23 de octubre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La pantomima llega a su fin: Sánchez pactará con los socios de moción de censura

 

 

Desde 2015, el PSOE de Pedro Sánchez ha pactado por acción u omisión casi todo con Podemos y, también, con los independentistas. Desde el Ayuntamiento de Madrid hasta la Comunidad de Castilla-La Mancha, hasta llegar al cénit de la moción de censura y, en el caso de Pablo Iglesias, los mismísimos Presupuestos Generales del Estado.

Sorprende que, con esa trayectoria mil veces negada y otras tantas confirmada, alguien haya pensado en serio que ahora, en unas circunstancias más favorables, no se iba a repetir la fórmula y cargara sobre los desalojados y la oposición poco menos que la obligación de investir presidente al mismo dirigente que exhibe ese currículo y ha hecho todo lo posible por sembrar la inestabilidad hasta llegar él al poder.

Todo ha sido una pantomima destinada a cargar en la oposición la responsabilidad de que, salvo sorpresa de última hora, España vaya a tener un Gobierno de coalición con el populismo sentado en el Consejo de Ministros y el separatismo como elemento decisivo para todo, a cambio de unas prebendas, acuerdos y condiciones que, a estas alturas, nadie conoce.

Opacidad y actuación

Si la fórmula de Gobierno no parece precisamente la mejor, la opacidad y la sobreactuación que la está precediendo supone un engaño para la ciudadanía y presagia una inquietante manera de trabajar: mientras se dice una cosa, sea sobre los impuestos o el conflicto territorial, tal vez esté en marcha otra en el sentido opuesto.

PP, Cs y Vox han de sacudirse de una vez sus complejos y actuar conjuntamente en algo que va a necesitar y mucho España: un contrapeso real

Sánchez seguramente tenía claro este objetivo desde el primer momento, en coherencia con su trayectoria previa, pero ha tratado de achicharrar a Ciudadanos adjudicándole la culpa del bloque de un pacto alternativo que jamás le ofreció. Y también de invalidar al PP, pidiéndole auxilio gratuito mientras pactaba con Bildu el abordaje de Navarra.

Para completar la estrategia, ha hecho que todos sus altavoces estigmaticen a Vox como un partido de la ultraderecha antisistema, descalificando de paso todo asomo de acuerdo entre PP y Cs que incluya el respaldo, de una forma u otra, del partido de Santiago Abascal.

Las peores alianzas

Es todo tan obvio y deplorable como exitoso, lo que indica el favorable ecosistema mediático, especialmente televisivo, en el que opera Sánchez: las peores alianzas se presentan como una consecuencia inevitable del bloqueo de terceros, a los que se intenta asfixiar para que no haya alternativa.

Precisamente por eso, PP, Cs y Vox han de sacudirse de una vez sus complejos y actuar conjuntamente en algo que va a necesitar y mucho España: un contrapeso real a un poder inestable constituido por un dirigente sin otro criterio que mantenerse en él y unos socios lamentables que defienden públicamente la destrucción de la España constitucional por distintas razones confluyentes.

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