Alzira, puente e isla del Júcar

Alzira contó con un puerto fluvial, pues en la Edad Media el río era navegable desde Cullera hasta Sumacàrcer . Además, el Júcar proporciona una importante defensa natural

En el siglo IX, afianzada la colonización islámica, el territorio valenciano conoció un período de notable desarrollo y progresión urbana, alcanzando unos niveles desconocidos desde la época romana. Nacieron y se consolidaron multitud de nuevas villas, entre ellas, Jazīrat Xuqar, la isla del Júcar, Alzira.

Edificada sobre un meandro estrangulado del río con forma de matraz en el centro de la actual comarca de la Ribera Alta, se erigió en el centro administrativo de un extenso distrito fiscal, desde la cual se captaban los impuestos extracoránicos (magārim). Estos gravaban multitud de productos y servicios, como el tiro de animales, el vino, etc. Su emplazamiento original coincide con el actual barrio alcireño de La Vila.

Su localización la convirtió rápidamente en una importante encrucijada de caminos, pues se hallaba situada en una posición intermedia entre las dos ciudades más importantes, Valencia y Xàtiva, y también entre la sierra y el mar.

Pero, sobre todo, su importancia estratégica radicaba en los puentes que permitían superar el Júcar (wādī Xuqar), el río más caudaloso. Este proporcionaba un notable potencial agropecuario al territorio circundante. Además, en la Edad Media, Alzira contó con un puerto fluvial, pues por aquel entonces el río era navegable desde Cullera hasta Sumacàrcer (Sumaqasr).

El comercio y manufactura de la madera, sacada de las sierras del interior, se convirtió en una de las actividades tradicionales de la villa, al calor de su alta demanda generada por el crecimiento urbano y las atarazanas califales en Cullera y Dénia. Los talleres se situaron alrededor de la actual Plaça del Pou.

Por supuesto, el río también proporcionó una poderosa defensa natural. Así la describió Miñana en su obra De bello rustico valentino (1752): «Magníficamente defendida por las características del terreno, porque se asienta en una isla del Xúquer, y está protegida por ambas partes por una corriente de agua bastante profunda, y después de quitar el puente, no queda ninguna posibilidad de penetrar».

A la villa solo podía accederse con barcas o puentes provisionales, lo que permitía su fácil aislamiento. Las autoridades municipales dictaminaban medidas que protegían su preciado caudal, creando un sistema de riego que aprovechaba cursos alternativos de agua y amortiguase así los efectos de la actividades agropecuarias sobre el nivel del río.

A la villa solo podía accederse con barcas o puentes provisionales, lo que permitía su fácil aislamiento.

Claudo regnum et adapaerio (Abro y Cierro el reino), la frase que se atribuye a Jaime I cuando la conquistó el 30 de diciembre de 1242, hace una clara alusión a la importancia estratégica de la villa, cuyo símbolo característico en su escudo municipal es una llave. Ya bajo dominio cristiano, se construyeron los puentes de piedra, con un acceso a la villa protegido por torres y puente levadizo.

La acumulación de sedimentos por las crecidas del río también obligó a construir una nueva muralla utilizando la árabe como cimiento, alcanzando los 2.000 metros de perímetro. La técnica de construcción se adaptó al peligro y a la fuerza de las inundaciones, al igual que los propios puentes. En tiempos de Felipe V se llegó a proyectar convertirla en una plaza de armas de primer orden, elaborándose dos proyectos que adaptaban sus murallas a la moderna arquitectura militar. Sin embargo, ninguno de ellos llegó a llevarse a cabo.

El paso de los siglos implicó una profunda transformación paisajística de su entorno. En el siglo XX Alzira perdió sus murallas, derribadas en casi tu totalidad, pero especialmente, su característica insularidad.

 * Doctor en Historia-UV. Dottore di ricerca-UniCa

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