análisis de jesús villegas

Meloni tropieza con la Justicia italiana y España queda en peor lugar

El Juez Villegas analiza la reforma impulsada por el Gobierno italiano reabre un debate decisivo sobre la independencia judicial y deja al descubierto una verdad incómoda: el modelo español sigue mucho más expuesto al control político.

La fallida reforma de la Justicia en Italia ha puesto el foco sobre una cuestión esencial: si conviene separar por completo las carreras de jueces y fiscales. Allí, a diferencia de España, ambos forman parte de la magistratura y ambos gozan de independencia.

Ese matiz lo cambia todo. Porque mientras en Italia los fiscales actúan con una posición institucional mucho más blindada, en España la Fiscalía se mueve dentro de una estructura jerárquica cuya cúspide depende del poder político. Y eso convierte cualquier debate sobre reformas judiciales en algo mucho más serio de lo que parece.

Lo que proponía Meloni

La propuesta de Meloni planteaba, entre otras cosas, separar las carreras judicial y fiscal y reorganizar los órganos de gobierno de ambos cuerpos. También abría la puerta a fórmulas de sorteo para designar parte de sus integrantes, con la intención declarada de combatir el llamado correntismo.

La idea puede tener elementos discutibles. Pero hay una conclusión evidente: cualquier cambio que debilite la independencia de fiscales y jueces es un error. Y más aún si se presenta como una mejora institucional.

El espejo español

El problema para España es que la comparación resulta demoledora. Aquí el Consejo General del Poder Judicial sigue marcado por el reparto político. Los partidos eligen, el órgano gobierna y los jueces quedan sometidos, al menos en parte, a una estructura contaminada por intereses ajenos a la función jurisdiccional.

Dicho de forma clara: en España la politización de la Justicia no es una sospecha, sino un problema estructural.

La gran trampa de la Fiscalía

Por eso resulta tan peligroso el discurso que insiste en entregar la investigación penal a los fiscales sin resolver antes su falta de independencia real. Se envuelve la propuesta en tecnicismos, pero el fondo es muy sencillo: se pretende que investigue el delito un órgano que mantiene conexiones con el poder.

Ahí está la madre del cordero.

La conclusión incómoda

Italia puede ser criticada por sus errores, por sus tensiones internas y por el sesgo político que rodea esta reforma. Pero al menos ha abierto el debate. En España, en cambio, las reformas judiciales se impulsan con frecuencia desde arriba, sin un verdadero consenso y con una preocupante normalidad ante la injerencia partidista.

La moraleja es tan incómoda como evidente: Meloni ha tropezado, sí, pero el verdadero escándalo sigue estando en casa.