La vida es sueño con sabor a mar y timo

Y allí en el País de Nunca Jamás que es maravilloso, y eres siempre un niño y no tienes que obedecer a nadie, resulta que estaba el Capitán Garfio disfrazado de ácrata de pacotilla

La vida es sueño es una obra de teatro de Pedro Calderón de la Barca estrenada en 1635 y perteneciente al movimiento literario del barroco. El tema central es la libertad del ser humano para configurar su vida, sin dejarse llevar por un supuesto destino.

Y uno que no siempre sueña, tuve uno la otra noche, que me dejó algo desconcertado. A Peter Pan lo invitaban a cenar a casa de unos amigos, y sin campanilla y sin poder elegir ni el menú, ni los invitados tenía que repartir platos y que dieran la opinión de los mismos. Y allí en el País de Nunca Jamás que es maravilloso, y eres siempre un niño y no tienes que obedecer a nadie, resulta que estaba el Capitán Garfio disfrazado de ácrata de pacotilla.

De la misma forma que en los 60 y 70 había mucho “hippy disfrazado” que luego demostraron ser más carcas que sus padres y que hoy en día están al frente de máquinas de hacer dinero, los ácratas de pacotilla pretenden darnos el pego de sus verdaderas intenciones con su garfio.

Y es que el disfraz de Garfio no se sustentaría en urnas ni en electores del País de Nunca Jamás, toda vez que vendría a ser un acuerdo de una camarilla de gentes que se apoderaron del sistema de poder, algunos durante décadas. Los que, a la sazón, son los que prueban los platos y mandan a quienes habrán de acatar los sabores que les gustan y no los de los cocineros que los elaboran, a los que se ofrece una limitada oferta de ingredientes para elaborarlos.

Y claro Garfio, que antes jugaba a los Reyes Magos con los que mandaban antes en el País de Nunca Jamás, mientras repartía caramelos y sonrisas a los niños, ahora borra el pasado, incluso el presente, que es lo único que vive Peter Pan, desde el respeto y la educación que ha compartido con su amiga Wendy, y tiene que batirse con Garfio, y de qué manera, pues quiere imponer sus intereses de grupo para un futuro siempre incierto.

Y seguía soñando en aquella mesa, donde dos niños buenos degustaban sus platos, tal y como les habían pedido los dueños de aquella casa, y allí junto a Garfio en el otro extremo, el listillo que se escucha a sí mismo, probando el menú, y sin barrer su casa, dando cucharadas de aquí para allá, vendiendo su cubertería que no le compran.

Y Peter Pan viajó al futuro de la socialización partidista que se ve barrida por el incremento ingente de las fuentes de información así como por la agudización de comportamientos individualistas. Los actores del futuro se encuentran, por tanto, inservibles como instrumentos de formación de una determinada conciencia colectiva para El País de Nunca Jamás.

Y el propio Garfio se hacía la foto del futuro, como los políticos del siglo XX, he ido aquí he ido allá, y mientras, utilizando a los milenials, que ninguno de ellos, se ha animado a competir en las urnas, ni se les ha animado a tomar las riendas de ese futuro sin tutelas, ya que la camarilla de Garfio son como los diques de contención para la expresión de las más urgentes y sustanciales demandas de la revolución tecnológica imparable, pues quedan en palabras, y no les dan la alternativa con todas las consecuencias, a los que las dominan de verdad, todos los nacidos en este siglo XXI.

Incluso Campanilla, se había puesto sus alas de progre, reivindicando el feminismo en aquella casa, donde la habían dejado volar, y no habían dado platos a probar a Wendy. Cuando resultó, que ese día ni Wendy había querido ir a escuchar y a aprender de los comensales sentados a la mesa.

Al final el sentido común lo puso, el que en el País de Nunca Jamás, tenía amigos en todas partes, que plantaban alegría e ilusión viviendo el presente, crecían y cada vez había más y más abundancia 387 comisiones con muchas aventuras y 46 con sabor a mar. De repente, desperté, menos mal, todo había sido un sueño, nada que ver con la realidad. Marsilio Ficino, astrólogo además de filósofo, decía que el sueño era una de las vías mediante las que podía accederse a la vacatio animae, un estado durante el cual el alma abandonaba temporalmente al cuerpo y, libre de ataduras, vagaba libre por las esferas superiores. 

Y claro ya de vuelta a la realidad, descubrí que la vida es sueño, y en una semana donde los telediarios nos dicen que van a conducir nuestras vidas los Picapiedra, Pedro y Pablo, que el futuro es el tronco móvil, que el pasado no existe, que ahora el 95 por ciento de los españoles que madrugamos, vamos a dormir muy bien, pues debemos de borrar lo que se dijo antes, incluso lo que hicieron antes. Menos mal que en mi caso la vida es sueño con sabor a mar, pues vivo cerca del mismo, aunque los que nos gobiernan el país, o en cualquier otra institución por pequeña que sea, algunos de ellos son un timo, y sólo quieren hablar de lo suyo verdad señor Torra.

Pues eso haremos caso al Capitán Garfio del sueño, borraremos el pasado y el presente y dormiremos muy bien pensando en el futuro que lo ha vislumbrado la nueva Wendy. Y claro como los Picapiedra gritaremos: ¡Yabba-Dabba Do! 

Ya saben que siempre les recomiendo escuchar a nuestro corazón, obrar el bien a los demás, y sentir estos lares marineros. Sean felices y nos vemos en la Valencia Marítima pero bien despiertos, ya que hoy si van al Grao tienen el Pregón del Cristo de la Concordia, si van al Cañamelar a las 19 horas en el Ateneo Marítimo las X Jornadas Corales Carmen Pallas y mañana en el Cabañal la procesión del Cristo del Salvador y del Amparo. Cuidado que este mundo terrenal hay mucho Capitán Garfio suelto.

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