20 de enero de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Sánchez vende literalmente a España por alcanzar de nuevo la Presidencia

El líder del PSOE sacrifica la España constitucional, tras mentir a los españoles antes de votar, para lograr de nuevo una presidencia indigna antes de arrancar.

 

 

Pedro Sánchez está a punto de rematar la escandalosa andadura que comenzó, en la primavera y el verano de 2018, llegando a La Moncloa con una impúdica moción de censura que triunfó, exclusivamente, por los votos combinados de todo el separatismo y del partido que, según sus propias palabras, pretendía imponer en España "un régimen chavista".

Con esos mismos votos se mantendrá en La Moncloa, en la víspera de Reyes o nada más pasar la Navidad, pero a un precio mucho más alto. Podemos e incorporará al Gobierno con una Vicepresidencia y tres o cuatro Ministerios.

A ERC le ha entregado el sometimiento de la justicia y la despenalización, casi ya completa, de su Golpe de Estado. A Bildu la ha legitimado en un ejercicio de desmemoria intolerable.

Y finalmente, tal vez lo más importante, firmado con el PNV pero en perfecta sintonía con todo lo anterior: "Adecuar la estructura del Estado al reconocimiento de las identidades territoriales, acordando, en su caso, las modificaciones legales necesarias, a fin de encontrar una solución tanto al contencioso en Cataluña como en la negociación y acuerdo del nuevo estatuto de la CAV (la comunidad autónoma vasca), atendiendo a los sentimientos nacionales de pertenencia".

Ni decente ni honesto

Seguramente hubiera sido muy criticable que el líder de un partido nacional defendiera todos esos acuerdos antes de acudir a unas Elecciones Generales, intentando convencer con ello al conjunto de los ciudadanos que esas recetas podían paliar o curar los insoportables conflictos territoriales que sufre una España ensimismada a la que el mundo, en constante avance, no va a esperar.

Pero al menos hubiera sido decente y honesto, pues permitiría al votante decidir si, efectivamente, confiaba en esos remedios o por contra los percibía como una manera de agravar la enfermedad. Pero es que Sánchez no solo escondió esos planes, sino que presumió de aplicar justo los opuestos antes de pasar por las urnas.

 

 

De Bildu dijo que jamás se entendería con un partido que calló o jaleó el asesinato de 900 personas y defiende la ruptura de la Constitución. A Podemos le arrinconó de toda coalición "porque el 95% de los españoles no dormirían" de meterlos en el Gobierno. 

Y al soberanismo catalán le advirtió con un 155 más duro que el inicia, con la misma contundencia con que exigió un endurecimiento del delito de rebelión en el Código Penal apenas días antes de pactar una moción de censura y comenzar el acoso al Tribunal Supremo.

Sánchez, aunque suene duro decirlo, ha mentido a los españoles y está vendiendo su Nación, sin ningún escrúpulo, negociando con los pilares del Estado hasta extremos increíbles para adaptarlo todo a sus necesidades personales. Que no pueda dar lo que está comprometiendo no significa que su mera aceptación constituya, en sí mismo, un acto de temeridad sin precedentes y que va a tener consecuencias inmediatas y al corto y largo plazo.

El bombero pirómano

Responder a esto no es sencillo: con un Parlamento atomizado y con la oposición dividida y en minoría y con la sensación de que los escudos esenciales, como el Tribunal Constitucional, también son objeto de una una campaña de usurpación política; los temores están justificados.

España es una gran Nación con un Estado fuerte, sin duda, y encontrará la manera de resistir a un desafío encabezado por quien debiera ser su primer apaciguador. Pero que no se tenga clara la respuesta a este abuso, describe a la perfección su dimensión. El teórico bombero es un peligroso pirómano, y no hay fuego que le parezca suficiente.

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