culpable funcional que permita al Gobierno cerrar filas y pasar página.

Intocables dentro del Gobierno

El exministro no oculta su indignación al comprobar que otros miembros del Ejecutivo que participaron en decisiones similares siguen fuera del foco judicial. Cita directamente a Ángel Víctor Torres y a Fernando Grande-Marlaska en relación con el caso de las mascarillas, un asunto que él mismo minimiza, pero que ha servido para justificar su caída política y judicial.

Para Ábalos, la diferencia no es jurídica, sino política: unos eran prescindibles y otros siguen siendo imprescindibles para sostener el poder. El resultado, denuncia, es una justicia asimétrica que golpea siempre a los mismos.

Sánchez, el presidente que se protege a sí mismo

La ruptura con Pedro Sánchez es total. Ábalos dibuja a un presidente obsesionado con su imagen, cuidadoso hasta la paranoia para no dejar rastro escrito y dispuesto a dejar caer a quienes ya no le resultan útiles. Se burla de su “feminismo cool”, limitado a ministras y élites, y sugiere que el Sánchez privado dista mucho del que se exhibe como adalid del progresismo.

No habrá WhatsApps comprometidos del presidente, advierte, porque Sánchez nunca deja huella. “Si tiene algo que decir, lo hace paseando por los jardines de Moncloa”. El mensaje implícito es demoledor: el líder se protege, los demás pagan.

Un PSOE con demasiados secretos

El episodio con Santos Cerdán refuerza esa sensación de partido blindado por dentro. Ábalos relata una advertencia apenas disimulada: “¿Quiere que hablemos del PSOE?”. Lo que había detrás, según su versión, no era un asunto personal, sino problemas internos de “contabilidad creativa” en estructuras territoriales del partido.

Una frase que suena más a amenaza que a reproche ético y que confirma que el PSOE arrastra sombras que nadie quiere iluminar mientras el foco se concentra en un solo nombre.

Sin ingresos, sin apoyo y sin silencio

A sus 66 años, Ábalos afirma haber sido asfixiado económicamente. Sin sueldo de diputado y sin ingresos, mantiene el escaño porque renunciar sería regalar al PSOE un voto clave. Desde la cárcel escribe a mano, toma notas y prepara su defensa. No descarta un libro. Tampoco descarta hablar más.

El aviso final al Gobierno es inequívoco: Ábalos no se considera el final del problema, sino el principio de algo que el sanchismo no podrá controlar eternamente. Y en política, como en la justicia, los silencios solo duran mientras convienen.