¿Por qué nadie se atreve a ser Canal 9?

Lo mejor de todo es que, aunque la pintan calva, esta oportunidad no se ha ido todavía a ningún sitio.

Desde que dimos cerrojazo a nuestra televisión pública por bancarrota, nadie se ha atrevido a coger su relevo. Dicen que es una cuestión de medios, pero yo creo que es una cuestión de huevos y de ovarios; de programar unos contenidos dignos, producidos, dirigidos y realizados, por profesionales que los favorezcan y nos hagan disfrutar a todos un rato.

Cuando digo Canal 9 no me refiero a su despilfarro, ni a su compra desmesurada de producción externa. Tampoco a su irresponsabilidad periodística de no velar por nuestro derecho a la información. Hablo del canal que un día nos entretuvo e informó de cerca.

Mediterráneo TV -llamarle Canal 8, como que me cuesta- lo ha tenido en bandeja, pero sus miras han sido muy cortas. Y no hablo de líneas editoriales, sino de posicionamientos éticos-morales y de pasta -que lastra bastante más que la política de un medio-. 

Este canal, con su emisión autonómica podía haberle dicho a la audiencia tras el apagón: “todos quietos delante del televisor, que voy a daros lo que necesitáis y no os va a costar ni un duro de la butxaca”. Pero no, ahí se quedó mirando pasar a la oportunidad.

Y lo mejor de todo es que, aunque la pintan calva, esta oportunidad no se ha ido todavía a ningún sitio. Si todavía, alguna de las televisiones valencianas verdaderamente quiere, está a tiempo. Porque À Punt dista tanto de lo que nos parecía que era nuestra tele, en estos momentos, que igual es más fácil recoger a la audiencia despagada que ya consumía contenidos e información autonómica, que conseguir telespectadores que nunca lo hicieron.

Pero no hay narices. No se atreven a sacar la chequera y arrasar con la tarta publicitaria. Eso sería tomarse una televisión en serio. De momento parece que prefieren vender espacios, alquilar franjas como el que alquila un trastero y seguir tirando.

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