Menores y tauromaquia: normalización de la violencia

Siento una gran tristeza cuando veo a los chavales en la plaza, con espada en mano y expresión arrogante mientras clavan todo tipo de objetos punzantes en el animal, sin un mínimo de empatía

En estos momentos siento rabia, impotencia y dolor. 

Acabo de visionar documentación gráfica sobre las clases prácticas del certamen de escuelas taurinas que organiza la Diputación de Valencia y que han tenido lugar estos dos últimos fines de semana en Valencia. 

Para quién no lo sepa, la Diputación de Valencia, además de tener un diputado de asuntos taurinos (el propio presidente de la Diputación), un museo taurino y gestionar la plaza de toros, tiene una escuela pública de tauromaquia, donde se enseña a menores a torturar animales. 

Parece increíble. Estamos en la tercera capital de un país europeo que quiere considerarse moderno…pero aún estamos así, sin terminar de desprendernos de aquello que nos liga a lo más siniestro, perverso y cruel de la condición humana…utilizar a otros, a quienes consideramos inferiores, para provocarles daño, humillarles y hacer de ello un modo de diversión. 

Viendo estos vídeos, no soy capaz de entender cómo hay todavía quien no siente vergüenza al tratar de equiparar la tauromaquia con la verdadera cultura, cómo se puede disfrazar de baile entre el toro y su verdugo y quién se cree que consiste en un duelo entre iguales. 

Ni siquiera puedo creer que alguien sea capaz de evadirse del sufrimiento del animal y no verlo. 

La ONU nos ha advertido de lo peligroso para el desarrollo mental de los menores de su exposición a la tauromaquia, tanto como espectadores como cuando participan directamente en ella, como ocurre en las escuelas taurinas. 

La ley autonómica de protección de la infancia y adolescencia restringe la entrada y participación de menores en espectáculos en que se maltrate animales. 

Si tan claro tenemos que la normalización de la violencia es nociva para nuestros menores y puede tener repercusiones en su desarrollo intelectual, ¿por qué no les protegemos? ¿por qué no les alejamos de la tauromaquia? 

Siento una gran tristeza cuando veo a los chavales en la plaza, con espada en mano y expresión arrogante mientras clavan todo tipo de objetos punzantes una y otra vez en el cuerpo maltrecho de un animal, por el que no sienten ni un ápice de empatía.  

Y una gran preocupación…qué mensaje más poderoso les estamos incrustando en el cerebro…eres superior, tienes derecho a machacarlo, debes sentirte orgulloso. 

Cada vez que veo escenas tan dantescas como estas me pregunto cómo es posible no sentir cada una de las punzadas que atraviesan la piel del animal, una y otra vez, que rasgan sus músculos y tendones, que trocean sus órganos.  

Cómo es posible no escuchar sus gritos de dolor, chillidos que piden auxilio, que preguntan por qué, por qué le hacen daño, a él, que ni siquiera quiere estar ahí, solo, sin posibilidad de escapar, rodeado de humanos que le increpan, le hacen daño y le provocan un dolor insoportable. Pero nadie le ayuda. Ahí dentro no tiene ni un solo amigo. Los humanos que le rodean, le miran con chulería y desprecio. Más, cuanto mayor es su sufrimiento. 

Cómo es posible no perder un trozo de alma, cuando la sangre le ahoga, cuando brota de su piel, de su boca y de su garganta a borbotones, cuando ha perdido tanta, que apenas puede moverse, cuando a su mirada no le queda casi brillo, cuando el dolor, el cansancio y la falta de esperanza han superado al miedo, cuando su cuerpo se deja caer en la arena y cuando sus ojos, en un lugar ya muy lejano, sólo piden compasión, sólo piden que acabe de una vez su tormento, y poder ser al fin libre. 

La respuesta es sencilla cuando esto se asume con naturalidad, como algo “normal”. 

Y pienso también en que estos alumnos ya son los “aventajados”, pese a que deben clavar una y otra vez la espada hasta que aciertan. ¿Qué no les harán a los toros a puerta cerrada? ¿Qué no les harán cuando ensayan las primeras veces? ¿Cuánta tortura indescriptible hasta que aprenden a “matar” bien? 

Terrible saber que en lugar de favorecer un desarrollo emocional basado en la empatía, que favorezca la creatividad, y ponga a su disposición herramientas que les permita ser la ciudadanía que en un futuro, no muy lejano, trabaje por una convivencia en paz, con respeto y tolerancia, se les adoctrine en la normalización de comportamientos violentos y se les condene a la frustración. Porque, por mucho que a algunos les pese, la tauromaquia tiene los días contados. No sé cuántas víctimas, de todo tipo, quedarán por el camino hasta que ese momento llegue. Pero llegará.

Estamos ya en la cuenta atrás. 

 *Coordinadora de PACMA en Valencia

 

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