ES DE LEY

Villegas desmonta la defensa de Zapatero por las joyas: “No son delito, pero sí una pista de la que tirar”

El juez analiza en ‘ES de Ley’ el hallazgo de joyas en una caja fuerte vinculada al expresidente dentro del caso Plus Ultra y advierte del daño devastador para la imagen de austeridad que el PSOE había construido en torno a él

El juez Jesús Villegas ha puesto el foco esta semana en uno de los asuntos más incómodos para el socialismo: las joyas de José Luis Rodríguez Zapatero. En su análisis en ES de Ley, el magistrado aborda el hallazgo de un auténtico “tesoro”, en palabras irónicas del propio Villegas, en el marco del procedimiento penal del caso Plus Ultra, donde el expresidente está siendo investigado por presunto tráfico de influencias, entre otros delitos.

Según expone Villegas, en un registro practicado en el despacho de Zapatero apareció una caja fuerte con joyas cuyo valor, a falta de un peritaje definitivo, se calcula en cientos de miles de euros. Un descubrimiento con una enorme carga simbólica para quien durante años fue presentado por el PSOE y su entorno como un ejemplo de austeridad, honradez e integridad.

El golpe, sostiene el juez, no es solo jurídico. Es también político y reputacional. Porque el hallazgo deja muy tocada la imagen de ese Zapatero convertido por algunos en una especie de “santo laico” al que se debía reverencia.

“La posesión de joyas no es delito”

Villegas arranca su análisis con una precisión fundamental: tener joyas no es delito. La posesión de joyas, por sí sola, no convierte a nadie en delincuente. El problema, explica, no está en las joyas como objeto, sino en lo que pueden representar dentro de una investigación penal.

Para el juez, esas joyas pueden ser una pista, un indicio, un hilo del que el instructor debe tirar. Y ahí utiliza una comparación muy gráfica: si en una casa aparece un cadáver apuñalado, nadie diría que el simple hallazgo carece de relevancia porque “tener un cadáver” no es exactamente el delito investigado inicialmente. Lo lógico sería investigar de dónde viene, qué significa y si conecta con una conducta criminal.

Con los delitos económicos, sostiene Villegas, ocurre algo parecido. El hallazgo patrimonial puede no ser delito por sí mismo, pero sí puede apuntar a un posible delito fiscal, a un pago, a una recompensa o a una conexión con los hechos investigados.

El “regalo” que todavía debe investigarse

Una de las claves del análisis es la explicación ofrecida por Zapatero: que esas joyas serían un regalo. Villegas no niega que pueda ser así, pero advierte de que esa es solo una hipótesis. Y además, recuerda algo básico: Zapatero está investigado, por lo que no tiene obligación de decir la verdad.

Por tanto, aceptar sin más su versión sería, a juicio del juez, una enorme ingenuidad. Si realmente fue un regalo ajeno al caso Plus Ultra, podría discutirse si debe investigarse en una causa separada. Pero si las joyas pudieron ser un pago o una recompensa por gestiones relacionadas con ese caso, entonces sí existiría una conexión directa y tendría sentido investigarlo dentro del mismo procedimiento.

El juez rechaza así las críticas que pretenden presentar la investigación de las joyas como una extralimitación del instructor. Para Villegas, todavía es pronto para separar piezas o dar por buena una explicación que procede del propio investigado.

La prescripción no borra la mancha

Villegas también se detiene en otro argumento que podría aparecer en la defensa: la prescripción. Si las joyas fueron entregadas hace muchos años, un eventual delito fiscal podría haber prescrito. Es decir, ya no podría perseguirse penalmente por el paso del tiempo.

Pero el magistrado hace una advertencia importante: que un delito haya prescrito no significa que no se haya cometido. Solo significa que ya no puede castigarse. Desde el punto de vista penal, puede cerrar una vía. Pero desde el punto de vista de la ejemplaridad pública, el daño ya está hecho.

Y ese es precisamente el punto más demoledor para Zapatero. Aunque finalmente no hubiera consecuencias penales por las joyas, el relato de austeridad queda profundamente tocado. Porque no es lo mismo predicar honradez y sencillez que aparecer vinculado a una caja fuerte con joyas de altísimo valor.

El culto a “San Zapatero”

El análisis de Villegas golpea también a quienes durante años han protegido políticamente al expresidente. El juez ironiza con el “culto a San Zapatero”, esa imagen casi sagrada que una parte del PSOE y de sus aliados mediáticos han construido en torno al exjefe del Ejecutivo.

El problema es que ese relato se viene abajo cuando aparecen preguntas incómodas: ¿de dónde salieron esas joyas? ¿Quién las regaló? ¿Por qué estaban ahí? ¿Se declararon correctamente? ¿Tienen relación con alguna gestión investigada? ¿Son simples obsequios o algo más?

Villegas no dicta sentencia, pero sí defiende que esas preguntas deben responderse en sede judicial. Y para eso, insiste, hacen falta jueces instructores que puedan investigar hasta el final.

Tirar del hilo hasta el final

El cierre del análisis enlaza con una de las grandes batallas de Villegas: la defensa del juez instructor. El magistrado recuerda que, mientras haya jueces investigando, existe la posibilidad real de descubrir la verdad. Y quizá por eso, apunta, algunos tienen tanto interés en acabar con la figura del juez instructor.

En el caso de las joyas de Zapatero, el mensaje es claro: no basta con decir que eran un regalo, ni con acusar al juez de mezclar asuntos distintos. La investigación debe avanzar, comprobar el origen de las joyas, valorar su posible conexión con Plus Ultra y determinar si existe o no relevancia penal.